La intolerancia y otras grisuras de espíritu

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 23-10-2014

Día de otoño en Berlín desde mi ventana - Foto: Amir Valle

Día de otoño en Berlín desde mi ventana – Foto: Amir Valle

Quizás sea que los otoños en Berlín pinchan con sus finas agujas de frío y grisura al intolerante que llevo dentro, como cualquier ser humano. O tal vez sea que, cuando se trata de Cuba, siempre los cubanos ahuecamos las manos sobre esa llamita de esperanza que algunos escondemos de la vista pública en una esquina secreta del corazón, a pesar de que soy de quienes piensan que allá jamás cambiará nada. Y hasta es posible que en medio de mi tozudez pesimista respecto al futuro de Cuba, algo de mí esté haciendo caso a esos muchos colegas intelectuales que ven movimientos esperanzadores donde yo solo veo inmovilismo o simples pasos dados por estrategia de un régimen que ha calculado milimétricamente el modo más sutil de perpetuarse.

Pero he leído las declaraciones del actual Ministro de Cultura de mi país, Julián González Toledo, diciendo que el gobierno recibirá con los brazos abiertos a los artistas exiliados que regresen a la Isla, condicionando esa buena acogida a que “no ignoren su compromiso” con el régimen y algo me ha traído a la mente este poema de Antonio Machado:

 

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

 

En simples palabras: que si una vez decidí regresar a Cuba, de visita o definitivamente, sólo cuando no tuviera que pedirle permiso a nadie para entrar a MI casa, tirarme en MI cama, caminar MIS calles, bañarme en MIS playas y ser enterrado en MI tierra, tras leer este nuevo (y muy claro) condicionamiento político e intuir todo lo que ello significa de sometimiento y bovina resignación para quienes decidan regresar en los momentos “de cambios” actuales, me ratifico en mi decisión de seguir viviendo en esa otra Cuba, personal e intransferible, que nadie jamás ha podido arrebatarme y que yo, dueño y señor de mis destinos y pensamientos, planto allí donde creo poder ser más feliz y trasmitir esa felicidad a mi familia.

Ante esas declaraciones se impone una pregunta a mis colegas, esos que me escriben desde la isla, o esos otros con quienes converso cuando coincidimos en eventos internacionales: ¿es este el cambio, la apertura, la nueva era para “la unidad de la Cultura Cubana en toda su diversidad” que ustedes anunciaban y defendían? Con toda sinceridad, y desde el respeto que pese a nuestras diferencias ideológicas profeso a muchos de ustedes, un discurso tan manipulador, tan excluyente, tan oportunista y tan burdamente politizado como ese, les ha hecho quedar en un ridículo absoluto. Callarse ahora, ante una declaración tan lapidaria como la que pronuncia el ministro en sus declaraciones al portal CubaSí, es asumir una cobardía inexplicable en momentos en que, según ustedes mismos defendieran ante mí, puede decirse cualquier cosa, incluso contra el gobierno sin que nadie tome represalias. Pero callarse tras esas opiniones sería, además y sobre todo, asumir una responsabilidad moral en la implantación forzada de un apartheid cultural, establecido mediante rígidos condicionamientos políticos, que elimina de plano a quienes creemos en la pluralidad de pensamiento, en la necesaria diversidad de la libertad de expresión y, simplemente, en el derecho que como creadores cubanos tenemos de opinar, escribir o asumir nuestra responsabilidad ciudadana ante la nación sin compartir la ideología oficial de quienes nos han gobernado ya, como todos ustedes me dijeron, demasiado tiempo.

Los recibimos con los brazos abiertos, siempre que no renuncien al espíritu de este pueblo y no ignoren su compromiso, de más de medio siglo, por alcanzar la mayor justicia social posible. A noventa millas está la mayor potencia económica y militar de todos los tiempos. Esa potencia nos bloquea, pretende aislarnos. No se pueden ignorar esos efectos“, dice el Ministro Julián González, y, como si nos considerara subnormales incapaces de analizar sus palabras, pretende hacer creer que esa es una política “inclusiva”, aún cuando en otra línea de sus declaraciones deja todavía más claro que su discurso va dirigido especialmente a esos “no pocos creadores (que) abandonaron el país por razones económicas o personales”.

