Lo que de mítico puede gravitar sobre una novela

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 21-05-2013

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Durante la conversación con Mario Vargas Llosa en un restaurante de Sofía, Bulgaria, 17 de mayo de 2013.
Foto: Carmen Herrera Nolorve

 

Los inicios

 

TENÍA YO 15 AÑOS y había publicado ya mi primer cuento, horroroso cuento, en un horroroso pero entrañable boletín en Santiago de Cuba, cuando la bibliotecaria de mi escuela (la Vocacional de Ciencias Exactas Antonio Maceo) me dijo que a mí, su mejor lector, podía darme a leer unos libros que me ayudarían mucho. Creo que sus palabras fueron: “son libros imprescindibles para quien quiera ser escritor”, y me entregó, camuflados con forros de hojas del periódico Granma, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, un librillo titulado Los jefes, otro libro gordo, de relatos latinoamericanos, publicado por Casa de las Américas, donde me había marcado como “de obligada lectura” tres relatos: “Aura”, de Carlos Fuentes, “El perseguidor”, de Julio Cortázar y “Los cachorros”, de Vargas Llosa, y un tercer libro, este forrado de amarillo chillón: Conversación en La Catedral, leí al hojearlo ese fin de semana, en la intimidad de mi cuarto, pues ésa había sido una de las dos condiciones para aquel préstamo: “te los llevas a la casa cuando salgas de pase y los lees allá, donde nadie pueda ver lo que te he dado”.

– Será un secreto entre tú y yo – susurró casi en mi oreja la segunda de las condiciones –. Son libros prohibidos.

Así fue, con el delicioso placer con el que siempre nos zambullimos a gozar de lo prohibido, como el joven escritor que yo era entonces descubrió en los cuentos de Los Jefes, del escritor peruano Mario Vargas Llosa, resonancias muy cercanas a mi vida de escolar en el lejano pueblito de Holguín llamado también Antonio Maceo; señales coincidentes que me hicieron ver que podía contar también esas historias de mi infancia que yo creía aburridas y tontas. Una semana después, tras la lectura de Los cachorros, impactado por el universo de Pichulita Cuéllar, ese muchacho a quien un perro le había zampado “la pichula”,  me dije que sería escritor el día que lograra concebir algo tan fabuloso como aquello. Y luego de acabar la última página de Conversación en La Catedral, estremecido hasta en mi sombra, me dije, derrotado, que jamás sería escritor pues no lograría ni acercarme a un prodigio de humanismo y dominio del idioma como aquel. Tardaría mucho en superar ese trauma.

Nacía así, bajo el influjo de estas tres obras: Los Jefes, Los cachorros y Conversación en La Catedral, una afición casi convertida en fanatismo por aquel peruano que escribía tan maravillosamente, de modo que, gracias a la biblioteca personal del escritor Eduardo Heras León y del ensayista Ricardo Repilado, entre otros, tuve acceso a todo ese mundo narrativo que, confieso, junto a la novelística de Erskine Caldwell y a la cuentística de Juan Rulfo y Hemingway, conformaron los cimientos del escritor que fui y que soy.

Por eso, siempre que me hacen la pregunta: ¿qué relación existe entre Las palabras y los muertos y Mario Vargas Llosa como para que le hayas dedicado la novela? sonrío pensando que, con toda seguridad, es una de esas cosas míticas que suelen gravitar sobre algunas obras.

Justo este fin de semana, en Bulgaria, estudiantes y profesores de la Universidad San Clemente de Ohrid han vuelto a hacerme esa pregunta. Y esta vez he tenido que responder más a fondo, y he dicho que no existiría Las palabras y los muertos sin Vargas Llosa. Así de simple.

 

 

¿Cómo se gestó la novela?

