Juana Salabert: libros que remueven conciencias

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 21-10-2014

Juana Salabert y otra de ls grandes: Ana María Matute.

Juana Salabert y otra de ls grandes: Ana María Matute.

Desde que Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain, cambió mi vida, allá por los ocho años, y me empujó a una espiral de sueños donde la literatura y los escritores era un tótem anclado al centro de ese mundo en el que fui creciendo, cargo con un trauma, o al menos así yo lo veo. Y ese trauma, lo sé, nació allá, en un pueblito perdido en el campo del oriente cubano, cuando me sentaba a leer en el piso de la enorme biblioteca que formaban esos miles de libros que mis padres, maestros de profesión, me regalaban casi cada semana, convencidos de que no hay mejor regalo que un buen libro. De modo que mis primeros recuerdos de eso que uno, ya de adulto, considera “remociones de la conciencia” están justo en aquellas horas en que descubrí las similitudes entre mi mundo rural y familiar en Cuba y el mundo rural y familiar de Tom y Huck en el tan cacareado “Norte revuelto y brutal”, del que ha hablado la propaganda de mi país, en ese entonces, y ahora. Fue la primera vez que un libro me hizo mirar y analizar mi entorno, cuestionarme algunas posturas en los mayores, entender ciertos comportamientos de mis padres, pero también me divertí con las locuras de esa novela (los amores de Tom hacia la hermosa Becky, las aventuras en el río, su terror ante el siniestro indio Joe, la sobreprotección de la tía Polly, y aún puedo rememorar el asombro al descubrir cómo aquel escritor lograba pintar algo muy parecido a lo que era mi vida entonces: mi gran amor en ese tiempo se llamaba Betty (moriría años después de leucemia), nos gustaba escaparnos hacia el río (cierta vez, por ejemplo, nos robamos un tiburón martillo de la carnicería para ir a nadar con él al río hasta que nos atraparon y, es obvio, vino un terrible castigo), teníamos terror al viejo Roche, acaudalado terrateniente que nos perseguía con su escopeta cuando íbamos a sus tierras a coger los mangos que se caían de las matas, y me pasaba el tiempo intentando escapar de la sobreprotección de mi madre.

Escribo lo anterior para que se entienda mi rígido concepto sobre qué es la literatura: la literatura, y siento si esto altera otros credos, no debe ser sólo divertimento, tiene que removerte, hacer pensar.

Juana-Salabert-4-amir-vallePor eso, especialmente en tiempos en que las librerías se llenan cada semana de divertimentos superficiales, vacías perpetraciones creativas etiquetadas bajo el rótulo “novela”; libros cuya única pretensión parece ser competir con algo tan descerebrado, burdo y enajenante como los programas de cotilleo en la televisión, se agradece leer un libro como La faz de la tierra, de la española Juana Salabert.

Nadie ha de extrañarse: Salabert es, sin dudas, una de las novelistas más originales de la literatura española actual. Cada uno de sus libros (y aquí es obvio que me refiero sólo a los que he leído: Velódromo de invierno, El boulevard del miedo, La noche ciega y, ahora, La faz de la tierra) es una propuesta nueva de reflexión desde el humanismo, ese desde el cual podemos proyectarnos como lo que supuestamente somos: especie superior, y muchas veces me he preguntado cómo una obra puede lanzarnos tantas preguntas, como puede enfrentarnos a tantas situaciones vergonzosas y vergonzantes de nuestro comportamiento en tanto seres humanos “civilizados” sin ser uno de esos aburridos tratados sociológicos escritos por sesudos (y aburridos) especialistas o uno de esos libros de autoayuda en los que algunos “iluminados”, como vía para redimirnos, pretenden hacernos pensar en la imperfecta bestia que somos.

Juana-Salabert-3-amir-valleLa literatura es la respuesta: Juana Salabert posee esa intuición que conduce al verdadero terreno de la gran literatura, ese donde cohabitan, en igualdad de condiciones, conceptos usualmente enfrentados entre sí pero igual de interactuantes, adaptables, transigentes a la hora del acoplamiento de sus características típicas cuando el buen escritor busca conformar esa amalgama de experiencias humanas que es una buena novela: lo lúdico, lo reflexivo, lo histórico, lo analítico, lo cuestionador, lo cotidiano, lo crítico. Sus novelas, a partir de esa configuración mixturada de sentidos, trasladan a los mundos novelados las reales esencias de la vida en toda su complejidad, a partir de la singularidad de sus personajes.