Espero que alguno de mis colegas recuerden que les anuncié que, según mis análisis, el gobierno, cuando llegara el momento (para aprovecharse de los recursos económicos que podría sacarle a esos artistas retornados en el nuevo entorno semicapitalista de la cultura nacional, y para seguir ofreciendo al mundo imagen de tolerancia) sólo permitiría la entrada a quienes siguieran fielmente sus pautas políticas o, también, a quienes hicieran silencio o mutis oportunista ante el desastre moral, político y económico en que Fidel y Raúl Castro han convertido a la isla en estas cinco décadas, justificando todos sus fracasos con el fantasma omnipresente y todopoderoso de ese bloqueo yanqui que menciona el ministro de modo tan arribista (aunque ya sea, en verdad, y sobre todo ante la política de Obama en relación con Cuba, un perfecto anacronismo).

Pero lo que más asombra es cómo el retroceso moral del país también ha calado en el espíritu crítico, abierto y dialogante de gente como Julián González Toledo o Abel Prieto. Los conozco desde hace ya más de veinte años y no puedo olvidar conversaciones compartidas en las que su discurso era en verdad inclusivo, tolerante, respetuoso de las diferencias. ¿O es que debo aceptar de una vez que fui un iluso, que todo eso era parte de una taimada estrategia oportunista para engañar al mundo cultural de la isla, lograr desde el poder lo que con sus obras no podían lograr, y hacernos decir (yo también fui de los que dije eso) que tras el desierto podrido en que Armando Hart convirtió a la cultura cubana, la gestión de Abel Prieto había logrado un remanso, otra vez, más inclusivo, fértil y justo para todos los creadores? ¿Era ese discurso simplemente una burda maniobra en su ascenso para, una vez llegados al poder cultural real, convertirse a corazón abierto en unas marionetas que aplican a la Cultura el discurso intolerante, demagógico y represivo de la dictadura?

También, por cierto, me resulta muy significativo que el gobierno, según se evidencia en lo establecido oficialmente por estas declaraciones del ministro, esté aplicando para el retorno de los artistas exiliados el mismo esquema excluyente con el que se ha lanzado a implementar el llamado “intercambio cultural” entre Cuba y Estados Unidos.

A quienes siguen hablando de cambios reales “en el pensamiento” de nuestros gobernantes, les pregunto: ¿acaso la Academia de la Lengua Española, en la versión ampliada que acaba de publicar, ha incluido una nueva acepción para la palabra “cambio” que explique la tesis de esos supuestos cambios de pensamiento?

Ya lo dije al inicio: Será el otoño que aplasta a Berlín, con la misma plasticidad gris y pegajosa de esa lluvia que cae tozudamente al otro lado del cristal.

Perdonen entonces que hoy me sienta tan intolerante.

Juana Salabert: libros que remueven conciencias

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 21-10-2014

Juana Salabert y otra de ls grandes: Ana María Matute.

Juana Salabert y otra de ls grandes: Ana María Matute.