 

Soy un coleccionista rabioso, enfermizo. Un coleccionista de historias. Puedo jactarme de que en mis archivos, a lo largo de más de veinte años, he ido guardando los chistes del más jodedor de los cubanos: Pepito, llegando a tener actualmente más de seis mil versiones de esos chistes que los cubanos nos pasamos de boca en boca desde que nacemos.

Lo mismo he hecho con las historias de nuestro país. Durante casi cinco años, entre 1997 y el 2002, mi vicio de coleccionista se concentró en parar la oreja para escuchar esas versiones que sobre la historia suelen circular en los bajos fondos de la isla, entre esos que suelen ser llamados “cubanos de a pie”. Y así, por ejemplo, llegué a tener más de veinte versiones sobre la muerte de Camilo Cienfuegos, otras tantas sobre el fusilamiento del general Ochoa, y muchas versiones sobre hechos tan “invisibles” para el pueblo como las sucias y turbulentas relaciones entre los protagonistas del poder político, sus vínculos con otros poderes de la región y del mundo, sus cuitas íntimas…, en fin, un mundo de historias que escuché a ese viejecito de pantalón verdeolivo que aseguraba haber sido testigo de una bronca entre Fidel Castro y Eloy Gutiérrez Menoyo, o a una mulatica que juraba haber escuchado al hijo de Ochoa decir que su padre estaba vivo, o a un marino mercante de Cojímar que se jactaba de haber estado en Panamá cuando el mítico Barbarroja se encontró con el capo colombiano Pablo Escobar.

No me importaba la veracidad de esas historias. Me importaba la historia misma, me interesaba recoger la voz del pueblo interpretando la Historia, así con mayúsculas, terreno que, como se sabe, en Cuba sólo puede ser pisado por los historiadores oficiales para hacernos ver las variantes de esa Historia que conviene a quienes nos han gobernado, siguiendo muy fielmente aquella vieja máxima: “la Historia la escriben los vencedores”. No era por eso la historia oficial, ésa que se publicaba en los libros de historia o en la prensa. Tampoco era la historia que contaban algunos participantes directos de esos momentos históricos que habían sido excluidos por sus posiciones contrarias a los que monopolizaban el poder político. Era un modo muy íntimo, muy silencioso, de explicar los sucesos ocurridos en Cuba en los últimos años; sucesos usualmente marcados por la desinformación y por la manipulación de la verdad: el pueblo intentaba buscar la verdad en base a lo que creía pudo haber pasado y así, ficcionando, reconstruía la historia.

Una tarde de febrero del 2002 recibí en mi casa a mi inolvidable amigo, el escritor Guillermo Vidal. Lo vi sentarse en mi máquina a revisar uno de sus textos que leería esa tarde en una actividad a la que había sido invitado y, obviamente atraído por la carpeta que en el escritorio de mi computadora ponía “Historias callejeras”, se puso a leer algunos de aquellos apuntes.

– ¿Te diste cuenta de que eso es una novela empingada? – me dijo, utilizando esa gracia ligera, natural con la que él convertía en original algo tan grosero como esa palabreja.

– Es sólo un vicio, Guille – le respondí, sin creer en la seriedad con la que me había dicho aquellas palabras –. Eso no tiene ni pies ni cabeza, puro coleccionismo.

Pero esa misma noche, tentado porque Guillermo pocas veces se equivocaba en las cosas que me decía, comencé a organizar aquellas historias. Del modo más simple. En orden cronológico. En un trabajo que, aunque al inicio creí pesado, agotador, se me hizo fácil y apasionante porque Guille tenía razón: una novela se armaba delante de mis ojos. Y cuando un par de semanas después terminé de organizar aquellas miles de anécdotas descubrí que todas gravitaban alrededor de un personaje: Fidel Castro. Y eso me llevó a entender, por primera vez, algo que el también escritor Justo Vasco me comentara años después, cuando le puse la novela aún inédita en sus manos: “aunque los cubanos nos resistamos a aceptarlo, nuestras vidas han girado a la fuerza en torno a ese cabrón, y ni siquiera los que hemos salido al exilio nos libramos de ese yugo; la prueba está ahí: seguimos creyendo que la única salida para Cuba es la muerte de Fidel”.

