Mi nombre es polvo, una novela valiente

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 06-10-2025

Con el escritor cubano Antonio Álvarez Gil en Gijón. Semana Negra de Gijón, 2002.

Con el escritor cubano Antonio Álvarez Gil en Gijón. Semana Negra de Gijón, 2002.

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Por Antonio Álvarez Gil

Amir Valle es un reconocido escritor, periodista y crítico literario cubano, domiciliado actualmente en Berlín. Su producción literaria se resiste a ser encasillada en cualquiera de los compartimentos estancos ideados para etiquetar y enclaustrar los textos escritos en prosa. Amir ha cultivado principalmente la novela negra, pero también ha incursionado en el periodismo de investigación, la novela histórica, la problemática social o el ensayo de corte político. Por su producción en estos campos ha obtenido importantes premios y reconocimientos literarios, tanto en Cuba como fuera de ella. Entre estos, quiero mencionar aquí el “Vargas Llosa de Novela”, en la Universidad de Murcia, el Rodolfo Walsh, que otorga la Semana Negra de Gijón a una obra de investigación periodística; y el Novelpol, que premia cada año la mejor novela negra publicada en España. Personalmente, destacaré de esta lista un libro que figura entre los más importantes en la obra de Amir. Se titula Habana-Babilonia. Prostitutas en Cuba, y es una impresionante crónica sobre un grave problema que padece la sociedad cubana actual.

Mi nombre es polvo es un libro diferente a todo lo escrito antes por Valle. ¿Por qué? Pienso que en la respuesta a esta pregunta está la clave de algunos de los aciertos de la novela. Señalaré el primero: en este proyecto Amir se hizo a la vela y abandonó el puerto de la Isla matriz para cruzar el océano e internarse en los procelosos mares del llamado primer mundo de hoy. Sin dejar de ser un libro cubano, su novela es, por eso, un texto universal. ¿Dónde se desarrolla la trama? En un supuesto lugar del mundo, sí; pero ¿dónde? No lo diré, pues esta información se encuentra implícita en la novela, aunque no se regala en las primeras páginas. Por otra parte, a lo largo del libro no se menciona país alguno. Hay que leer, deducir y sacar conclusiones. Y ya sabemos que la polisemia es una de las características del texto literario. Cada cual lo entiende a su manera. Vosotros diréis.

Si hablamos de la trama, podría decirse que esta es una novela sobre un psicópata o, más bien,  sobre una familia de psicópatas. Pero ¿quién es el enfermo? El personaje central, se me dirá. Sí; pero yo me pregunto: ¿Sólo él? ¿Acaso el señor Polvo es la única persona aquejada del síndrome que sufre el tatuador de la ficción? Pienso que no; el mundo desarrollado está lleno de ellos. Si leemos la novela con un mínimo de atención, si reflexionamos sobre ella y la comparamos con la realidad que nos rodea, veremos que, aunque pueda parecernos un tanto exagerada, la respuesta que he dado a esta pregunta no es del todo irracional.

Pero, volviendo a la trama, y sin querer revelarla, podríamos también decir que el protagonista se cree un ser elegido por Dios, y dotado por Él de una extraordinaria capacidad para visualizar el alma de las mujeres hermosas y dejarla tatuada sobre la piel de sus infelices víctimas. Allí quedarán ambas, el alma y su dueña, expuestas a la vista de todos y proclamando al mundo la verdadera esencia de lo que fue su ser.  

Otro aspecto que me gustaría destacar en la obra es la selección del narrador escogido para contarnos la historia. Aquí Amir se vale de la voz de un narrador-protagonista, que está en el centro de los hechos y nos entrega el relato en primera persona. Esto nos ayuda a entrar en su mente y comprender sus motivaciones, sus ansias y sus fobias. Nos ayuda a meternos en su piel, a seguirlo a través de los terribles sucesos que protagoniza. Por este motivo más, durante la lectura permanecemos ansiosos por llegar al desenlace de la narración y enterarnos de cómo Amir resolverá el momento de lo que —lo intuimos desde el principio— será el final de la persona que nos cuenta los sucesos. Este problema técnico, que no es un problema menor en la solución de la trama, está muy bien resuelto por el autor.

La novela ha sido concebida como un conjunto de relatos hábilmente cosidos alrededor del personaje central —y aquí me repito— que es quien los cuenta. Este es un hombre que padece además una misoginia total y un desmesurado delirio de grandeza que lo lleva a sentirse superior a la gente que lo rodea. Pero es también el narrador ideal para contarnos este tipo de trama. Y esta acertada correspondencia entre forma y contenido en la novela nos hace verosímil una historia con un profundo conflicto social, que, de otro modo, se habría quedado girando en la órbita de la literatura fantástica. Aquí, durante el devenir de los acontecimientos, podemos ver —y hasta sentir— otro conflicto mayor, este de carácter social, entre un individuo que es un narcisista enfermo de egolatría y una sociedad que tendría mucho que aprender y analizar tras una lectura profunda de este libro. Por otra parte, y como no podía ser de otro modo, estos relatos sobre las víctimas obedecen siempre a motivaciones perversas del “ser elegido”, como se califica a sí mismo el enfermo mental que protagoniza la novela.

Con Antonio Álvarez Gil y su esposa, la también escritora, Galina Álvarez. Presentación en Guardamar del Segura, Alicante, España, de las novelas "La tentación y la fe", de Álvarez Gil, publicada en Ilíada Ediciones, 2021.

Con Antonio Álvarez Gil y su esposa, la también escritora, Galina Álvarez. Presentación en Guardamar del Segura, Alicante, España, de la novela «Una mujer no propensa a las aventuras» (Galina Álvarez) y «La tentación y la fe» (Antonio Álvarez Gil), publicadas en Ilíada Ediciones, 2021.

