{"id":40,"date":"2010-06-12T17:25:50","date_gmt":"2010-06-12T16:25:50","guid":{"rendered":"http:\/\/amirvalle.com\/wordpress\/?p=40"},"modified":"2013-02-18T19:09:36","modified_gmt":"2013-02-18T19:09:36","slug":"la-polvorienta-y-orgullosa-cara-de-america","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/publicados-anteriormente-en-amirvalle-com\/la-polvorienta-y-orgullosa-cara-de-america\/","title":{"rendered":"La polvorienta y orgullosa cara de Am\u00e9rica"},"content":{"rendered":"<p>Siempre que converso con un emigrante latinoamericano sobre eso que Jos\u00e9 Mart\u00ed llam\u00f3 \u201cnuestras tierras de Am\u00e9rica\u201d, tengo la sensaci\u00f3n de estar hablando de un rar\u00edsimo animal milenario, marcado por las heridas profundas de las guerras que ha sostenido durante siglos, siempre receloso, triste, y cubierto por esa p\u00e1tina gris que s\u00f3lo deja el polvo viejo.\u00a0 Pero no hay nada que haga pensar en la muerte del animal, que conste, pues siento como si all\u00e1, agazapado en ese sitio de nuestra geograf\u00eda mental de donde lo rescatamos cuando hace falta, estuviera respirando con aquella misma tranquilidad con la que respiran, en Am\u00e9rica Latina, esos indios ancianos, ya ciegos, que portan en su memoria la m\u00edtica historia de nuestros or\u00edgenes.<\/p>\n<p>Un continente de migraciones. Un continente paria. Una zona de nuestro Planeta donde el nomadismo y el esp\u00edritu gregario parece ser la marca m\u00e1s precisa de nuestra idiosincrasia. Una Am\u00e9rica que se pobl\u00f3 de migraciones llegadas de alg\u00fan sitio que todav\u00eda se discute; una Am\u00e9rica adonde llegaron emigrantes protegidos por la cruz y la espada (y otros que, simplemente, siguieron tras ellos) cuando el Viejo Mundo se les hizo, adem\u00e1s de viejo, aburrido y peligrosamente pobre (hoy, perdida la memoria, muchos quieren olvidar a esos cientos de millones de europeos que, siglos tras siglos, despu\u00e9s del mal llamado \u201cdescubrimiento\u201d se vinieron a esta parte del mundo buscando el aire y el alimento que la depauperada y desigual Europa no pod\u00eda ofrecerles); una Am\u00e9rica empobrecida, saqueada, pol\u00edtica y econ\u00f3micamente estafada por miles de desgobiernos a lo largo de su historia, de la que hoy huyen millones de descendientes de aquellos nativos, de aquellos negros africanos que fueron llevados a trabajar a nuestras tierras,\u00a0 y de aquellos emigrantes europeos, \u00e1rabes y asi\u00e1ticos, mezclados todos hoy en eso indefinible que llaman \u201clatinos\u201d y a quienes, con m\u00e1s frecuencia de lo que la justicia hist\u00f3rica debe permitir, se margina por su deseo de ir a buscar a otras latitudes el aire y el alimento que la polvorienta Am\u00e9rica no puede ofrecerles.<!--more--><\/p>\n<p>De esa Am\u00e9rica, la n\u00f3mada, he hablado. Y el emigrante la carga encima con sus dolores y sus colores, con sus alegr\u00edas y sus sombras. Y es una Am\u00e9rica que contemplo cada d\u00eda en las noticias: esperanzado por esas nuevas luchas que, a favor de los m\u00e1s pobres (es decir, de la mayor\u00eda), tienen lugar hoy en algunas naciones; t\u00edmidamente confiado en algunos estadistas (yo, que por naturaleza no creo en ning\u00fan pol\u00edtico, ni en pol\u00edtica) luego de haberles visto hacer cosas a favor de \u201clos de abajo\u201d que apenas un par de d\u00e9cadas atr\u00e1s eran inimaginables; temeroso de que esos sue\u00f1os de redenci\u00f3n terminen, como han terminado todos los sue\u00f1os de redenci\u00f3n hasta hoy, en totalitarismos que estrangulen las pocas libertades que todav\u00eda les quedan, incluso dentro de su pobreza, a nuestros pueblos; alarmado cuando escucho a ciertos personajillos de la pol\u00edtica y la econom\u00eda mirar con a\u00f1oranza hacia los siniestros a\u00f1os de las dictaduras latinoamericanas, atrevi\u00e9ndose a decir, incluso, que a nuestros pueblos s\u00f3lo se les lleva a buen destino con la mano dura de los militares \u201ccomo aquellos\u201d, aseguran, nost\u00e1lgicos.