Amir Valle, 10 Definiciones

Neo Club Ediciones, Miami, Estados Unidos, 26 de junio de 2015

Por Neo Club Press

foto-ent-amir-valle-web-2015-8La definición constituye, en sí misma, un retrato de quien define. En su esencia primordial, revela la personalidad de quien la emite con una fidelidad casi fotográfica. De manera que en esta serie de entrevistas que proponemos a nuestros lectores, intentamos definir a nuestros entrevistados a través de sus definiciones.

En esta ocasión nos responde gentilmente el escritor Amir Valle:

 

1.- Defíname, por favor, qué es para usted Cuba

Un imaginario que viaja conmigo a todas partes: ideas, olores, recuerdos de mi formación como ser humano, rincones donde viví buenos y malos momentos, el vientre luminoso y cálido de la primera mujer que amé, las preguntas sin respuestas sobre una realidad histórica que me parecía absurda e inhumana aunque se proclamara lo contrario, el espacio de mis primeros éxitos literarios y de mis frustraciones como periodista, el lugar donde viven mis padres, donde nacieron mis dos hijos, donde ya quedan pocos amigos, pues la mayoría anda por esos mundos anchos y ajenos arrastrando sus propias Cubas…, en resumen, nada que ver con esa isla que, ahora mismo, late al otro lado del mundo, tan lejos de esta ciudad, Berlín, que ha acogido como suya a esa isla mía, personal e intransferible, que ningún dictador ni ningún sistema político ha logrado arrebatarme.

 

2.- Qué es Estados Unidos

Ese país al que mi abuelo, a los siete años, apuntó con un dedo y dijo: «son unos cabrones, mi’jo, pero son los cabrones más inteligentes del mundo. Hace mucho encontraron la fórmula para  vivir bien»: él vivía en Guantánamo, era un rico empresario, tenía tiendas y una flotilla de barquitos de pesca, con los cuales durante mucho tiempo proveyó de pescado a la Base Naval. Es curioso que siempre mi visión de Estados Unidos ha sido así, algo que se atisba desde lejos: primero, más allá de aquellas cercas electrificadas que me mostró mi abuelo; después, el enemigo fantasmal que acechaba al otro lado de esa trinchera en la que Fidel me obligó a vivir 39 de mis 48 años; luego, en el exilio, el único país donde, pese a tener pasaporte alemán, se me discriminaba porque ese pasaporte consignaba mi nacimiento en Guantánamo, Cuba; y hoy, un manantial de interrogantes que brotan de esta cacareada «nueva Era» entre los gobiernos de La Habana y Washington.

 

3.- Estar en forma

Poder trabajar las más de 15 horas que trabajo cada día, aunque para ello deba usar la cinta de correr que me regalaron mis hijos, tenga que trotar en las tardes por el parque de Humboldt, que queda cerca de mi casa en Berlín, cambiar mi sistema de alimentación o tomar vitaminas.

 

4.- La libertad

Algo inalcanzable por lo que lucho cada día: nadie es libre totalmente en un mundo en el que, desde el dinero hasta las ideologías y los políticos, pretenden esclavizarte. Por ello, entonces, es la culpable de mis más grandes sufrimientos (toda lucha siempre genera desgarramientos, heridas, pérdidas), pero también de mis mayores realizaciones personales y profesionales.

 

5.- Aquello a lo que nunca dice que no

A la amistad. Creo rabiosamente que todo ser humano es bueno. Quizás por eso me hayan herido tanto, y con tanta facilidad.

 

6.- El calentamiento global

Lo que le dejamos como herencia a los nietos de nuestros nietos; la marca más desoladora de nuestra estupidez como «raza superior», que me hace estar seguro de que todas las historias futuristas de la ciencia ficción serán alguna vez escenarios reales.

 

7.- La corbata

La única prenda que me hace sentir como un reo que espera la muerte mediante el garrote vil. Es, por suerte, una tela incomodísima de la que he logrado prescindir: creo haberla usado sólo tres o cuatro veces en toda mi vida.

 

8.- La comida rápida

Algo que, curiosamente, jamás ha llamado mi atención: en Cuba, porque apenas hubo mientras viví allá; acá, porque me gusta comer en sitios tranquilos y silenciosos, y esos lugares, al menos en Europa, suelen ser siempre bulliciosos y están repletos de gente.

 

9.- Un selfie

En 1993, en lo alto de la Pirámide del Sol, en Teotihuacán, me hice uno; en 1997, en las montañas de Segura de la Sierra, en Jaén, a más de 1 100 metros de altura, me hice otro, y en el 2002, en un vuelo de Madrid a La Habana, para acabarme un rollo, me hice otro, a 36 mil pies. Todos, como ves, en época en que no se estilaba esa moda y, encima, las tres veces con mi cámara de rollo, sin saber qué saldría. Sin embargo, desde que es moda y existen las cámaras digitales, no recuerdo haberme hecho ninguno. Detesto las modas.

 

10.- El año 2015

Este 2015, el 17 de octubre, cumpliré 10 años de destierro. Cuando me impidieron regresar, cierto funcionario cultural, escritor por añadidura y hoy a la diestra del «presidente» cubano, comentó publicamente que apostaba a que yo moriría como escritor y como periodista. Como toda cifra redonda obliga siempre al recuento memorioso, miro lo que he logrado en estos 10 años en esos campos, sonrío y le lanzo una sonora trompetilla: le gané, y ampliamente, esa apuesta.