Amir Valle: el biógrafo de Hugo

Suplemento Ellas, La Prensa, 6 de diciembre de 2013

Por Roxana Muñoz

Foto: Jorge Fernández

Foto: Jorge Fernández

Hugo Spadafora Franco, el chitreano; el institutor; el que se fue en barco a estudiar medicina a Italia. El hijo de Melo Spadafora; el sexto hermano de trece; el padre de Huguito y de Afrique. Hugo, el que le dijo a su papá que se iba a especializar en endocrinología a Egipto y allá contactó a la guerrilla africana.

Hugo, el que curó y peleó en las selvas de Guinea Bissau. El que hizo su residencia en el Santo

Tomás. El que fue médico en Darién, San Miguelito y Colón. El viceministro de Salud en la época de Omar Torrijos. El que luchó en Nicaragua junto al sandinismo y al desilusionarse de él lo combatió.

Hugo, el de ojos claros. El que acusó de narcotráfico al entonces general Manuel Antonio Noriega. Por eso en 1985 la Guardia Nacional lo decapitó y nunca devolvió su cabeza.

Lo horrible de su muerte fue un tanganazo en la faz de un país que comprobó la degradación del régimen militar. Y empezó a combatirlo con más fuerza.

Una vida así merece ser contada, insistía desde hace rato Stella Mejía de Spadafora, la segunda esposa del papá de Hugo, Carmelo Spadafora. Dar con un autor que escribiera su biografía fue la tarea que asumió la familia. La misma familia que no se cansó de pedir justicia.

Amir Valle, escritor premiado y periodista cubano radicado en Berlín, presentó días atrás la biografía novelada Hugo Spadafora, bajo la piel del hombre. Primer libro que el sello Aguilar publica en Panamá. Valle habla aquí sobre la obra.

 

Amir, ¿cuándo escuchó por primera vez de Spadafora?

Lo conocí por menciones. Si recuerdas, Cuba tuvo una participación muy grande en el fomento de los movimientos de liberación en Latinoamérica, como el sandinismo [Nicaragua] y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional [El Salvador]. En los libros que en Cuba se escribieron al respecto siempre se hacía mención de Hugo, uno de los comandantes de la primera etapa del sandinismo.

Una segunda referencia me llegó cuando comencé a investigar sobre la prostitución y el surgimiento de bandas de narcotráfico en Cuba. Hugo fue uno de los primeros en denunciar el narcotráfico en América Latina.

 

¿Cómo lo contacta la familia Spadafora?

Ellos buscaron por mucho tiempo a un autor panameño. Cuando optaron por un extranjero, contactaron a Héctor Abab Faciolince [colombiano] que les dijo que conocía a un periodista que podría estar interesado porque había investigado sobre el tema de las drogas y tenía algunos libros históricos: ese soy yo. Me plantearon la idea. Les dije que lo haría con la condición de escribir la biografía con el material que encontrara, y que ellos tenían que estar conscientes de que se trataba de una figura polémica. Estuvieron de acuerdo. Me dijeron: queremos que no se pierda su memoria.

 

¿Cómo se recrea la vida de alguien que casi es una leyenda?

Por eso escribí una biografía novelada. Busqué las anécdotas de su vida. Así, empezó a aparecer el tipo amoroso con sus hijos, pero en ciertos momentos irascible con otros. El bromista, pero dispuesto a apostar su vida por sus ideales. Capaz de actos heroicos que pueden parecer errores.

 

¿Cuántas entrevistas hizo?

222. Había días en que hacía 4 y 5 entrevistas de 2 y 3 horas. Entrevistas cara a cara en Panamá, Costa Rica, Italia y Washington, y por otras vías en otros varios países. Con su hijo Hugo hablé vía Skype, en Houston. Cada hecho que menciono en el libro está verificado por dos testigos más. Es importante aclararlo porque a veces la gente piensa que la biografía novelada no tiene veracidad histórica. Había gente que se inquietaba porque yo insistía en preguntar si ese día hacía calor o llovía. A Arianne le pedí que recordara dónde estaba sentada cuando él la enamoró, si la mesa daba a la calle. Ella me dijo: ¿tú necesitas todo eso? Y sí lo necesitaba.