Desde que Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain, cambió mi vida, allá por los ocho años, y me empujó a una espiral de sueños donde la literatura y los escritores era un tótem anclado al centro de ese mundo en el que fui creciendo, cargo con un trauma, o al menos así yo lo veo. Y ese trauma, lo sé, nació allá, en un pueblito perdido en el campo del oriente cubano, cuando me sentaba a leer en el piso de la enorme biblioteca que formaban esos miles de libros que mis padres, maestros de profesión, me regalaban casi cada semana, convencidos de que no hay mejor regalo que un buen libro. De modo que mis primeros recuerdos de eso que uno, ya de adulto, considera “remociones de la conciencia” están justo en aquellas horas en que descubrí las similitudes entre mi mundo rural y familiar en Cuba y el mundo rural y familiar de Tom y Huck en el tan cacareado “Norte revuelto y brutal”, del que ha hablado la propaganda de mi país, en ese entonces, y ahora. Fue la primera vez que un libro me hizo mirar y analizar mi entorno, cuestionarme algunas posturas en los mayores, entender ciertos comportamientos de mis padres, pero también me divertí con las locuras de esa novela (los amores de Tom hacia la hermosa Becky, las aventuras en el río, su terror ante el siniestro indio Joe, la sobreprotección de la tía Polly, y aún puedo rememorar el asombro al descubrir cómo aquel escritor lograba pintar algo muy parecido a lo que era mi vida entonces: mi gran amor en ese tiempo se llamaba Betty (moriría años después de leucemia), nos gustaba escaparnos hacia el río (cierta vez, por ejemplo, nos robamos un tiburón martillo de la carnicería para ir a nadar con él al río hasta que nos atraparon y, es obvio, vino un terrible castigo), teníamos terror al viejo Roche, acaudalado terrateniente que nos perseguía con su escopeta cuando íbamos a sus tierras a coger los mangos que se caían de las matas, y me pasaba el tiempo intentando escapar de la sobreprotección de mi madre.

Escribo lo anterior para que se entienda mi rígido concepto sobre qué es la literatura: la literatura, y siento si esto altera otros credos, no debe ser sólo divertimento, tiene que removerte, hacer pensar.

Juana-Salabert-4-amir-vallePor eso, especialmente en tiempos en que las librerías se llenan cada semana de divertimentos superficiales, vacías perpetraciones creativas etiquetadas bajo el rótulo “novela”; libros cuya única pretensión parece ser competir con algo tan descerebrado, burdo y enajenante como los programas de cotilleo en la televisión, se agradece leer un libro como La faz de la tierra, de la española Juana Salabert.

Nadie ha de extrañarse: Salabert es, sin dudas, una de las novelistas más originales de la literatura española actual. Cada uno de sus libros (y aquí es obvio que me refiero sólo a los que he leído: Velódromo de invierno, El boulevard del miedo, La noche ciega y, ahora, La faz de la tierra) es una propuesta nueva de reflexión desde el humanismo, ese desde el cual podemos proyectarnos como lo que supuestamente somos: especie superior, y muchas veces me he preguntado cómo una obra puede lanzarnos tantas preguntas, como puede enfrentarnos a tantas situaciones vergonzosas y vergonzantes de nuestro comportamiento en tanto seres humanos “civilizados” sin ser uno de esos aburridos tratados sociológicos escritos por sesudos (y aburridos) especialistas o uno de esos libros de autoayuda en los que algunos “iluminados”, como vía para redimirnos, pretenden hacernos pensar en la imperfecta bestia que somos.

Juana-Salabert-3-amir-valleLa literatura es la respuesta: Juana Salabert posee esa intuición que conduce al verdadero terreno de la gran literatura, ese donde cohabitan, en igualdad de condiciones, conceptos usualmente enfrentados entre sí pero igual de interactuantes, adaptables, transigentes a la hora del acoplamiento de sus características típicas cuando el buen escritor busca conformar esa amalgama de experiencias humanas que es una buena novela: lo lúdico, lo reflexivo, lo histórico, lo analítico, lo cuestionador, lo cotidiano, lo crítico. Sus novelas, a partir de esa configuración mixturada de sentidos, trasladan a los mundos novelados las reales esencias de la vida en toda su complejidad, a partir de la singularidad de sus personajes.