Debo confesarlo, nunca quise emprender el proceso de escritura de una novela con aquellos datos por una razón esencial: tenía miedo. Un miedo literario. Y un miedo físico. Apoyado ese miedo en tres clarísimas razones: la primera, porque no sabía cómo colocar en una novela la personalidad de Fidel y las circunstancias históricas en las que había transcurrido su vida; la segunda, porque no me atrevía a lanzarme contra una de las prohibiciones oficiales impuestas a la creación literaria en Cuba: “¡cuidado con la forma en que se escribe de los símbolos patrios y los dirigentes de la Revolución!”; y la tercera, porque no tenía idea de cómo encarar una novela histórica cuya trama todavía estaba sucediendo.

 

 

La ruptura de los miedos

 

Encontraría una cura para esos miedos precisamente gracias a Mario Vargas Llosa, con quien coincidí por primera vez en Santo Domingo, República Dominicana, presentando él su fabulosa La fiesta del Chivo y yo mi imperfecto libro de cuentos Manuscritos del muerto, durante la Feria Internacional del Libro del año 2000.

– Como sé que no tienes plata para comprarlos, acepta estos libros de regalo – me dijo mi amigo, el escritor y político dominicano Marino Berigüete.

Recuerdo que me entregó una antología de cuentos de Juan Bosch, la novela Los carpinteros de Joaquín Balaguer (comprados en librerías de viejos a las cuales me hizo entrar mientras buscaba aquellos libros) y un ejemplar de La fiesta del chivo, que acababa de comprar en un stand de la feria.

Esa misma tarde, de vuelta al hotel, comencé la lectura de La fiesta del Chivo y me es imposible olvidar que, mientras las páginas pasaban ante mis ojos, sentí que dentro de mí se iba configurando el universo de la novela que yo quería escribir. Fue tal el impacto en mí de La fiesta del Chivo que echó por tierra todos esos obstáculos mentales, todo ese miedo que hasta entonces me había paralizado.

Ya en el avión, de regreso a Cuba, sin poder apartar mi mente de las historias de mi novela, que flotaban en mi cabeza con la misma tozudez luminosa con la que flotaban esas nubes al otro lado de la ventanilla, me vinieron, en palabras exactas, el primer párrafo de lo que sería Las palabras y los muertos. Y a falta de papel, lo escribí en una de las páginas en blanco del inicio de la novela que también me había regalado mi amigo Marino Berigüete: Los carpinteros, de Joaquín Balaguer, como se sabe, casualmente, uno de los protagonistas de La fiesta del Chivo. Allí, en mi biblioteca de La Habana, en tinta verde, está ese libro con esas primeras palabras:

Fidel ha muerto, dice la hoja impresa que ha dejado uno de los asesores sobre uno de los burós de la oficina. Afuera, la ciudad parece mirar al Cristo que, desde el otro lado de la bahía, la bendice, y por la Plaza de la Revolución comienzan a transitar autos mañaneros, todavía con los faros encendidos y el cuidado de quien maneja entre las brumas de la noche, que ya se esfuma bajo los primeros fulgores del sol.

Aunque había hecho un croquis y un esbozo de algunos capítulos de la novela el 8 de enero del 2000, ése es el inicio real de Las palabras y los muertos: 5 de mayo del 2000, proceso que terminé en la última versión del 12 de octubre del 2005, nueve meses antes de que Fidel Castro cediera el poder a su hermano Raúl, quizás el más siniestro de los protagonistas mi novela.