Me detendré un instante en los momentos que recrean el conflicto vital de la joven llamada Gresly y que, en mi opinión, destacan sobre el resto por la acertada construcción del personaje y la crudeza del drama existencial que le ha tocado vivir a la muchacha. Con su relato, esta curiosa novela alcanza altísimas cotas de belleza plástica y tensión dramática. Y lo más importante, se clava como una saeta en el corazón del lector, que acusa el impacto y se deja arrastrar por la ficción, hasta que en cierto momento de la historia puede incluso abrigar la peregrina esperanza de que la novela dará un vuelco y la infortunada Gresly terminará cambiando el alma del protagonista y el destino de toda la saga. Es, desde luego, una pompa de jabón que se rompe con el final de este particular relato.

Mención aparte merece el ángel de la guarda, una especie de mentor espiritual del señor Polvo que ha bajado del cielo con la tarea de acompañar al protagonista, protegerlo en las situaciones difíciles y proporcionarle a Amir un buen punto de apoyo para alumbrar posibles zonas oscuras en la mente del lector, o del propio señor Polvo. Este es, por cierto, un claro y merecido homenaje a los grandes maestros que en su momento enriquecieron la Literatura universal con la corriente conocida como Realismo Mágico Latinoamericano. La aparición en la trama de este “ceniciento” y travieso ángel le proporciona  a Amir un valioso recurso para salir adelante en ciertos momentos clave de la historia. A través de las conversaciones del señor Polvo con su alado compinche, sabemos que se relacionan en la mítica “lengua de los ángeles”, vía de comunicación que usan estas celestes criaturas en su relación con ciertos humanos “elegidos”, como el protagonista de la novela. En cualquier caso, en estos diálogos se maneja gran cantidad de información concerniente a la trama y que, de otro modo, nos quedaríamos sin conocer.

Pero la mayor virtud de la novela es la prosa con que está escrita. No se trata de una prosa cualquiera. Es un lenguaje culto, estructurado con esmero y salpicado de vez en cuando con alguna que otra palabra soez —como en toda buena familia—; un lenguaje que nos ilustra y nos hace más sabios, que nos alumbra espacios que un día estuvieron oscuros y que ahora conocemos mejor, quien más  quien menos, como todo en la vida. Leyendo este texto nos queda la impresión de que buena parte de la obra precedente de Amir ha sido un camino hacia esta prosa y esta manera de narrar. No sé si será un presagio o un reto para los libros suyos que restan por venir. Lo cierto es que lo escrito, escrito está.

Quienes se lean esta novela saldrán de ella con ese buen regusto que nos deja siempre la literatura de calidad; pero también, cómo no, con la sensación de haber conocido de primera mano algunas de las cuestiones cívicas y morales que preocupan al autor. Y esto, os lo aseguro, se lo agradeceréis siempre a Amir.

Guardamar del Segura, agosto de 2025

Mi nombre es polvo, una fascinante novela de Amir Valle

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 11-09-2025

Con el escritor e historiador Gabriel Cartaya, en Tampa, Junio de 2025.

Con el escritor e historiador Gabriel Cartaya, en Tampa, Junio de 2025.

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Por Gabriel Cartaya

Enmendar el mal que hay en el mundo es la mejor tarea que le asigna Cervantes al Quijote, cuando escribía una obra que, sin saberlo, abriría las puertas a la novela moderna y que, tantos siglos después, sigue siendo un paradigma narrativo. ¿Por qué aludo al libro más citado en nuestro idioma para unas notas sobre Mi nombre es polvo, la novela que recientemente el escritor cubano Amir Valle ha puesto en nuestros ojos? Seguramente, porque en muchas de sus páginas encontré una cruda disección de la sociedad en que vivimos. Inmerso en ella, el tatuador de Amir no se propone “desfacer agravios” o “enderezar entuertos” como El Quijote, pero, desde la mente también perturbada que le otorga el autor, los devela a través de un señalamiento en que el incesto, la depravación sexual e incluso el crimen, se ocultan detrás de una supuesta pasión artística que se ejerce ante la confabulación de ángel y humano, poniendo en evidencia -juzgando- estructuras sacras y profanas de la sociedad.

Ya muchos han comentado acerca de su riqueza. “Una obra mayor (…) que muestra la absoluta e indiscutible madurez literaria de este escritor fundamental en las letras cubanas”, anotó el escritor alemán Peter Faecke. En una “una universalidad lingüística que muestra la maestría de un narrador” se fijó Manuel Vázquez Portal, tan buen poeta como narrador.

Otros, reconocidos los valores literarios de esta apasionante novela, se han asomado a la severa crítica a la sociedad inmersa en esas páginas, al presentar actitudes humanas de una depravación llevada hasta la hipérbole, según el crítico y narrador Fernández Pequeño, quien se pregunta: ¿No es posible encontrar diáfanas semejanzas entre el carácter desquiciado que Amir teje en su novela y lo que vemos por todas partes? ¿Qué diferencia hay, a fin de cuentas, entre la actitud del personaje y la de esas hordas dopadas por las causas ideológicas extremas o por la voz de un líder mesiánico, que arremeten contra sus semejantes como si estos carecieran de dignidad humana o como si sentir piedad ante el dolor ajeno fuera una debilidad inaceptable?

Es lo mismo que llama la atención al escritor Sindo Pacheco: “Su lectura nos hace aprehender que el interior del ser humano actual, ese pantano nebuloso —bajas pasiones, vicios, avaricias, maldad, egoísmo— en lo único que se diferencia del que poseía el hombre de las cavernas es en su capacidad, exponencialmente superior, de hacer daño a los demás”.

Es natural que el protagonista de la novela –el tatuador perturbado mentalmente– despierte esa aversión. Desde sus ancestros, está marcado con un sello diablesco, aun cuando un ángel le acompañe. En esa antítesis, cielo-infierno, se imantan las bajas pasiones que afloran en el tatuador, en las mujeres que finalmente mueren asesinadas bajo su aguja enfermizamente sexualizada y en escalas de la sociedad en que la corrupción, el poder, la riqueza, la envidia y la arrogancia ejercen una devastadora primacía.