La faz de la tierra, novela publicada bajo el sello Alianza Editorial, es uno de los mejores ejemplos para demostrar esta tesis. Los problemas del matrimonio formado por Ela (Adela) y Álvaro, colocados ante los ojos del lector a partir del accidente de la joven mientras huía desde Finis hacia Madrid, donde esperaba encontrar un respiro o salida a su fallida relación matrimonial, constituyen el perfecto caldo de cultivo para incursionar en la escondida disfunción de la familia. Y, del mismo modo que sucede en todo caldo de cultivo, la animalia que puede verse actúa con independencia, con naturalidad, con esa sucesión de actos preconcebidos o fortuitos con la que nos comportamos en la vida cotidiana: es así, a través de los simples y cotidianos actos del día a día en la vida de cada uno de los personajes de esta novela, que entramos en el ámbito de la reflexión, de las preguntas, de las confrontaciones con nuestras propias o conocidas realidades, pero (y es importante anotarlo) sin que nos demos cuenta, sin que nada nos obligue a hundirnos en ese terreno.

Juana-Salabert-la-faz-de-la-tierra-amir-valleLa corriente subterránea de la narrativa de Juan Salabert en La faz de la tierra va cargada de la intimidad que sólo trasmiten los estadíos y situaciones de la vida que todos conocemos porque, simplemente, alguna vez hemos transitado por ellos, sea ya como protagonistas o como testigos.   Intimidad que apela a la complicidad, pero también al rechazo. Y en esa conjunción es justo cuando surge en el lector el juicio, la pregunta fuertemente cuestionadora, la crítica. No puede ser distinto. Nuestra especie, aseguran los estudiosos, vive del cuestionamiento constante: nuestros retrocesos y avances dependen de ese cuestionamiento compulsivo, dicen. Y es justo esta novela un inmenso cuestionamiento para explicar la disfuncionalidad de esta familia: Ela y Álvaro, el hijo muerto, la marca a hierro de Álvaro como el inútil de la familia por culpa de un enorme parecido físico a su padre; Adrián, hermano de Álvaro, su impotencia de tener un hijo con su esposa Sofía, las envidias, las culpas, las modorras del matrimonio, la marca de ser el hijo mimado por su parecido también enorme con su madre; el matrimonio de Matilde y Aloys como magma original de todos los descalabros a partir del descubrimiento de la pederastía de Aloys; el mundo mejor que pude ser si Ela hubiera elegido a Jonás …, y en medio de ese convulso panorama íntimo, el fantasma de la violencia de género por las golpizas que Álvaro propina a Ela, las rígidas convenciones pautadas por la matrona de la familia de cara a la sociedad para mostrar una imagen menos vergonzosa de su ilustre apellido, los secretos y las simulaciones que cada uno de ellos oculta… en fin, un infierno familiar de mentiras, conveniencias, máscaras, puestas en evidencia sólo en los pensamientos de quienes, según apunta la novela, ya han sido derrotados por esa enturbiada realidad.

Mencionando sólo de paso la exquisita calidad de la prosa (y es obvio que lo mencione sólo levemente pues en las novelas de Juana Salabert se evidencia un profundo respeto por el idioma), hay dos aspectos que es imprescindible señalar: la configuración psicológica de los personajes y la estructuración de la novela.

El primero, porque quienes escribimos conocemos bien el reto que significa crear dos personajes sólidos, psicológicamente creíbles, distintos, cuando el narrador debe mirar al interior de esos personajes. Juana Salabert se arriesga a hacerlo con varios personajes. Cada uno de ellos va desgranando ante el lector su experiencia, hurgando en sus propias historias, en sus pensamientos antiguos o de ese instante, a partir de lo que va sucediendo en ese momento en que coinciden en la sala de espera de la clínica donde Ela agoniza tras el accidente. Pero, a pesar de que la escritora utiliza una perspectiva muy cercana al mundo íntimo de cada personaje (para los entendidos en técnicas narrativas hablaríamos aquí, mayormente, del famoso narrador en primera persona y del narrador en tercera equisciente, es decir, que se cuenta sólo lo que puede saber o deducir el personaje), la visualidad de cada mundo interno, de cada experiencia de vida, incluso de esos tics o miedos definitorios de las taras psíquicas que cada uno de ellos tiene, hace posible que el lector asista a un escenario de caracteres humanos muy diferenciados y bien definidos. Una verdadera proeza narrativa, sin duda alguna.