La faz de la tierra, novela publicada bajo el sello Alianza Editorial, es uno de los mejores ejemplos para demostrar esta tesis. Los problemas del matrimonio formado por Ela (Adela) y Álvaro, colocados ante los ojos del lector a partir del accidente de la joven mientras huía desde Finis hacia Madrid, donde esperaba encontrar un respiro o salida a su fallida relación matrimonial, constituyen el perfecto caldo de cultivo para incursionar en la escondida disfunción de la familia. Y, del mismo modo que sucede en todo caldo de cultivo, la animalia que puede verse actúa con independencia, con naturalidad, con esa sucesión de actos preconcebidos o fortuitos con la que nos comportamos en la vida cotidiana: es así, a través de los simples y cotidianos actos del día a día en la vida de cada uno de los personajes de esta novela, que entramos en el ámbito de la reflexión, de las preguntas, de las confrontaciones con nuestras propias o conocidas realidades, pero (y es importante anotarlo) sin que nos demos cuenta, sin que nada nos obligue a hundirnos en ese terreno.

Juana-Salabert-la-faz-de-la-tierra-amir-valleLa corriente subterránea de la narrativa de Juan Salabert en La faz de la tierra va cargada de la intimidad que sólo trasmiten los estadíos y situaciones de la vida que todos conocemos porque, simplemente, alguna vez hemos transitado por ellos, sea ya como protagonistas o como testigos.   Intimidad que apela a la complicidad, pero también al rechazo. Y en esa conjunción es justo cuando surge en el lector el juicio, la pregunta fuertemente cuestionadora, la crítica. No puede ser distinto. Nuestra especie, aseguran los estudiosos, vive del cuestionamiento constante: nuestros retrocesos y avances dependen de ese cuestionamiento compulsivo, dicen. Y es justo esta novela un inmenso cuestionamiento para explicar la disfuncionalidad de esta familia: Ela y Álvaro, el hijo muerto, la marca a hierro de Álvaro como el inútil de la familia por culpa de un enorme parecido físico a su padre; Adrián, hermano de Álvaro, su impotencia de tener un hijo con su esposa Sofía, las envidias, las culpas, las modorras del matrimonio, la marca de ser el hijo mimado por su parecido también enorme con su madre; el matrimonio de Matilde y Aloys como magma original de todos los descalabros a partir del descubrimiento de la pederastía de Aloys; el mundo mejor que pude ser si Ela hubiera elegido a Jonás …, y en medio de ese convulso panorama íntimo, el fantasma de la violencia de género por las golpizas que Álvaro propina a Ela, las rígidas convenciones pautadas por la matrona de la familia de cara a la sociedad para mostrar una imagen menos vergonzosa de su ilustre apellido, los secretos y las simulaciones que cada uno de ellos oculta… en fin, un infierno familiar de mentiras, conveniencias, máscaras, puestas en evidencia sólo en los pensamientos de quienes, según apunta la novela, ya han sido derrotados por esa enturbiada realidad.

Mencionando sólo de paso la exquisita calidad de la prosa (y es obvio que lo mencione sólo levemente pues en las novelas de Juana Salabert se evidencia un profundo respeto por el idioma), hay dos aspectos que es imprescindible señalar: la configuración psicológica de los personajes y la estructuración de la novela.

El primero, porque quienes escribimos conocemos bien el reto que significa crear dos personajes sólidos, psicológicamente creíbles, distintos, cuando el narrador debe mirar al interior de esos personajes. Juana Salabert se arriesga a hacerlo con varios personajes. Cada uno de ellos va desgranando ante el lector su experiencia, hurgando en sus propias historias, en sus pensamientos antiguos o de ese instante, a partir de lo que va sucediendo en ese momento en que coinciden en la sala de espera de la clínica donde Ela agoniza tras el accidente. Pero, a pesar de que la escritora utiliza una perspectiva muy cercana al mundo íntimo de cada personaje (para los entendidos en técnicas narrativas hablaríamos aquí, mayormente, del famoso narrador en primera persona y del narrador en tercera equisciente, es decir, que se cuenta sólo lo que puede saber o deducir el personaje), la visualidad de cada mundo interno, de cada experiencia de vida, incluso de esos tics o miedos definitorios de las taras psíquicas que cada uno de ellos tiene, hace posible que el lector asista a un escenario de caracteres humanos muy diferenciados y bien definidos. Una verdadera proeza narrativa, sin duda alguna.