Al destapar esas conductas en medio de disquisiciones filosóficas, ideológicas, religiosas o de diversos campos teóricos, aún hiperbolizadas, el autor llama la atención hacia una corriente tenebrosa del comportamiento humano que, al sacarlo a la superficie, se hace extirpable. El tatuador desaparece y aunque vuelve al polvo –en las novelas de Amir no hay finales felices– hay un mensaje al mejoramiento humano: Osiris, la última mujer, es superior a las víctimas precedentes; en el fondo del túnel hacia la muerte hay una luz.

La sociedad que describió Cervantes también era corrupta. “Agora ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud” dice El Quijote, también con una mente trastornada. En cierto momento, Jorge Luis Borges comentó que se puede escribir otra vez el Quijote con las mismas palabras que utilizó Cervantes, pero dándoles el significado que esas palabras tienen en la actualidad.

De alguna manera, Amir lo muestra en Mi nombre es polvo: desnudar vicios incorporados desde los individuos a la sociedad en que vivimos, o de la sociedad hacia los individuos, lo que explica que, a tantos milenos de civilización humana, las noticias de cada día estén repletas de crímenes, violaciones, abusos, racismos, pedofilia, xenofobia y mucho de la podredumbre que la novela de quien es también periodista informado, pone al descubierto desde la conducta de su (de)generado tatuador. Desde la antigüedad hasta nuestros días, se han escrito miles de páginas que, desde la crítica social, la psicología crítica u otra rama cercana a la sociología, intentan explicar los niveles de enajenación y envilecimiento a que es capaz de llegar el ser humano, al extremo de justificar el aniquilamiento de sus semejantes (Hitler frente a los judíos es solo un ejemplo).

Sin embargo, una obra literaria, como la que Amir Valle pone en nuestras manos bajo el título Mi nombre es polvo, desnuda esa enajenación mediante una trama en que el disfrute de la palabra, la riqueza metafórica, la complicidad erótica, la exaltación del misterio y el encantamiento sobrenatural, provoca alinearnos con el bien, con la enorme belleza que se agranda detrás del bosque donde se hunde el tatuador.

La novela de Amir no quedará en el polvo, por la maestría con que desentraña la complejidad, la magia y la belleza del eterno vivir de los seres humanos.

Polvo de su nombre y otras derivaciones

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 10-08-2025

Enmanuel Castells Carrión, autor de esta reseña sobre "Mi nombre es polvo"

Enmanuel Castells Carrión, autor de esta reseña sobre «Mi nombre es polvo» regala a Amir Valle una de sus fotografías cubanas: la placa de la casa en Zaragoza adonde emigró José Martí en su primer destierro a España.

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Por Enmanuel Castells Carrión

Julio Cortázar solía comparar la diferencia que existe entre el cuento y la novela refiriendo su impacto en términos boxísticos. Aludía que el cuento, por su brevedad, debía agarrarnos en la primera linea y soltarnos en la última pulverizando y alterando nuestro sentido emocional como un nocaut de primer round; mientras la novela se podía permitir ciertas licencias, giros, pausas, flash back, etc…y hacer de ello un largo combate sobre el cuadrilátero.

Mario Vargas Llosa, en cambio, a modo de ofrecer un manual fácil de atrapar lectores, decía que una novela podía tener éxito si le inyectabamos sexo, intriga y misterio, suficientes elementos para despertar cualquier nivel de curiosidad, siempre y cuando la historia elegida no pecara de burda banalidad.

El escritor y periodista cubano Amir Valle Ojeda, con su más reciente novela «Mi nombre es polvo», parece dignificar tales alegatos, pero a su vez, los desmitifica, supera esos credos y produce (y logra) un hechizo de tal magnitud de fascinación que, atrapados desde la mismísima nota inicial (origen y motivación del cuerpo de la novela) establece a lo largo del combate de 325 páginas, una sucesión de imparables escenas, sucesos, datos y revelaciones como un púgil exitoso dando jacks continuos al mentón, hasta lograr propiciarnos el nocaut definitivo en el punto final.

«Mi nombre es polvo» está generando un inquietante e inesperado agasajo a nivel internacional. Su autor, anclado en Alemania hace 20 años, vuelve a una palestra de popularidad global semejante a la que le produjera, en su momento, su más célebre best sellers «Habana Babilonia». Con el texto reciente, más de una veintena de opiniones y valoraciones críticas altamente positivas lo catapultan y colocan a la altura de un Herman Hesse, de un Thomas Mann o del propio Goethe -segun Manuel Vázquez Portal-

La dualidad BIEN Y MAL que ha marcado a la humanidad desde la era paleolítica, cobra en esta novela un matiz de mayor cuestionamiento dada la riqueza y el diseño del perfil de su protagonista principal – el Tatuador, un artista contemporáneo, egocéntrico, enfermo de tal autosuficiencia que se mofa de estar asistido por entidades espirituales que le permiten crear obras de arte sobre la piel de sus víctimas con la misma febrilidad con la que Miguel Ángel Bonarotti logró cubrir el techo de la Capilla Sixtina-

Es justo subrayar que las loas bien colocadas a la novela por especialistas y lectores, celebran no sólo el contenido fabulativo de «Mi nombre es polvo», sino que lo ven como una vuelta a los orígenes escriturales de Amir, separado momentáneamente de su toga más famosa que carga sobre sus hombros como un novelista de temas político-cubano. Pero cuidado con las deliberaciones y las comparaciones. Amir Valle no sólo es un narrador de estandarte y oficio mayúsculo a nivel mundial; no sólo es un Máster fabulador creador de cualquier mundo onírico existencial reslista filosófico físico terrenal surrealista o fantástico; es también un periodista de hondura investigativa y obsesión precicista ante cualquier dato que obtiene en sus búsquedas. Sea político el tema, de corte lacerante social, cristiano o de fotografía, su escritura siempre está salpicada de una ficción necesaria y hasta autobiográficas que le permite mover sus fichas como se mueve el pez incluso dentro de una limitada pecera. No considero un regreso a ningún origen. Hay un apuntalamiento vertical, crecido y sostenido del inmenso escritor que es, ahora que está cerca del sesenta cumpleaños, cuyo camino inició en la mocedad de los dieciocho, y la evidencia de un talento natural para las letras ha llenado su anaquel personal con más de 30 títulos con su nombre.