En todo el tiempo que duró la escritura (inicialmente se titulaba A la sombra de Dios) solamente me atreví a dársela a leer a tres personas: el primero, mi amigo poeta y narrador Nelton Pérez (quien me confesó que pasó días torturado con la realidad que le impuso la lectura del primer capítulo), mi querido hermano el novelista Guillermo Vidal (quien me dijo que se arrepentía de haberme sugerido meterme en una empresa así, pues aseguraba que yo estaba definitivamente loco aunque le auguró un gran futuro a la novela de la que leyó cinco fragmentos aislados) y el también escritor y periodista Armando León Viera, que la leyó completa y me ayudó en una de sus primeras revisiones totales a mediados del 2005. Y una vez terminada se la envié a Justo Vasco, en España: “esa novela no es sólo un suicidio literario, querido Amir, es un suicidio físico”, me escribió.

Esas circunstancias que unían la existencia de la novela al influjo intelectual de Mario Vargas Llosa terminaron de cerrarse cuando, invitado por unos meses en la que fuera Casa de Campo del premio Nobel alemán Heinrich Böll, consulté una revista literaria en internet y vi allí la convocatoria al Premio Internacional de Novela Mario Vargas Llosa.

– Tú tienes la novela para ese premio – me dijo mi esposa.

Y así fue.

La envié y, por unanimidad, obtuvo ese galardón.

Tendría que escribir otro artículo para contar todas las peripecias y locuras que hizo mi amigo, el escritor Ladislao Aguado, para entregarle personalmente una copia de la novela, impresa en computadora, a Mario Vargas Llosa, en un evento político en Madrid.  O para contar todos los avatares que permitieron que la editorial Seix Barral la publicara poco después. Y hasta podría dedicarle un largo espacio a esa sensación de terror ante la espera por la opinión del maestro que sufrí durante casi un año desde que recibí una carta de Vargas Llosa donde me decía que tenía su agenda muy apretada pero prometía encontrar un tiempo para leer mi libro. O decir que recibir otra carta donde elogiaba mi novela ha sido uno de los más grandes premios literarios que he recibido hasta hoy. O añadir que, hace unas pocas semanas, la también Premio Nobel de Literatura 2009, Herta Müller, también me escribió elogiando esa novela.

Pero prefiero cerrar ese círculo mítico que une a mi novela con Mario Vargas Llosa diciendo que la semana pasada, cuando coincidimos durante la toma de posesión del título de Doctor Honoris Causa que le entregaba la Universidad San Clemente de Ohrid, en Sofia, Bulgaria, conversamos larga, familiarmente, con la complicidad de los viejos amigos y pude contarle lo que sentí años atrás, aquel día en que aquella bibliotecaria, de cuyo nombre no logro acordarme, puso en mis manos esos libros prohibidos de ese peruano llamado Mario Vargas Llosa que, al notar cuán difícil me era encontrar las palabras, nervioso como estaba al principio de nuestra charla en un restaurante en Sofia, me dijo, sonriendo, también con timidez: “llámame Mario”. Y entonces pude hablar.

 

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Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010 sobre Las palabras y los muertos.

Madrid, 27 de noviembre de 2007

vargas-llosa-2013Querido Amir:

Por fin puedo escribirte estas líneas -creo que podemos tutearnos a la española para agradecerte nuevamente Los palabras y los muertos que por fin he podido leer entre maletas, aviones y desplazamientos frenéticos. La novela es excelente y me siento honradísimo por tu generosa dedicatoria, Como sabes de sobra, todo lo que toca a Cuba me afecta de manera muy especial. Mucho temía que, al escribir sobre un tema que te toca tan de cerca, tu novela fuera un ensayo político disfrazado de ficción. Afortunadamente, no es nada de eso. La historia interesa por sí misma y de ella transpira, como en las mejores novelas comprometidas, una visión crítica que es ética y cultural antes que política. Se lee con interés, expectativa y, por momentos, con un humor que descarga la insoportable y opresiva tensión.

Felicidades, espero que tengas los muchos lectores que mereces  Y espero que nuestros destinos se crucen alguna vez, ojalá en la querida Cuba y si no, en cualquier otra parte.