 

¿Qué hace que un hombre que parecía tener todo estuviera dispuesto a emprender guerras que ni eran suyas?

Él nace en un hogar con los valores de las familias humildes de antes, que se esforzaban para que hijos fueran mejores que ellos, no solo en riqueza, sino en principios. Hugo siempre fue un humanista. Le importaban los valores humanos de una lucha. Por eso apostó por el sandinismo y luego lo rechazó al darse cuenta de que traicionaba los valores humanistas por una corriente comunista impuesta desde La Habana, a través del modelo ruso que a él le parecía antidemocrático.

 

De todas sus facetas ¿cuál le sorprendió más?

El Hugo médico. Entrevisté al doctor Ricardo Velásquez con quien fundó una clínica. Pasaron mucho tiempo atendiendo y regalando las medicinas. Y aun cuando a Hugo le decían: vas a quebrar, él seguía haciéndolo, y quebraron. Era capaz de llevar a su casa a una madre con su niño recién nacido si sentía que allí los podía atender mejor.

 

¿Su carisma también le jugó en contra?

Hay una tesis de Guillermo Sánchez Borbón que yo comparto: los enemigos de Hugo habrían querido ser lo que él fue: un médico sin fronteras cuando de eso no se hablaba; un combatiente que estuvo al lado de Amílcar Cabral, que después de Patricio Lumunba es el gran líder de las revoluciones africanas. Y además, parecía un galán de cine. Esa tesis Sánchez Borbón se la aplica a Noriega. Incluso quienes lo adversaron me hablaron de él con admiración.

 

¿Trabajó con algún diario de Spadafora?

Su familia puso en mis manos todos los documentos que tenía. Trabajé con materiales de la primera compañera de su vida, Sandra Cassanelli [una italiana que renunció a ser aeromoza de Alitalia para irse a la guerrilla en la selva africana con él]. Con materiales de Arianne Bejerano, su última esposa, con quien residía en Costa Rica antes de morir, y con documentación que poseía María Elena Acevedo, su segunda esposa y madre de Hugo y Afrique.

 

¿Qué tan difícil fue construir la época de guerrillero en Guinea Bissau y que según Carmenza Spadafora es uno de los capítulos más interesantes del libro?

Él dejó escrita esa parte [en el libro Experiencias y pensamiento de un médico guerrillero ]. A partir de anécdotas que él contó por encima, indagué más. Por ejemplo, él menciona su primer impacto frente a la muerte [en la práctica médica en Guinea Bissau]. Yo hablé con Sandra sobre si él le había comentado al respecto, y también con Stella. Así iba armando la anécdota y verificando.

En Panamá se hizo un encuentro de la Brigada Victoriano Lorenzo, con la que combatió en Nicaragua. Rita Spadafora y yo fuimos. Entrevisté a Edén Pastora y a colegas de Hugo en los dos períodos que tuvo en Nicaragua.

 

¿El libro es sobre toda su vida?

Sí. Arranca con el día de su muerte. Con lo que supuestamente pensó cuando lo estaban matando. Ciertos amigos alguna vez le habían preguntado si él creía aquello de que antes de morir la vida pasa frente a uno en segundos. Él contestaba que podía ser, pero que al morir estaba seguro de que pensaría en sus hijos y en Arianne.

 

¿Dónde sintió más la presencia de Hugo?

En todas las personas que lo recuerdan. Pero sobre todo en San Miguelito, donde atendió como médico, y en el viejo San José, Costa Rica, allí se sentaba a conversar con los vendedores; muchos ni idea tenían de quién era él, el mítico doctor Spadafora.