Mientras lees «Mi nombre es polvo» no sólo estás siguiendo el pulso de una historia que a ratos parece asfixiante por su entramado narrativo in cressendo, por la secuencia de asesinatos y la maquiavélica postura desaforada de su protagonista; sino que te preguntas cómo su autor, de una convicción total en su fe cristiana, logra descender (y llevarnos con él) a las profundas aguas del infierno que resulta ser la psiquis humana y su delirante arbitrariedad a tenor de la consecuencia de sus actos. He ahí el plus mayor de esta monumental obra que nos salpica en muchas de sus partes y que redondean el magisterio narrativo de su autor en la estructura con que están escritas estas páginas de horror y delirio, de misticismo y enigmas esotéricos, de angelitud y arrepentimiento, de sadismo, impiedad y un siniestro velo de ternura. ¿Cómo puedes lograr ser Dante Alighieri en esas oscuras aguas sabiéndote discípulo del Arcángel Gabriel? sería mi pregunta.

La novela que aparentemente es lineal, poco a poco nos va tirando hacia un estructura cerrada, de afuera hacia dentro y viceversa -como un mapa de detectives lineando la ruta de un asesino en serie- Me recuerda por momentos a «Conversación en la Catedral» de Vargas Llosa, (un epicentro como punto originario de los cuatro puntos cardinales, por ende, semilla espiritual de una existencia) me lleva a «El Aleph» o «El jardín de los senderos que se bifurcan» de Borges, (el tiempo, el destino, la infinitud) a «Siddhartha» de Hesse, (la iluminación, la búsqueda de la verdad, la naturaleza efímera de la existencia) incluso «La montaña mágica» de Thomas Mann (la gran exploración de la condición humana, sus profundas complejidades existenciales y la elección de sus actos conscientes o no, en detrimento de su evaluación moral)

«Mi nombre es polvo» es una vastísima y bellísima metáfora que deviene en espejo sin afeites de nuestras más crudas verdades acerca de nuestro comportamiento y los sentimientos de culpa o no que derivamos de ello. Se vuelve circular como de seguro ha de ser el ciclo espiral por el que ascendemos al cielo, y en esa ida-retorno, retorno-ida nos encontramos muchas veces cara a cara con el demonio que somos desde la caverna del cromañón hasta la infinita luz de la existencia cuántica que nos espera en los brazos de Dios…digo, si somos dignos de ese hermoso regalo.

Zaragoza 10. Agosto. 2025, 18:10 hrs

Un viaje a la oscuridad del alma humana

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 10-08-2025

Alberto Sicilia lee sus palabras de presentación para la novela «Mi nombre es polvo».

Alberto Sicilia lee sus palabras de presentación para la novela «Mi nombre es polvo».

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Palabras de presentación
LA SOCIEDAD MACEO-MARTÍ
Tampa, 28 de junio de 2025

 

Por Alberto Sicilia

Prepárense para una inmersión perturbadora y fascinante en la mente de un genio. Con «Mi Nombre es Polvo», Amir Valle nos desafía a explorar los rincones más retorcidos de la psique, presentándonos a un narrador cuyo inventario de horrores trasciende la confesión para convertirse en una incesante búsqueda filosófica de respuestas. Esta indagación existencial, enmarcada en la oscuridad más profunda, evoca la angustia y la introspección que encontramos en «Crimen y Castigo» de Dostoievski.

El narrador deambula entre la malignidad, la estética y la obsesión, acompañado por su «ángel», una suerte de alter ego con el que dialoga constantemente, revelando una dualidad que transita de la sabiduría al cinismo. Esta representación de una mente desdoblada, con un diálogo interno entre la razón y la locura, nos remite a «El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde». Además, la cruda visión del autor sobre la maldad inherente en el ser humano actual, habitando un «pantano nebuloso» de bajas pasiones y egoísmo, resuena con la distopía de «El Señor de las Moscas» de Golding, donde la civilización se desintegra para dar paso a la brutalidad primigenia.

Lo que eleva a este narrador más allá del ente criminal es su impulso artístico y obsesivo. ¿Usa a sus víctimas solo para saciar deseos básicos, o busca en sus confesiones y en el acto mismo del tatuaje la materia prima para alimentar su vanidad y una peculiar forma de arte? Esta pregunta nos conduce directamente al universo de Huysmans y su obra «Al revés», donde la fascinación por lo artificial, lo singular y lo perverso se convierte en fuente de placer intelectual. Al igual que en «El retrato de Dorian Gray», la corrupción del alma se manifiesta a través de una obra de arte, reescribiendo la vida a través de la perspectiva del verdugo.

El énfasis en el cuerpo, la piel y el acto de «pinchar sobre la piel, descubriendo paisajes ocultos», establece un vínculo ineludible con «El Perfume: Historia de un asesino» de Patrick Süskind. Así como Jean-Baptiste Grenouille perseguía el aroma perfecto, el narrador de Valle transforma la piel en un «lienzo», un «espacio a conquistar con el color y las imágenes», revelando una depravación sensorial que deshumaniza al otro para fines artísticos.

Amir Valle no solo nos ofrece una exploración profunda del personaje, sino que también innova en la forma. Su técnica narrativa juega con el tiempo y la perspectiva, aludiendo a un narrador omnisciente con un giro personal, remitiéndonos a la complejidad de la metaficción y a la maestría con la que autores como William Faulkner entrelazan temporalidades y voces.