Recibe un cordial abrazo de

Mario Vargas Llosa

 

*****

 

Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009 sobre Las palabras y los muertos.

Berlín, 07.03.2013

muller_hertaQuerido Amir,

he tenido durante mucho tiempo una conciencia culpable porque todavía no había podido darle las gracias por su hermosa novela “Las palabras y los muertos.” Así que gracias por esa mirada sobre Cuba, que por desgracia todavía no está en el final de la dictadura. Me puedo imaginar cómo se siente. Cuando vivía en Rumania, también tuve la sensación de desesperanza que hay en su novela.

Con mis mejores deseos

Herta Müller

 

Un estúpido crimen contra la memoria

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 19-03-2013

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Guadalajara 2002 – Fondo: mural de Ramón Alejandro.

Le Monde destruye los archivos fotográficos
de Daniel Mordzinski

 

“Si Daniel no te ha retratado, no eres escritor, vamos”, me dijo en Guadalajara 2002 el pintor cubano Ramón Alejandro, invitándome a que posara junto a mis amigos, los también escritores Guillermo Vidal y Antonio José Ponte, frente a un mural de una de sus maravillosas, y únicas, ensoñaciones pictóricas (ya sabemos, porque más que pinturas son mundos, ensoñaciones). Y luego allí, con una inmensa papaya “ramónalejandrina” a mis espaldas, me metí en la panza, bajo la camisa, los libros que traía en la mano y lo dejé tomar, muerto yo de la risa, la que sería mi primera imagen personal para sus archivos. Leer el resto de esta entrada »

Las amputaciones de una vida

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 13-03-2013

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Sobre la novela Habana-Madrid,
de Rodolfo Pérez Valero

 

Recuerdo a mi madre regalándome la novela No es tiempo de ceremonias, de Rodolfo Pérez Valero. Y así como a ella y a mi padre, maestros, debo el hábito temprano de la lectura, costumbre enfermiza que no he podido (ni querido) erradicar, también fue ella la culpable de que durante varios años compitiéramos por comprar y armar una inmensa biblioteca familiar con buena parte de la inmensa cantidad de títulos policíacos que se publicaban en Cuba en las décadas del 70 y el 80. Leer el resto de esta entrada »

Elogio de la decencia

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 11-03-2013

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Dossier intelectual de apoyo
a Ángel Santiesteban

 

Han sido muchos los escritores y artistas cubanos y extranjeros que, en los últimos meses, se han pronunciado en sus países de residencia o de origen contra el juicio político urdido en La Habana contra el escritor Ángel Santiesteban.

Como hemos dicho, se ha intentando disfrazar este matiz político detrás de una burda acusación de un supuesto delito común. Esa sucia estrategia de la dictadura no ha tenido ningún efecto, y con las pruebas en la mano de todas las irregularidades de este juicio amañado, hemos convencido a numerosas instituciones internacionales y a importantes figuras de la intelectualidad internacional para que se pronuencien contra esta injusticia que tiene un sólo objetivo: aplastar y acallar la voz del único escritor en la isla que cuenta con reconocimiento internacional como para que sus críticas contra el régimen cubano tengan un gran peso.

Conocedores de que esa batalla la tienen perdida, instituciones y creadores al servicio del gobierno, han cambiado de estrategia: ahora quieren aprovecharse de la desinformación que siempre existe en la isla, para engañar a los propios intelectuales y escritores y conminarlos a pronunciarse contra Ángel Santiesteban. Nuevamente, como en otros períodos de nuestra historia cultural, el arma empleada por los dictadores es dividirnos manipulando a su conveniencia las diferencias promocionales, personales y de otra índole existentes siempre en el mundo de las artes y la cultura, y teniendo a su favor el monopolio del control de la información que llega a la isla.