<\/p>\n<p>En mi infancia, mis maestros me hablaron de una Am\u00e9rica ex\u00f3tica, casi monol\u00edtica, donde la pluma y el taparrabo y la flecha eran s\u00edmbolos de culturas que no pod\u00edan compararse, eso dec\u00edan, a la majestuosidad de las civilizaciones egipcia, babil\u00f3nica, o china. Leyendo al escritor cubano Alejo Carpentier escuch\u00e9 por primera vez\u00a0 la frase \u201cindios con levita\u201d, con la que se ha pretendido ignorar, minimizar, burlar durante muchos a\u00f1os, la inteligencia nacida en el mundo conquistado a punta de espada y sangre hace ya cinco siglos. Y ya siendo periodista pude descubrir, sin apenas esfuerzo, las numerosas tramas econ\u00f3micas, pol\u00edticas, y hasta supuestamente \u201cben\u00e9ficas\u201d con la que las naciones desarrolladas enga\u00f1an a esos \u201cpobres indios\u201d que notan el enga\u00f1o pero no les queda otro remedio que aceptarlo. Conversando con muchos de los turistas que arriban a mi pa\u00eds luego de sus viajes por otros pa\u00edses de Am\u00e9rica, me hart\u00e9 de sus historias cargadas de exotismo y fetiche, de estereotipos y superficialidades que captaban desde los hoteles adonde se encerraban buscando las aguas de las playas, la historicidad encerrada en las fortalezas antiguas, la m\u00e1gica unci\u00f3n que brota de los lugares sagrados de las culturas ind\u00edgenas o de las miles de iglesias y templos que, siglos atr\u00e1s, se alzaron por estos lares. Logr\u00e9 entender que, en los c\u00f3digos actuales y para la Opini\u00f3n P\u00fablica Internacional, el t\u00e9rmino \u201cTercer Mundo\u201d se parece cada vez m\u00e1s a la palabra \u201cestercolero\u201d, a pesar de los cientos de eventos que cada a\u00f1o se realizan por instituciones internacionales que, con la repitencia in\u00fatil (sin casi ning\u00fan resultado importante hasta hoy) de la discusi\u00f3n del tema Am\u00e9rica en sus agendas, s\u00f3lo demuestran su car\u00e1cter obsoleto y su real inoperancia.<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, en mis viajes por Am\u00e9rica, descubr\u00ed la otra cara, polvorienta, de la verdadera Am\u00e9rica: el rostro endurecido, acuchillado y fr\u00edo de aquellos muchachos de no m\u00e1s de 15 a\u00f1os que me escuchaban hablarles de una Cuba que incluso con sus problemas les parec\u00eda un sue\u00f1o si los comparaban con sus miserables vidas en el barrio de Cata\u00f1o, en San Juan, Puerto Rico; los pies endurecidos, como herraduras de bestias de carga, de esos negros haitianos que en sus mulos pasaban por las calles de\u00a0 Santiago de los Caballeros, pregonando a toda voz sus flores o sus frutas o su deprimente desesperanza; las manos callosas, tan curtidas que resist\u00edan el calor ardiente de los carbones con que asaban el ma\u00edz, de aquellas jovencitas hermosas que suplicaban que compr\u00e1ramos al menos una mazorca, en las esquinas de los barrios pobres de Santo Domingo, en Rep\u00fablica Dominicana; los ojos cargados de la nada, como zombies tristes de almas vac\u00edas, de aquellas familias que dorm\u00edan frente al imponente edificio del Senado argentino en una Buenos Aires que me pareci\u00f3 tan incongruente e inhumana como hermosa y solidaria; las caras nobles, inocentes y desesperadas de aquellos