El segundo, la estructuración de la obra, es otro de los méritos. Pensé mucho en Rashomón mientras leía La faz de la tierra. Y pensé en las dos versiones: esa genialidad escrita por Ryonosuke Akutagawa y esa joya del cine que hizo, basado en la novela, el también genial Akira Kurosawa. La novela, porque Juana Salabert pone a girar a todos sus personajes en torno a un mismo hecho, en un mismo escenario, y a partir de ese punto la obra se expande en todos sus significados; la versión cinematográfica, porque en la novela de Juana Salabert cada historia posee una visualidad tan fuerte, tan gráfica, que “puede verse”. Y como sucede en el clásico Rashomón, en La faz de la tierra las miradas individuales de los personajes van sumando nuevos eslabones de análisis, nuevas resonancias, otras preguntas y elucubraciones a ese entramado de conflictos humanos que se arma a partir de algo tan normal en nuestra sociedad como un simple, burdo e íntimo problema matrimonial.

La pregunta final sería, entonces, obligada: ¿con qué nos sorprenderá en su próxima novela? Y nótese que la pregunta es referida sólo al tema y al modo de abordarlo: tratándose de Juana Salabert, estoy seguro, la sorpresa de leer una nueva y verdadera aportación literaria a las letras en nuestra lengua está garantizada.

 

De gangsterismo y libreros

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 07-07-2014

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Las únicas mafias y los únicos gángsters con poder real que conozco en literatura son esos que mis colegas escritores de novela negra hacen vivir en sus libros. Las otras con cierto poder, por desgracia, son las mafias de ciertos grupillos o capillas literarias (grupúsculos debería llamárseles) que medran, etiquetan, dictan, conforman o deforman el mundo real de las letras, casi siempre patrocinados por colegas que, desde el prestigio ganado o pactado, operan como verdaderos gángsters, aunque en verdad sean tristes figurines de otros poderes más elevados y reales.

Escribo esto luego de la discusión surgida a partir de la publicación en el sitio digital OnCuba del artículo “Todo Chavarría por un Padura”, del periodista Gilberto Padilla Cárdenas. Tuve la “dicha” (y nótese el entrecomillado) de que luego de Leonardo Padura y Pedro Juán Gutiérrez, mi nombre apareciera en la lista de autores más perseguidos por los lectores cubanos de la isla. Y en un comentario en Facebook dije que, luego de ocho años de destierro forzado y casi 15 años ya desde el fenómeno de circulación underground que convirtió a mi libro Habana Babilonia o Prostitutas en Cuba en un bestseller clandestino nacional, el simple hecho de seguir en ese listado, aún cuando sea con un solo libro, es para mí motivo de orgullo. Leer el resto de esta entrada »

La cultura cubana: ese circo romano

Publicado por Amir Valle | Publicado en Política cubana | Publicado el 22-05-2014

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Leonardo Padura, Ángel Santiesteban, Rafael Vilches Proenza

 

Había prometido no tocar más el tema. Hoy rompo esa promesa. Las circunstancias, vergonzosas, me obligan. Había jurado no pronunciarme más sobre la posición de mis colegas escritores e intelectuales en la isla y el exilio, animado por dos creencias que aún considero esenciales: primero, porque el flagelo de división que tan maquiavélicamente nos inyectó el gobierno en estos más de 50 años enciende su llama devastadora con cualquier criterio crítico que se lance en una u otra de las orillas del asunto cubano y siempre he preferido levantar puentes que nos unan y permitan correr las aguas que nos limpien del veneno de ese “divide y vencerás” que todos los cubanos, sin distinción, cargamos en nuestros huesos; y segundo, porque llevo 8 años fuera de la isla y me parece muy injusto exigir a otros que se lancen a un peligro que nosotros mismos ya desconocemos (aunque lo imaginemos) y, en cualquier caso, del que estamos a salvo.