Como bien apuntó Sindo Pacheco, el dominio del lenguaje es uno de los protagonistas principales de la novela. Su estilo «meticuloso que colinda con el barroco» puede resultar desafiante al inicio, pero a medida que avanza la trama, sumerge al lector en una «danza melódica, en un baile filosófico, científico, sexual, metafórico, acerca de la condición humana». Este uso del lenguaje como herramienta de revelación conecta con la prosa densa y evocadora de grandes autores hispanoamericanos como Vargas Llosa, Octavio Paz y Alejo Carpentier, entre otras resonancias. Toda referencia intertextual apunta a la excelencia de esta obra de madurez.

«Mi Nombre es Polvo» es una novela que, a través de la exploración de horrores y su innovadora voz narrativa, nos invita a confrontar las profundidades del alma humana. Nos recuerda la compleja relación entre creador y criatura, donde el personaje se impone a la voluntad del autor, como en la figura del Frankenstein de Mary Shelley.

Sería largo enumerar tantos hallazgos en cada página de esta novela, que de manera definitiva confirman el dominio del oficio alcanzado por el autor y su entrada triunfal en la Biblioteca de los Imprescindibles.

Esta noche no se trata de examinar, exaltado, cada fuente y cada evocación, sino de invitarlos a disfrutar de la lectura y, quizás, a llevar un buen obsequio para algún amigo o familiar.

Y yo —les confieso— siento una doble envidia: por no haber escrito esta fascinante novela y por no poder leerla esta noche por primera vez, como ustedes. Porque hay libros que nos hechizan desde la primera línea; libros que uno no puede soltar… y libros que uno no quiere que terminen jamás. Este es, sin duda, uno de ellos.

El polvo que ojalá no seamos

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 10-08-2025

José M. Fernández Pequeño lee sus palabras de presentación para la novela «Mi nombre es polvo».

José M. Fernández Pequeño lee sus palabras de presentación para la novela «Mi nombre es polvo».

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Palabras de presentación
CUBAOCHO Museum & Performing Arts Center
Miami, 21 de junio de 2025

 

Por José M. Fernández Pequeño

Conozco a Amir Valle desde que comenzó a traficar con palabras y a colocar sentidos allí donde inquietaban. Hizo parte de una promoción que por los años ochenta asaltó los mustios jardines literarios cubanos a ritmo de conga, una formada por bocú, campana y trompeta china, bien entusiasta aunque a ratos amarga… Fue tal el ímpetu y el espíritu cuestionador con que empezaron a manifestarse aquellos chicos, que un amigo e inolvidable escritor me advirtió alguna vez: Esta es una promoción de escritores parricidas. Cuestión de momento, pienso yo después de tanto exilio y distancias. Hoy sé, por ejemplo, que hace cuarenta años Amir y yo, a pesar de la diferencia en edad y experiencia cultural, vivíamos el mismo esencial cruce de caminos: los dos andábamos en busca una voz narrativa propia. Y si ahora mismo echo una mirada a lo andado, puedo afirmar que la mayor parte de mis compañeros de viaje literario pertenecen a esa promoción: Sindo Pacheco en Miami, Alberto Garrido en Santo Domingo, León Estrada en Santiago de Cuba, Odette Alonso en la Ciudad de México, Rafael Vílchez en España y Amir Valle en Berlín, entre muy pocos más.

De ahí mi alegría por esta tarde en la emblemática Pequeña Habana para presentar la novela más reciente publicada por Amir, Mi nombre es polvo. Es una alegría doble: por los años de amistad coleccionados y porque la novela solo se conecta con la tragedia cubana al nivel de muy sutiles (y por eso penetrantes) generalizaciones representacionales. Me confieso ahora mismo sobrepasado por esa marea de realismo narrativo, a veces percudido y otras innecesariamente asqueroso, que insiste una y otra vez en ganar lectores y mercados ilustrándonos con más tesón que buenas armas narrativas sobre las acrobacias amatorias de las jineteras o las guaperías necesarias para sobrevivir en ese barrio de orillas que es la Cuba de hoy. Un realismo mal publicado como literatura e igual de desolador que el decadente sistema político en la isla donde nacimos.

La novela de Amir se entrega a otras andaduras literarias. Es un texto morosamente reflexivo, que no duda en ir y venir constantemente entre lo narrativo y lo ensayístico, incluso en echar mano por aquí o por allá a la crónica y al discurso investigativo cuando sirven a su interés de poner en cuestión un amplio registro de asuntos raigalmente humanos: el sentido de la vida y de la muerte, el bien y el mal, la esencia del arte y sus funciones, el pensamiento religioso y los cultos, sean estos institucionalizados o no… lo humano y lo divino, dicho sea de un solo golpe. Y para que el cuestionamiento de la novela detone una mayor carga corrosiva, el autor ha escogido una focalización in extremis: su narrador es un artista del tatuaje que afirma entender la lengua de los ángeles y se designa elegido para desplegar la que cree es su más raigal capacidad creativa: llegar hasta el alma de ciertos seres humanos. Es decir, el tatuaje no como un acto que modifica el cuerpo primigenio, ni menos como un intento de ofrecer máscara, sino todo lo contrario: tatuar como el acto de exorcismo capaz de usar la materialidad de la piel para representar (equivalente en este caso a extraer) el espíritu de ciertas personas.

Los primeros comentarios a la salida de Mi nombre es polvo insisten en que se trata de una novela diferente a las anteriores escritas y publicadas por Amir Valle. La afirmación es cierta, pero tiene también su costadito inexacto. El texto comparte una de las características más notables en la narrativa escrita por el santiaguero devenido berlinés: es profundamente oportuna o, dicho de otro modo, establece un diálogo instantáneo con el presente en que emerge. Veamos el caso con la síntesis que una presentación como esta exige.