ni\u00f1os guaran\u00edes que en las ruinas de San Ignacio, en Misiones, Argentina, me cambiaban pedazos de las ruinas jesu\u00edticas por un mendrugo del pan que estuve a punto de tirar, harto de las op\u00edparas comidas de los grandes hoteles o las ricas casonas donde me alejaron mis anfitriones, los escritores Jos\u00e9 Gabriel Ceballos, Abelardo Castillo y Silvia Iparraguirre; los surcos pintarrajeados del miedo al hambre de aquellas prostitutas que andaban arriba y abajo por la playa Copabana, en R\u00edo de Janeiro, y la impostada alcurnia de los viejos mendigos que vi regados por las avenidas de Sao Paulo; la vejez adelantada, como m\u00e1scaras de funeral, de aquellos ni\u00f1os que, en la tur\u00edstica y riqu\u00edsima Puerto Vallarta, montaban un show de tragafuegos en plena avenida, aprovechando los dos escasos minutos en que la luz roja deten\u00eda el tr\u00e1fico; la rabia amenazante en esos muchachones que nos asaltaron en pleno barrio Tepito, en M\u00e9xico D.F, transformada en compasi\u00f3n cuando uno de nosotros dijo: \u201csomos cubanos\u201d, y convertida en rara hermandad salvadora cuando bajaron las pistolas\u00a0 y se dijeron: \u201cv\u00e1monos, que \u00e9stos tienen menos que nosotros\u201d; e incluso, \u00bfporqu\u00e9 no?, la indefensi\u00f3n harapienta de esos cientos de ancianos que buscan en los latones de basura de La Habana algo que comer o cualquier objeto que pueda ser vendible para sumar unos centavos a su simb\u00f3lica pensi\u00f3n de jubilados.<\/p>\n<p>Ser escritor, debo decirlo, ha permitido el justo contrapeso a esa desgarrada imagen. He podido ver, tambi\u00e9n y gracias a mis colegas escritores, la verdadera cara, la del orgullo, la de la inteligencia, la de la inigualable cultura, de una Am\u00e9rica que resiste con la misma paciencia ancestral de esa bestia milenaria de la que hablaba al inicio. Los escritores colombianos Jorge Franco Ramos, Santiago Gamboa, Mario Mendoza, H\u00e9ctor Abad y \u00c1lvaro Castillo me han hablado de las m\u00faltiples Colombias que habitan, donde no todo es violencia, hambre y odios, esquema que salta ante nuestra mente cuando se menciona el nombre de ese pa\u00eds. Vicente Battista, Ra\u00fal Argem\u00ed, Abelardo Castillo, Mempo Giardinelli, Jos\u00e9 Gabriel Ceballos, escritores amigos (\u00bfo debo decir amigos escritores?) me llevaron a conocer otra Argentina que palpita con las numerosas sabias de esas ra\u00edces tan abiertas que forman el tronco de su idiosincrasia. Mi querida agente literaria, Ray G\u00fcde Mertin, amante de Brasil hasta el punto del fanatismo, supo hablarme, con los ejemplos de su vida y de la rica vida de otros grandes escritores representados por ella, la compleja realidad del mundo \u201cde los de abajo\u201d en esa inmensa naci\u00f3n. Paco Ignacio Taibo II y Eduardo Antonio Parra, desde M\u00e9xico; Francisco Alejandro M\u00e9ndez, desde Guatemala; Luis O. P\u00e9rez-Sim\u00f3n, desde El Salvador; Uriel Quesada, desde Costa Rica; Roberto Quesada, desde Honduras; Leonel Delgado Aburto, desde Nicaragua; Luis Pulido Ritter, desde Panam\u00e1; Juan Carlos M\u00e9ndez-Guedez, desde Venezuela; Ra\u00fal P\u00e9rez Torres, desde Ecuador; Fernando Iwasaki, desde Per\u00fa; Edmundo Paz Sold\u00e1n, desde Bolivia; Daniel Mella, desde Uruguay; Milia Gayoso, desde Paraguay; Alejandra Costamagna, desde Chile; Rubem Fonseca, desde Brasil; Elidio La Torre, desde Puerto Rico; y Rita Hern\u00e1ndez, desde Rep\u00fablica Dominicana, escritores todos, amigos todos, me han ense\u00f1ado con sus obras y sus palabras en nuestros encuentros, una Am\u00e9rica que no aparece usualmente en los estudios econ\u00f3micos, en