Sin embargo, me hierve la sangre cuando observo el espíritu de gladiador de circo romano de ciertos colegas. Leer el resto de esta entrada »

El cubano dejará de ser el lobo del cubano

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 07-05-2014

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Entrevista al escritor y periodista cubano Amir Valle

 

Publicada en la revista Cuadernos de Pensamiento Plural,
Número Cuatro, Año II, Invierno de 2013
Páginas 25 a la 30.

Por Rafael Vilches

 

Amir Valle es uno de los escritores cubanos más buscados, querido y leídos por los lectores de su país, a pesar de llevar varios años fuera de la patria, a la que un mal o buen día el estado cubano no lo dejó retornar.

 

¿Cuáles fueron tus inicios como escritor?

A mis padres, maestros de profesión, debo mi interés por la lectura. Recuerdo el hermoso pelo de mi madre cayendo sobre mí, esas noches en que se acostaba a mi lado a leerme cuentos infantiles. Y allí, en un pueblo llamado Antonio Maceo, en Holguín, escribí mis primeras historias cuando, a los siete años, quedé impresionado por Las aventuras de Tom Sawyer y quise escribir algo parecido, aunque obviamente lo que escribí entonces fue un bodrio. Luego tuve la suerte de irme a Santiago y allá, de la mano de Aida Bahr y en la cercanía de José Soler Puig, descubrí que quería ser escritor.

 

Eres de los pocos autores que aun siendo muy joven, tus novelas se convirtieron en especies de Bestsellers cubano, ¿a qué crees que se debió?

Uno de los problemas más graves que ha tenido la literatura cubana es que, siguiendo los modelos de grandes como Carpentier y Lezama, se ha mirado demasiado el ombligo, literariamente hablando, y ha olvidado que hay un mundo alrededor nuestro por narrar y que la gente quiere escuchar esas historias. Yo hice lo mismo durante un tiempo, pero un día descubrí que quería contar la vida, sueños y frustraciones de esa gente que habitaba en mi mismo barrio. Y quise contarlo como ellos lo contaban, en su lenguaje, con toda la violencia, la pasión y la sinceridad con la que ellos vivían sus vidas. Creo que a eso se debe que durante muchos años, en Cuba, además de Padura y Chavarría con sus policiacas, fuimos Guillermo Vidal y yo los más leídos. Leer el resto de esta entrada »

Esa indecencia que es la muerte

Publicado por Amir Valle | Publicado en Generales | Publicado el 31-03-2014

Con Peter Faecke y su esposa Mónika en la Feria Internacional del Libro de Frankfurt, 2006.

Con Peter Faecke y su esposa Mónika en la Feria Internacional del Libro de Frankfurt, 2006.

 

Palabras por la muerte del escritor y editor alemán Peter Faecke

 

Peter Faecke ha muerto, escribo. Y es una putada tan grande que me siento vacío. ¿Dónde se ha metido el escritor que soy, ése que necesito ahora para escribir las palabras que un hombre como Peter merece? ¿Por qué un suceso tan burdo y cotidiano como la muerte atonta y aniquila de este modo? “Todavía no acepto que no esté”, me dijo ayer su esposa Mónika y es esa justamente la frase que me gustaría gritar, tal vez el único modo de sacarme del pecho el dolor que deja la muerte del ser humano al que debo, entre otras muchas cosas, que el destierro no sea ese “trauma que se arrastra para siempre”, como me dijo él hace ya ocho años. Y ya sólo eso es bastante para estar profundamente dolido: quienes nos hemos visto forzados a emigrar o hemos sido desterrados bien lo sabemos. Leer el resto de esta entrada »