El protagonista-narrador de la novela es un ser desquiciado en tanto se aísla de la cultura entendida como el conjunto de códigos que permiten comunicarse entre sí a los seres humanos y, por supuesto, pertenecer, concertarse consciente o inconscientemente para convivir y adelantar objetivos en medio de un clima respetuoso. Esta es su perspectiva:

Tatuaba sin pensar. Convertido en un autómata. Marioneta guiada por esos hilos secretos que tejían las palabras del alma y me obligaban a pinchar sobre la piel, descubriendo paisajes ocultos que (…) me permitían transportarme a mundos recónditos, ámbitos vírgenes, escenarios siniestramente tétricos o cautivadoramente edénicos. La muerte no contaba. No existía siquiera. Importaba el lienzo de la piel, los retos de sus ondulaciones, el espacio a conquistar con el color y las imágenes. Los descubrimientos. El asombro. El estupor. La sorpresa. El susto perenne ante cada cuerpo desnudo.

Importaba únicamente esa que él entiende como su misión de artista elegido, el solipsismo extremo que lo lleva a considerar sus pensamientos como única realidad atendible y lo hace inmune a cualquier sentimiento de piedad o empatía. Por eso el personaje no se siente conmovido por el dolor de las mujeres a quienes tatúa, por eso no experimenta remordimiento al raptarlas, violarlas y asesinarlas, por eso son irrelevantes para él la ética o los complejos sistemas simbólicos elaborados por la cultura humana, de los cuales se burla encaramado en la atalaya de una pretendida superioridad y una conciencia muy firme de que todo lo existente ha sido puesto ahí con el único propósito de que él logre aquello que considera su obra maestra.

Si vamos de la representación literaria, necesariamente tocada por la hipérbole, hasta nuestro presente, ¿no es posible encontrar diáfanas semejanzas entre el carácter desquiciado que Amir teje en su novela y lo que vemos por todas partes? ¿Qué diferencia hay, a fin de cuentas, entre la actitud del personaje y la de esas hordas dopadas por las causas ideológicas extremas o por la voz de un líder mesiánico, que arremeten contra sus semejantes como si estos carecieran de dignidad humana o como si sentir piedad ante el dolor ajeno fuera una debilidad inaceptable? Siendo el narrador de Mi nombre es polvo un ser aquejado de solipsismo, la focalización de la novela será igualmente solipsista, sobre todo en la primera mitad, donde cuesta trabajo sentir los conectores entre el personaje y la vida social que le rodea, al tiempo que intuimos a ratos la existencia de un sobrenarrador moviéndose entre las palabras del protagonista, de una voz difusa que bien podría pertenecer a su harinoso ángel de compañía, al autor, o a ambos… Sea como fuere, las voces así machihembradas nos ofrecen una imagen dantesca del individuo unilateral, al tiempo que dejan en el aire una idea tan antigua como imprescindible: el talento, la inteligencia y la habilidad solo constituyen valores si se rigen por una ética madura y comparten los mediadores culturales que dan coherencia al hombre en sociedad.

Ahora mismo, mientras en diversas zonas del planeta los misiles bordan el cielo con su resplandor de muerte y en las redes sociales un ejército de obcecados festeja la delación, el maltrato y la exclusión de personas tan parecidas a ellos que bien podrían ser ellos mismos, resulta más que oportuna la propuesta de Mi nombre es polvo para regresar al debate de los misterios que nos explican como seres humanos, mientras alerta sobre el destino del individuo unilateral que, oculto tras la comodidad de sus anteojeras solipsistas, comienza por negar a los demás y termina negándose a sí mismo. Porque, no lo duden un solo segundo, el enloquecido tatuador de esta novela no hace otra cosa que buscarse en el interior de los demás… inútilmente, por supuesto.

Porque es siempre una felicidad compartir espacio con Sindo y Amir luego de tantos años y camaradería, concluyo mi comentario convocando a otro de los imprescindibles compañeros de viaje para nosotros tres. Entregado al recuerdo de quienes sufrieron con él las UMAPS, aquellos campos de concentración en Cuba, el poeta y narrador Félix Luis Viera escribe: “A los que aún están, a los descendientes de los que ya no están, llegado el momento, tengamos con quienes corresponda la piedad que ellos no tuvieron con nosotros.” No veo más camino transitable que esa piadosa justicia; lo otro, como demuestra Amir Valle en su novela, lo otro es el polvo

Mi nombre es Polvo: Tatuajes de la condición humana

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 10-08-2025

Sindo Pacheco lee sus palabras de presentación para la novela "Mi nombre es polvo".

Sindo Pacheco lee sus palabras de presentación para la novela «Mi nombre es polvo».

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Palabras de presentación
CUBAOCHO Museum & Performing Arts Center
Miami, 21 de junio de 2025

 

 Por Sindo Pacheco

Un genio esquizofrénico, émulo de Ted Bundy, de Jack el Destripador, de Peter Kürte o de los más afamados criminales que han pasado por el mundo, es el narrador de esta novela de Amir Valle. Desarrolla su inventario de horrores tratando de apresar lo inapresable, de encontrar respuesta a las preguntas más trascendentes que se ha hecho el género humano a través de los tiempos: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿hacia dónde voy?

Acompañado por su harinoso ángel, una especie de alter ego, al que casi siempre cuestiona, increpa, ofende o irreverenta, este sujeto puede pasar de la sabiduría más acertada hasta el cinismo más espeluznante.

Su lectura nos hace aprehender que el interior del ser humano actual, ese pantano nebuloso —bajas pasiones, vicios, avaricias, maldad, egoísmo— en lo único que se diferencia del que poseía el hombre de las cavernas es en su capacidad, exponencialmente superior, de hacer daño a los demás. 

¿Usaba el asesino a sus víctimas solo para saciar su sexo, su locura, su ego de genio universal de la pintura o del tatuaje…? ¿O acaso también con tal de escuchar sus confesiones y reelaborarlas a su manera, tamizándolas con su deseo irrefrenable de contar, de alimentar su vanidad?

Habría que preguntarle a su “harinoso angelote”, o tal vez a Fray Syles, o escuchar su voz, grabada con la sonoridad metálica de los reproductores.

El punto de vista narrativo de Mi nombre es Polvo se mueve en una especie de ahora que va flotando junto con la trama, con cortos adelantamientos temporales para influirle dinamismo e intensidad al momento; pero sin perder las peripecias de cada una de sus víctimas. El narrador toma prestado el relato de sí mismas —el que ellas supuestamente le refieren—, para luego tamizarlo con el ampuloso poder de sus palabras.