los discursos pol\u00edticos, en los libros de historia, ni en las utop\u00edas tantas que brotan por ac\u00e1 con la misma facilidad con que brota el m\u00e1s antiguo y m\u00edtico de nuestros cultivos: el ma\u00edz. Me han ense\u00f1ado una tierra del d\u00eda a d\u00eda, complej\u00edsima, inabarcable, m\u00e1s viva de lo que a veces sus propios habitantes creen, m\u00e1s rebelde y juiciosa, sin perder el exotismo que le llega desde su prehistoria ni ese toque de lo real maravilloso del que hablaba Alejo Carpentier, que se muestra todav\u00eda hoy cuando en un mismo planeta coexisten el multimillonario que paga por darse un pase\u00edto idiota por el cosmos, en las naves de la NASA, y un viejo brujo que, frente a los desnudos miembros de su tribu, sigue cantando letan\u00edas a las estrellas de donde cree una vez vinieron sus dioses.<\/p>\n<p>En esa Am\u00e9rica otra nada funciona seg\u00fan los esquemas del \u201cmundo moderno\u201d (o, como dir\u00eda Eduardo Galeano, del \u201cmundo imperial\u201d). All\u00e1, los soci\u00f3logos hablan de una pir\u00e1mide social: Arriba, en la mism\u00edsima punta, est\u00e1n los ricos, los que rigen los destinos. Abajo, en la amplia base, est\u00e1n los pobres, los due\u00f1os de los destinos que han de ser regidos. En el borde inferior de esa pir\u00e1mide, en el rinc\u00f3n m\u00e1s invisible, el m\u00e1s oscuro, est\u00e1 la sociedad marginal. Se ha dicho que es una tesis opresiva, esgrimida por el poder, desde el poder, para mantener su status y, sobre todo, para ocultar la putrefacci\u00f3n que corroe todo el esqueleto de esa sociedad que se dice superior o \u201cdel Primer Mundo\u201d.<\/p>\n<p>En la Am\u00e9rica real la tesis es m\u00e1s genuina; la pir\u00e1mide, ac\u00e1, est\u00e1 invertida. Arriba, en lo ancho, en su rinc\u00f3n s\u00f3lo en apariencia invisible, la marginalidad rige. Al centro, la marginalidad rige. En la punta, donde los ricos siguen rigiendo los destinos ajenos, la marginalidad es asqueante. No existe ac\u00e1 ese bajo mundo, esa entidad universal llamada bajo mundo, perfectamente localizable antes en nuestras sociedades, donde se mantuvo viva generando sus propios c\u00f3digos de honor, sus reglas de convivencia, su lenguaje evasivo, sus historias. Aquel mundo que habitaba en los m\u00e1rgenes hoy se extiende en nuestros pa\u00edses a toda la sociedad. La nueva ciudad latinoamericana real, la nueva sociedad que ha sobrevivido a tanta desastre, y en fecha reciente al neoliberalismo, entonces, es una sociedad marginal: los ricos y los pol\u00edticos, con sus vicios y su doble moral, son marginales; eso que llaman \u201cpueblo\u201d, por su necesidad de sobrevivir bajo toda circunstancia, es marginal; el aire que se respira, viciado con los vicios que tradicionalmente destinamos a la marginalidad, es tambi\u00e9n marginal. Todos somos marginales bajo ese concepto.<\/p>\n<p>Y en la comprensi\u00f3n de la realidad que hoy habita esos \u201cm\u00e1rgenes\u201d, t\u00e9rmino que en Am\u00e9rica Latina tiene una rara semejanza con las palabras \u201cfondo\u201d, \u201cabismo\u201d, est\u00e1 la \u00fanica posibilidad de salida para el enorme desastre que gravita sobre estas tierras: econom\u00edas en crisis; pol\u00edticas m\u00e1s interesadas en sus ideolog\u00edas que en el bienestar de los pueblos; hu\u00edda de los mejores cerebros hacia los pa\u00edses ricos; exportaci\u00f3n de la violencia y la marginalidad creada en nuestras naciones hacia todas partes del mundo (provocando un efecto boumerang terrible: la xenofobia hacia el latinoamericano); extinci\u00f3n de culturas aut\u00f3ctonas; p\u00e9rdida de la idiosincrasia \u00e9tnica bajo el impacto demoledor de la globalizaci\u00f3n en todos los niveles de la sociedad; saqueo indiscriminado de recursos naturales y riquezas nacionales por quienes, en sus pa\u00edses de origen, tienen que respetar a fuerza de ley la conservaci\u00f3n del medio ambiente&#8230; y otras tantas cosas.