Paquito D’Rivera y el espíritu de lo cubano

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 13-03-2014

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En la música, es indudable, Paquito D’Rivera es un cubano universal. En simples palabras, esa rara especie de cubanos que van por esos mundos recordando a todos con su maestría artística que existe una islita en medio del Mar Caribe de donde han salido músicos de calidad tan impresionante que han influido incluso en el universo musical de otras naciones, ya sean tan cercanas a nuestra idiosincrasia como Estados Unidos o tan alejadas culturalmente como la India o Japón. Y nótese que no hablo de cualquier rasca guitarra, que los hay lamentablemente en cantidades industriales y los encontramos en cualquier esquina del planeta también aprovechándose de la mística ya creada por otros. Leer el resto de esta entrada »

Huber Matos: el ogro que nos pintaron

Publicado por Amir Valle | Publicado en Política cubana | Publicado el 07-03-2014

Hubert Matos (Yara, 1918 - Miami, 2014)

Hubert Matos (Yara, 1918 – Miami, 2014)

Huber Matos, uno de los míticos Comandantes que en 1959 encabezaron la Revolución Cubana, uno de los primeros disidentes de ese proceso social y uno de los más respetados líderes de la oposición cubana en el exilio, muere en Miami a los 95 años y, aunque en la isla se ha borrado su nombre de los programas de historia nacional, millones de cubanos que sí conocen ya el verdadero protagonismo que tuvo en los más importantes sucesos históricos del siglo XX cubano, lo han despedido con el mayor honor: la reinscripción de su nombre en el panteón de la Memoria Histórica Popular de Cuba. Leer el resto de esta entrada »

Desde el escombro del recuerdo

Publicado por Amir Valle | Publicado en Generales | Publicado el 04-03-2014

Edificio Arbos, Oquendo 308, entre San Rafael y San Miguel, Centro Habana.

Edificio Arbos, Oquendo 308, entre San Rafael y San Miguel, Centro Habana.

 

Mi edificio, mi calle, mis recuerdos

 

Una noticia circula en las redes: 600 personas han quedado en la calle debido al derrumbe de un edificio en Centro Habana.

Para muchos será sólo una nota más del desastre habitacional cubano, un edificio más que suma sus ruinas a esa ciudad decadente, cuyos edificios siguen desplomándose con la misma cotidiana tozudez con la que se desploma la Revolución.

Para mí es distinto: viví allí durante varios años, en el quinto piso, en el apartamento 501, y al leer que se ha desplomado el séptimo y sexto piso, y que hay peligro de derrumbe total, el recuerdo me llega desde esos escombros que ahora mismo contemplan sin esperanza, estoy seguro, muchos de quienes vivieron allí y fueron mis vecinos.

Hace un tiempo escribí que, cuando llegué a Centro Habana, ya había vivido en el Cotorro, Luyanó, Arroyo Naranjo y el Vedado. Entré así a un universo raro, marginal, siempre abierto a la especulación, la bolsa negra, el bajo mundo y la nocturnidad podrida, como sigue siéndolo hoy, y como he querido recoger en varias de mis novelas que transcurren en esas calles. Leer el resto de esta entrada »

Los herederos de Mambrú

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 10-01-2014

El artículo que a continuación reproduzco ha sido publicado en el número más reciente de la revista Voces, editada desde La Habana por un colectivo de artistas, escritores y periodistas independientes, con obras de autores de la isla y el exilio. Dicho número, el 20, puedes descargarse completamente aquí: Revista Voces No.20

 

revista-voces-no20En la canción infantil, Mambrú se va a la guerra[1] y hay muerte y hay dolor. En la realidad cubana, aplicada a los autores que nacieron en la época de auge de esa canción en América Latina (los años 60 y 70 del siglo XX), también hay quienes se van a la guerra, y hay muerte y hay dolor, circunstancias todavía más evidentes al tener lugar en un país marcado por una eterna guerra, etérea es cierto, pero tan perniciosa y letal como una conflagración verdadera: ese tira y encoge entre imperialismo e isla sitiada, esa perenne amenaza de ser invadidos por la nación más poderosa del universo y, lo que es todavía peor, esa cruz de ceniza de guerrero que los cubanos llevan a todas partes. Leer el resto de esta entrada »