El segundo, la estructuración de la obra, es otro de los méritos. Pensé mucho en Rashomón mientras leía La faz de la tierra. Y pensé en las dos versiones: esa genialidad escrita por Ryonosuke Akutagawa y esa joya del cine que hizo, basado en la novela, el también genial Akira Kurosawa. La novela, porque Juana Salabert pone a girar a todos sus personajes en torno a un mismo hecho, en un mismo escenario, y a partir de ese punto la obra se expande en todos sus significados; la versión cinematográfica, porque en la novela de Juana Salabert cada historia posee una visualidad tan fuerte, tan gráfica, que “puede verse”. Y como sucede en el clásico Rashomón, en La faz de la tierra las miradas individuales de los personajes van sumando nuevos eslabones de análisis, nuevas resonancias, otras preguntas y elucubraciones a ese entramado de conflictos humanos que se arma a partir de algo tan normal en nuestra sociedad como un simple, burdo e íntimo problema matrimonial.

La pregunta final sería, entonces, obligada: ¿con qué nos sorprenderá en su próxima novela? Y nótese que la pregunta es referida sólo al tema y al modo de abordarlo: tratándose de Juana Salabert, estoy seguro, la sorpresa de leer una nueva y verdadera aportación literaria a las letras en nuestra lengua está garantizada.

 

De gangsterismo y libreros

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 07-07-2014

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Las únicas mafias y los únicos gángsters con poder real que conozco en literatura son esos que mis colegas escritores de novela negra hacen vivir en sus libros. Las otras con cierto poder, por desgracia, son las mafias de ciertos grupillos o capillas literarias (grupúsculos debería llamárseles) que medran, etiquetan, dictan, conforman o deforman el mundo real de las letras, casi siempre patrocinados por colegas que, desde el prestigio ganado o pactado, operan como verdaderos gángsters, aunque en verdad sean tristes figurines de otros poderes más elevados y reales.

Escribo esto luego de la discusión surgida a partir de la publicación en el sitio digital OnCuba del artículo “Todo Chavarría por un Padura”, del periodista Gilberto Padilla Cárdenas. Tuve la “dicha” (y nótese el entrecomillado) de que luego de Leonardo Padura y Pedro Juán Gutiérrez, mi nombre apareciera en la lista de autores más perseguidos por los lectores cubanos de la isla. Y en un comentario en Facebook dije que, luego de ocho años de destierro forzado y casi 15 años ya desde el fenómeno de circulación underground que convirtió a mi libro Habana Babilonia o Prostitutas en Cuba en un bestseller clandestino nacional, el simple hecho de seguir en ese listado, aún cuando sea con un solo libro, es para mí motivo de orgullo. Leer el resto de esta entrada »

La cultura cubana: ese circo romano

Publicado por Amir Valle | Publicado en Política cubana | Publicado el 22-05-2014

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Leonardo Padura, Ángel Santiesteban, Rafael Vilches Proenza

 

Había prometido no tocar más el tema. Hoy rompo esa promesa. Las circunstancias, vergonzosas, me obligan. Había jurado no pronunciarme más sobre la posición de mis colegas escritores e intelectuales en la isla y el exilio, animado por dos creencias que aún considero esenciales: primero, porque el flagelo de división que tan maquiavélicamente nos inyectó el gobierno en estos más de 50 años enciende su llama devastadora con cualquier criterio crítico que se lance en una u otra de las orillas del asunto cubano y siempre he preferido levantar puentes que nos unan y permitan correr las aguas que nos limpien del veneno de ese “divide y vencerás” que todos los cubanos, sin distinción, cargamos en nuestros huesos; y segundo, porque llevo 8 años fuera de la isla y me parece muy injusto exigir a otros que se lancen a un peligro que nosotros mismos ya desconocemos (aunque lo imaginemos) y, en cualquier caso, del que estamos a salvo.