Sin embargo, no hay que dejarse engañar; algunas veces ese punto de vista se desplaza hacia el futuro, hasta una lejanía que solo se conoce al final de la historia y donde el narrador está situado de veras. Únicamente desde allí, desde ese doloroso lugar privilegiado, es que puede proyectar su erudita manera de contar: lo sabe todo de antemano, y eso justifica que consiga aderezar con ello los momentos más cruciales de la historia. Porque es ese, el lenguaje, uno de sus protagonistas principales. Una expresión meticulosa que colinda con el barroco, y del cual el lector no puede desprenderse. Veleidosa armazón de palabras que pudieran aturdir a un descifrador incipiente, pero que, a medida que la trama avanza, lo sumerge en una danza melódica, en un baile filosófico, científico, sexual, metafórico, acerca de la condición humana. 

¿Fragmento de esa prosa?:

Tatuaba sin pensar. Convertido en autómata. Marioneta guiada por esos hilos secretos que tejían las palabras del alma y me obligaban a pinchar sobre la piel, descubriendo paisajes ocultos que —y esto jamás lo podrá entender ningún ángel— me permitían transportarme a mundos recónditos, ámbitos vírgenes, escenarios siniestramente tétricos o cautivadoramente edénicos. La muerte no contaba, no existía siquiera. Importaba el lienzo de la piel, los retos de sus ondulaciones, el espacio a conquistar con el color y las imágenes. Los descubrimientos. El asombro. El estupor. La sorpresa. El susto perenne ante cada cuerpo desnudo (páginas 238-239).

Se sabe que el autor nunca es el narrador de una novela; sino un ente, un intermediario posicionado entre el autor y los personajes. A veces ocurre que uno de los personajes es el propio narrador.

También se sabe que un autor puede disponer de varios narradores, aunque alguno de ellos pueda contar más de una historia. Pues bien, este nuevo narrador de Amir Valle lo ha puesto de verdad a trabajar. Cuánta investigación tuvo que realizar a medida que transcurría la escritura. Cuántos monasterios, bibliotecas, archivos, anaqueles tuvo que recorrer para actualizarse en cuanto a ciencia, religión, filosofía, historia, teología, pintura, humanidades, metafísica…, y llegar a comprender a este sujeto desquiciado, diametralmente subvertido, y poderlo mostrar ante nosotros con esta enciclopédica catedral del horror. Tanta era su maldad —la del cínico narrador—, que no perdonó ni a su propio autor.

Así como don Quijote superó a Cervantes, este narrador elegido por Amir Valle o viceversa, nunca se sabe— también supera a su autor.

Y tal como imagino a Miguel de Cervantes, deslumbrado con aquel caballero de la triste figura, con sus andanzas y desafueros deshaciendo entuertos, retorcido de la risa por sus exabruptos, y sin comprender adónde diablos pretendía llevarlo Alonzo Quijano, así también puedo imaginarme cuánto habrá sufrido Amir, cuánto dolor habrá experimentado siguiendo las pautas de este endemoniado y creído narrador.

Cuánta desgarradura, cuánto sufrimiento al transcribir en el papel tanto cinismo, crueldad, desfachatez, conocimiento, sinceridad, mordacidad, sangre fría. Cuánta lágrima vertida. Porque el autor, aunque sea una víctima también de su propio personaje, como es el caso, siempre siempre, por encima de todas las cosas, lo va a amar hasta el delirio.

Si buscara una palabra para definir esta metáfora de la vida, del tiempo actual y de las miserias humanas, diría que Mi nombre es Polvo es, sencillamente, rotunda. Gracias, querido Amir, por esta obra, situada ya, por derecho propio, en el canon de la literatura cubana, latinoamericana y un poco más allá.

Uno de los primeros críticos de mi obra comenta sobre «El aliento del lobo»

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 12-11-2024

Dos momentos para mí memorables: Castell con mi libro (él en Zaragoza; yo, en Berlín) y en Cuba, años ha, junto al cineasta Fernando Pérez y Ernesto Santana, el día que presenté su primer libro de cuentos.

Dos momentos para mí memorables: Castell con mi libro (él en Zaragoza; yo, en Berlín) y en Cuba, años ha, junto al cineasta Fernando Pérez y Ernesto Santana, el día que presenté su primer libro de cuentos.

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 «El aliento del lobo» y los muros de agua

 Por Enmanuel Castells Carrión

He dudado cómo iniciar esta reseña. No calzo toga sobre mis hombros ni visto traje de crítico literario. Soy, ahora mismo, un hombre común apachurrado que coge calma para oxigenarse y reflexionar sobre aquel pensamiento martiano cuando el hijo más grande de Cuba dijo: «Creo en el mejoramiento humano».

El responsable y no culpable de este estado sobrecogido que me embarga es el escritor Amir Valle Ojeda, quien me ha preguntado mis apreciaciones sobre su libro «El aliento del lobo, la Stasi, el muro de Berlín y la vida de nosotros». Y al término de su lectura en la pág 333, no he hecho otra cosa que quedarme en silencio, pensando, con la vista fija en algún punto del dolor y la admiración. Pareciera que estoy en algun nivel sideral como si fuera un pequeño Dios, rebobinando todo lo leído y paralelamente, viendo la vida de su autor. Leía, y más allá de la revelación de  datos escalofriantes, la reconstrucción y repaso por la historia de una Alemania divida por un muro, y la confirmación fehaciente de cómo el Departamento de Seguridad del Estado Cubano fue el mejor hijo de la Stasi alemana; pensando en Amir meditaba hasta dónde un hombre desterrado, en plena facultad de sus padres, en pleno inicio de vida y formación de su hijo más pequeño, en pleno reconocimiento de su grandeza como autor nacional, pudo soportar estoicamente, él y su esposa Berta Medina, la desgarradura creada sin piedad por un gobierno al que le molestó que uno de sus «hijos favoritos, gracias a las conquistas» removiera en un libro, la llaga del tapeado y álgido tema de la prostitución en Cuba. En viaje por España, de regreso a la isla, Fidel Castro le negó la entrada y ello lo llevó al  frío Berlín, lejos para un siempre impredecible, de los suyos más cercanos y arraigados. Y me preguntaba cómo pudo en esos años aciagos, un hombre de tan fina sensibilidad, sobrevivir con imparcialidad ética vertical, todos los intentos de desmoralización que la policía política de Cuba no ha parado de gestar en su contra. Leer el resto de esta entrada »

Lidia Señarís, escritora y periodista, habla de El aliento del lobo.