Este dossier recoge muchos de los escritos que han publicado prestigiosos intelectuales cubanos de la isla y el exilio sobre el sucio proceso y condena de cinco años que la supuestamente “imparcial” justicia socialista cubana preparó contra Ángel Santiesteban. Ofrece también los nombres de numerosos intelectuales cubanos y de todo el mundo que apoyan a Ángel.

Es un material que debe circular dentro de Cuba. A todo aquel que descargue este material, le pedimos que no lo guarde para su consumo: ¡hágalo circular entre sus contactos dentro de Cuba! Que llegue a todos esos escritores que necesitan conocer esta sucia maniobra contra un colega. Distribuir este material dentro de Cuba es un modo seguro de tapar una de las muchas grietas en ese muro de división que han levantado para dividirnos.

Descargue aquí: Elogio de la decencia – Dossier de apoyo intelectual al escritor Ángel Santiesteban

Una vergonzosa puñalada en la espalda

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 09-03-2013

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Él escritor Ángel Santiesteban Prats y su hijo Eduardo Ángel hace unos años.

La estrategia de la UNEAC
y ciertos escritores “desinformados”
contra Ángel Santiesteban.

 

Otra vergüenza más cae sobre la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Esta vez, la vergüenza es un ataque sucio, manipulador y desleal contra Ángel Santiesteban.

Lo he leído en el blog La isla desconocida, del ensayista y periodista cubano Enrique Ubieta y aparece firmado en principio por ocho mujeres, entre las que se encuentran algunas escritoras a las que admiro por su obra. Pero más que esas firmas llama mi atención que aprovechándose de la acusación contra Ángel Santiesteban hagan un llamado a luchar contra la violencia contra las mujeres e inicien con este artículo (bochornosamente manipulador) una campaña de recogida de firmas.

Es, en definitiva, otro paso más en la campaña de criminalización de Ángel Santiesteban. Leer el resto de esta entrada »

CRONOLOGÍA GENERAL DE UNA INFAMIA

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 06-03-2013

Ángel y su hijo Eduardo Ángel Santiesteban, a quien intentaron presionar para que inculpara a su padre.

Ángel y su hijo Eduardo Ángel Santiesteban, a quien intentaron presionar para que inculpara a su padre.

 

Segunda Parte

 

II.- La telaraña judicial de la infamia

 

 

Falsas evidencias

 

El 29 de julio de 2009 Ángel Santiesteban es detenido, acusado de haber violado a su ex esposa, Kenia Rodríguez,  de la que lleva separado 4 años y quien ya vive con un miembro del Ministerio del Interior. Se demuestra que Ángel no estaba allí y ella se niega al reconocimiento médico necesario para validar la denuncia.

Una nueva denuncia de la ex esposa, Kenia Rodríguez: se le acusa esta vez  por robo de joyas familiares. Pero se niega a reconocer las joyas en fotos y la denuncia queda sin efecto.

Otra nueva denuncia de la ex esposa, Kenia Rodríguez: ahora por robo de dinero en varios tipos de monedas. Ángel Santiesteban demuestra que tampoco se encontraba en el lugar de los hechos. Ella no ofrece pruebas y la denuncia también se desestima.

Un mes después Ángel Santiesteban coincide en lugar cercano (60 metros) de donde se encontraba su ex esposa Kenia Rodríguez  y es acusado de asedio, pero esta vez la denuncia no es aceptada. Leer el resto de esta entrada »

CRONOLOGÍA GENERAL DE UNA INFAMIA

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 04-03-2013

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Primera parte

 

El reconocido escritor cubano Ángel Santiesteban Prats ha sido condenado a cinco años de privación de libertad por escribir contra el régimen dictatorial cubano desde su blog “Los hijos que nadie quiso”. La noticia hoy recorre el mundo.

Como parte de la estrategia de represión solapada, practicada por la policía política cubana desde la llegada de Raúl Castro al poder, se intenta criminalizar a este opositor acusándolo de delitos comunes que la defensa ha probado no cometió.