Sin embargo, me hierve la sangre cuando observo el espíritu de gladiador de circo romano de ciertos colegas. Leer el resto de esta entrada »

El cubano dejará de ser el lobo del cubano

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 07-05-2014

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Entrevista al escritor y periodista cubano Amir Valle

 

Publicada en la revista Cuadernos de Pensamiento Plural,
Número Cuatro, Año II, Invierno de 2013
Páginas 25 a la 30.

Por Rafael Vilches

 

Amir Valle es uno de los escritores cubanos más buscados, querido y leídos por los lectores de su país, a pesar de llevar varios años fuera de la patria, a la que un mal o buen día el estado cubano no lo dejó retornar.

 

¿Cuáles fueron tus inicios como escritor?

A mis padres, maestros de profesión, debo mi interés por la lectura. Recuerdo el hermoso pelo de mi madre cayendo sobre mí, esas noches en que se acostaba a mi lado a leerme cuentos infantiles. Y allí, en un pueblo llamado Antonio Maceo, en Holguín, escribí mis primeras historias cuando, a los siete años, quedé impresionado por Las aventuras de Tom Sawyer y quise escribir algo parecido, aunque obviamente lo que escribí entonces fue un bodrio. Luego tuve la suerte de irme a Santiago y allá, de la mano de Aida Bahr y en la cercanía de José Soler Puig, descubrí que quería ser escritor.

 

Eres de los pocos autores que aun siendo muy joven, tus novelas se convirtieron en especies de Bestsellers cubano, ¿a qué crees que se debió?

Uno de los problemas más graves que ha tenido la literatura cubana es que, siguiendo los modelos de grandes como Carpentier y Lezama, se ha mirado demasiado el ombligo, literariamente hablando, y ha olvidado que hay un mundo alrededor nuestro por narrar y que la gente quiere escuchar esas historias. Yo hice lo mismo durante un tiempo, pero un día descubrí que quería contar la vida, sueños y frustraciones de esa gente que habitaba en mi mismo barrio. Y quise contarlo como ellos lo contaban, en su lenguaje, con toda la violencia, la pasión y la sinceridad con la que ellos vivían sus vidas. Creo que a eso se debe que durante muchos años, en Cuba, además de Padura y Chavarría con sus policiacas, fuimos Guillermo Vidal y yo los más leídos. Leer el resto de esta entrada »

Esa indecencia que es la muerte

Publicado por Amir Valle | Publicado en Generales | Publicado el 31-03-2014

Con Peter Faecke y su esposa Mónika en la Feria Internacional del Libro de Frankfurt, 2006.

Con Peter Faecke y su esposa Mónika en la Feria Internacional del Libro de Frankfurt, 2006.

 

Palabras por la muerte del escritor y editor alemán Peter Faecke

 

Peter Faecke ha muerto, escribo. Y es una putada tan grande que me siento vacío. ¿Dónde se ha metido el escritor que soy, ése que necesito ahora para escribir las palabras que un hombre como Peter merece? ¿Por qué un suceso tan burdo y cotidiano como la muerte atonta y aniquila de este modo? “Todavía no acepto que no esté”, me dijo ayer su esposa Mónika y es esa justamente la frase que me gustaría gritar, tal vez el único modo de sacarme del pecho el dolor que deja la muerte del ser humano al que debo, entre otras muchas cosas, que el destierro no sea ese “trauma que se arrastra para siempre”, como me dijo él hace ya ocho años. Y ya sólo eso es bastante para estar profundamente dolido: quienes nos hemos visto forzados a emigrar o hemos sido desterrados bien lo sabemos. Leer el resto de esta entrada »

Paquito D’Rivera y el espíritu de lo cubano

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 13-03-2014

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En la música, es indudable, Paquito D’Rivera es un cubano universal. En simples palabras, esa rara especie de cubanos que van por esos mundos recordando a todos con su maestría artística que existe una islita en medio del Mar Caribe de donde han salido músicos de calidad tan impresionante que han influido incluso en el universo musical de otras naciones, ya sean tan cercanas a nuestra idiosincrasia como Estados Unidos o tan alejadas culturalmente como la India o Japón. Y nótese que no hablo de cualquier rasca guitarra, que los hay lamentablemente en cantidades industriales y los encontramos en cualquier esquina del planeta también aprovechándose de la mística ya creada por otros. Leer el resto de esta entrada »