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 16-03-2024

 
 

Por Lidia Señarís Cejas
Escritora y Periodista
 
De este libro me lo sé todo… (aquí les cuento un cotilleo)
En mi serie «Libros que veo nacer», de vez en cuando os cuento detalles de algún que otro título, pero este de hoy es muy especial. Aquí sí tengo «la exclusiva». Se trata de «El aliento del lobo. La Stasi, el Muro de Berlín y la vida de nosotros», del periodista, escritor y editor cubano afincado en Berlín, Amir Valle.
He estado demasiado cerca de estas 335 páginas como para emitir un juicio, pero precisamente por eso, ahí va, en cuatro palabras: ¡Vale muchísimo la pena!
Y ahora les cuento cómo nació: Andaba el editor de Anaya, Eugenio Tuya (Nene del Cerro) buscando un libro para el sello Oberon, en ocasión del 35 aniversario de la caída del Muro de Berlín, que se celebra en noviembre de este año. Por si no lo saben, os contaré que Eugenio Tuya es el responsable de las ediciones españolas de éxitos editoriales como «Los ingenieros del caos», «Cómo alimentar a un dictador» y «Nadia Comăneci y la policía secreta. Historias de la Guerra Fría», entre otros.
Como colaboro habitualmente con Anaya y en particular con Tuya, me enteré, y ni corta ni perezosa, propuse a Amir Valle para la tarea, pues sabía de sus investigaciones en la antigua sede de la Stasi y de sus peripecias periodísticas en la Deutsche Welle, amén de su pulso narrativo, ya demostrado en más de 30 libros.
Después de examinar algunos de sus títulos anteriores, estudiar su currículo y conversar con Amir sobre el posible enfoque del proyecto, Tuya me llamó y me dijo:
― Vale, este libro es de Amir Valle, pero con una condición: te encargas tú de la corrección de estilo.
― ¿Yo? Pero tú sabes que prefiero la ciencia y el arte a la política… Además, Amir es mi amigo y un escritor con pedigrí, tendría que leerlo con lupa y llevarlo estrictamente «contra la pared».
― Por eso mismo. Muchos autores que nunca habías ni visto, te aprecian, a pesar de que los llevas «a la una, mi mula, y a las dos, mi reloj…». Así que este, con más razón, no va a empezar a odiarte ahora. En todo caso, ese siempre es el riesgo.
Y allá que fuimos. Este mundillo literario es letal. Pero por el camino descubrí algo sorprendente: Amir, quien (como el que más) a veces exhibe su ego de escritor, sobre todo cuando lo atacan, mostró una humildad y una paciencia sin límites ante todas mis sugerencias y las del editor. El resultado (gracias a su talento y oficio): un gran libro. No sólo por su detallada información y documentación, sino por el estilo narrativo ágil e imaginativo con que está contado, por su humanidad y también por esa impecable factura editorial y gráfica, tan característica de Anaya.
Pueden no creerme. Pensar que estoy arrimando el ascua a mi sardina. Pero eso tiene fácil solución: ¡Léanlo! Y ya me dirán.
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Por cierto, como siempre, mi gratitud no sólo a Tuya, sino también al equipo: Celia Antón, con sus portadas y mi querida Claudia Valdes-Miranda Cros en la maquetación.

Vargas LLosa reflexiona en El País a partir de mi libro sobre la censura en Cuba

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 17-07-2022

Mario Vargas Llosa me escribió este martes, 12 de julio, para darme una alegre sorpresa sobre la lectura que hizo de mi libro «La estrategia del verdugo. Breve panorama de la censura cultural en Cuba«. Decía en su carta: «Querido Amir: Escribí la próxima Piedra De Toque (saldrá el domingo) después de leer tu libro que, espero, encuentres a la altura de tu ensayo. Aunque se te deslizaron algunas repeticiones, creo que es un excelente libro y merecía salir en El País». 

Hoy, domingo 17 de julio, acabo de leer su columna y me siento premiado: Que un escritor de su altura tome mi libro como base para reflexionar sobre los atentados contra las libertades de creación en Cuba y el mundo, cada vez más comunes en los tiempos que corren, es para mí un gran premio. Leer el resto de esta entrada »

Ignacio Cárdenas Acuña: un clásico eterno de la novela negra cubana

Publicado por Amir Valle | Publicado en De Literatura | Publicado el 26-09-2021


No hay en la novela negra cubana un autor más “negrocriminal” que Ignacio Cárdenas Acuña. Y entiéndase algo: esa etiqueta, “negrocriminal”, es la denominación más recurrida por los críticos al diferenciar términos utilizados anteriormente, como “novela de intriga”, “literatura policiaca”, “novela detectivesca”, entre otros. Porque al término “novela negra”, acuñado a partir de ese universo narrativo creado en sus obras por clásicos como Dashiell Hammett o Raymond Chandler, la crítica literaria suma dos nuevos ingredientes: “lo negro social” (es decir, esos mundos oscuros, marginales, delincuenciales por necesidad de supervivencia, que gravitan en ciertos sectores de la población) y lo “criminal moderno” o simplemente “criminalidad” (clasificación técnica surgida de los estudios criminológicos en las sociedades actuales, donde el crimen forma parte cotidiana del comportamiento de esas sociedades). Leer el resto de esta entrada »