Lo más notorio y vergonzoso de esta injusticia es la intromisión de la policía política en el ámbito procesal y judicial, demostrando una vez más que los gobernantes cubanos operan como dictadores imponiendo sus designios políticos a todos los poderes de la sociedad. Las numerosas violaciones que arroja el caso tramado contra Ángel Santiesteban Prats demuestran claramente que en Cuba no existe desde hace 54 años la separación de poderes, necesaria en cualquier sociedad realmente democrática.

Condenado injustamente, Ángel Santiesteban exige un nuevo proceso judicial, en el cual se respeten todas las garantías legales y sin la intromisión de la policía política cubana, como sucedió en el juicio por el que cumple su actual condena. Leer el resto de esta entrada »

Cuba doesn’t matter, or we still can’t cry victory… yet

Publicado por Amir Valle | Publicado en Política cubana | Publicado el 25-02-2013

Yoanis Sánchez sale de Cuba .- Foto AFP

Yoani Sanchez leaves Cuba. AFP Photo.

Translated by Regina Anavy

I’m sorry….I can’t cry victory only because (finally!) Yoani Sánchez, Eliécer Ávila, Rosa María Payá  and others who, of course, will do it in the next months, now can travel without the humiliating exit permit. I read that many people are happy and sing victory and sentences abound like, “We won this battle,” and “We kicked the Castros’ ass.” “Now with freedom to enter and leave the island, the opposition can launch a strong campaign from the Exterior.” ….even when all these and other “changes” are pure face makeup, more than ever, for the convenience of the regime in Havana. Leer el resto de esta entrada »

Cuba no importa o no cantemos victoria… todavía

Publicado por Amir Valle | Publicado en Política cubana | Publicado el 18-02-2013

Yoanis Sánchez sale de Cuba .- Foto AFP

Yoanis Sánchez sale de Cuba .- Foto AFP

Lo siento… no puedo cantar victoria sólo porque (¡¡¡al fin!!!) Yoanis Sánchez, Eliécer Ávila, Rosa María Payá y otros que, seguro, lo harán en los próximos meses, ya pueden viajar sin el humillante permiso de salida. Leo que mucha gente se alegra y canta victoria y abundan frases como: “vencimos esta batalla”, “le dimos una patada en el c… a los Castro”, “ahora, en libertad para entrar y salir de la isla, la oposición puede hacer una fuerte campaña en el exterior”…aún cuando todos estos y otros “cambios” son puro maquillaje que convienen más que nunca antes al régimen de La Habana.

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¿Dónde estáis Caballeros (¿gallardos?)?

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 30-01-2013

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Ángel Santiesteban va a la cárcel. Así de simple.

El sistema judicial cubano demuestra, una vez más, que no existe justicia para quienes piensan distinto a Raúl Castro que claramente pretende convertirse en dictador a lo chino, es decir, combinando engañosamente supuestas reformas económicas y sociales con mayor represión. Los tontos, estúpidos e ilusos de buena y mala fe que tanto abundan en nuestro mundo abrirán sus bocas asombradas ante las “reformas” y callarán, una vez más, ante la represión.

Ángel Santiesteban va a la cárcel y nadie dice nada. En internet circulan todas las pruebas que demuestran su inocencia, todos los videos donde los testigos confiesan que han sido forzados a declarar contra Ángel, a mentir para crearle al escritor una imagen de delincuente. Y hasta este momento no he visto a ninguno de los intelectuales que se proclaman adalides de la justicia pronunciarse públicamente contra una maniobra tan sucia, tan rastrera. Sus nombres no aparecen ni siquiera comentando los numerosos artículos de defensa que otras personas han publicado en estos días, desde que el sistema judicial cubano condenara a este destacado escritor a cinco años de cárcel. Leer el resto de esta entrada »