Huber Matos: el ogro que nos pintaron

Publicado por Amir Valle | Publicado en Política cubana | Publicado el 07-03-2014

Hubert Matos (Yara, 1918 - Miami, 2014)

Hubert Matos (Yara, 1918 – Miami, 2014)

Huber Matos, uno de los míticos Comandantes que en 1959 encabezaron la Revolución Cubana, uno de los primeros disidentes de ese proceso social y uno de los más respetados líderes de la oposición cubana en el exilio, muere en Miami a los 95 años y, aunque en la isla se ha borrado su nombre de los programas de historia nacional, millones de cubanos que sí conocen ya el verdadero protagonismo que tuvo en los más importantes sucesos históricos del siglo XX cubano, lo han despedido con el mayor honor: la reinscripción de su nombre en el panteón de la Memoria Histórica Popular de Cuba. Leer el resto de esta entrada »

Desde el escombro del recuerdo

Publicado por Amir Valle | Publicado en Generales | Publicado el 04-03-2014

Edificio Arbos, Oquendo 308, entre San Rafael y San Miguel, Centro Habana.

Edificio Arbos, Oquendo 308, entre San Rafael y San Miguel, Centro Habana.

 

Mi edificio, mi calle, mis recuerdos

 

Una noticia circula en las redes: 600 personas han quedado en la calle debido al derrumbe de un edificio en Centro Habana.

Para muchos será sólo una nota más del desastre habitacional cubano, un edificio más que suma sus ruinas a esa ciudad decadente, cuyos edificios siguen desplomándose con la misma cotidiana tozudez con la que se desploma la Revolución.

Para mí es distinto: viví allí durante varios años, en el quinto piso, en el apartamento 501, y al leer que se ha desplomado el séptimo y sexto piso, y que hay peligro de derrumbe total, el recuerdo me llega desde esos escombros que ahora mismo contemplan sin esperanza, estoy seguro, muchos de quienes vivieron allí y fueron mis vecinos.

Hace un tiempo escribí que, cuando llegué a Centro Habana, ya había vivido en el Cotorro, Luyanó, Arroyo Naranjo y el Vedado. Entré así a un universo raro, marginal, siempre abierto a la especulación, la bolsa negra, el bajo mundo y la nocturnidad podrida, como sigue siéndolo hoy, y como he querido recoger en varias de mis novelas que transcurren en esas calles. Leer el resto de esta entrada »

Los herederos de Mambrú

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 10-01-2014

El artículo que a continuación reproduzco ha sido publicado en el número más reciente de la revista Voces, editada desde La Habana por un colectivo de artistas, escritores y periodistas independientes, con obras de autores de la isla y el exilio. Dicho número, el 20, puedes descargarse completamente aquí: Revista Voces No.20

 

revista-voces-no20En la canción infantil, Mambrú se va a la guerra[1] y hay muerte y hay dolor. En la realidad cubana, aplicada a los autores que nacieron en la época de auge de esa canción en América Latina (los años 60 y 70 del siglo XX), también hay quienes se van a la guerra, y hay muerte y hay dolor, circunstancias todavía más evidentes al tener lugar en un país marcado por una eterna guerra, etérea es cierto, pero tan perniciosa y letal como una conflagración verdadera: ese tira y encoge entre imperialismo e isla sitiada, esa perenne amenaza de ser invadidos por la nación más poderosa del universo y, lo que es todavía peor, esa cruz de ceniza de guerrero que los cubanos llevan a todas partes. Leer el resto de esta entrada »

Palabras por mi hijo Toni en sus 25 años

Publicado por Amir Valle | Publicado en Generales | Publicado el 27-12-2013

Toni Medina y Lior Valle

Toni Medina y Lior Valle

Mi hijo Toni hoy cumple 25 años y, obviamente, es para mí un día especial.

Era un niño de ocho años, flaquito y de cara achinada, cuando lo vi por primera vez en la azotea de su casa, un palo en la mano a modo de espada, jugando con otro vecinito, saltando ágilmente entre los tubos de agua del edificio, allá, en la calle Perseverancia, en Centro Habana, hundido en el mundo de sueños de su infancia. Acababa yo de conocer a su madre, sin que ninguno de los dos pensáramos entonces que eran los primeros días de una sólida unión de amor que dura hasta el presente. Leer el resto de esta entrada »