<\/p>\n<p>En las historias contadas por mi padre, un hombre que luch\u00f3 por sacar a Cuba de una de las dictaduras m\u00e1s sangrientas que ha vivido nuestro pueblo (la del dictador Fulgencio Batista), y en las palabras fugazmente compartidas en alg\u00fan momento de mi trayectoria literaria (escritural o verbalmente) con Juan Gelman, Eduardo Galeano, Augusto Roa Bastos, Mario Benedetti, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, y alg\u00fan otro que ahora quiz\u00e1s olvido, se conserva como un pend\u00f3n de dignidad latinoamericana la imagen de la Revoluci\u00f3n Cubana. Lamento no compartir con ellos su fidelidad hacia ese modelo de autoritarismo de izquierda en que se ha convertido aquella Revoluci\u00f3n, aunque creo, como muchos, que Am\u00e9rica Latina toda necesita todav\u00eda, como se anunciaba en aquellos luminosos a\u00f1os,\u00a0 el esp\u00edritu humanista, redentor,\u00a0 puro, que sacar\u00eda al hombre de la dictadura del hombre y elevar\u00eda su dignidad a la altura de nuestras cordilleras m\u00e1s altas. Pero es iluso negar que en esa Am\u00e9rica orgullosa y altiva que hoy sobrevive a su incierto destino, hay mucho del alma rebelde del ind\u00edgena que se alz\u00f3 contra el dominio colonial espa\u00f1ol; mucho de aquellos hombres (Bol\u00edvar, Mart\u00ed, Hidalgo, San Mart\u00edn&#8230;) que nos dieron las primeras ense\u00f1anzas sobre el valor de nuestra cultura y nuestra libertad arrebatada por el conquistador; mucho de los sue\u00f1os originarios de la Revoluci\u00f3n Cubana; mucho del ejemplo de quienes combatieron desde la clandestinidad a las largas dictaduras de Pinochet, Videla, Stroessner, Somoza, y otros fascistas por el estilo; y mucho de la heroica postura de esos miles de latinoamericanos que han alzado (y alzan) su cabeza con dignidad como \u00fanica arma contra la injerencia de sucesivos gobiernos norteamericanos en sus pa\u00edses y hasta en sus vidas.<\/p>\n<p>De los muchos intentos de acercamientos investigativos, estudios e intentos internacionales para comprender qu\u00e9 es Latinoam\u00e9rica (y a\u00fan todav\u00eda m\u00e1s complejo: qu\u00e9 es Hispanoam\u00e9rica), pocos han llegado a penetrar en la verdadera esencia de nuestra multiplicidad: Am\u00e9rica no es una sola, los latinoamericanos no somos un solo tipo de individuo, y nuestra \u00fanica semejanza real es el idioma madre que nos fue impuesto (y que hablamos en variantes y con matices que han obligado a los acad\u00e9micos a modificar m\u00e1s de una vez los gruesos tomos de los diccionarios de la lengua espa\u00f1ola). Para buscar una definici\u00f3n cercana a la realidad de lo que somos hay, incluso, que buscar en los inmensos cambios que en la estructura social de Am\u00e9rica est\u00e1 provocando el masivo \u00e9xodo de latinoamericanos hacia los pa\u00edses ricos del llamado Primer Mundo. As\u00ed de complejo es ese rar\u00edsimo animal milenario que llamamos Am\u00e9rica; una bestia sabia marcada por las heridas profundas de las guerras sostenidas siglo tras siglo, recelosa, triste, cubierta por esa p\u00e1tina gris del polvo viejo, que nos mira con la pasividad confiada de quien sabe que, a pesar de sus dolores, sus miedos y sus desgarraduras, el tiempo no ha conseguido domarlo.<\/p>\n<h5><strong>Publicado en <em>Contrapunto de Am\u00e9rica Latina<\/em>, No.10, Octubre-Noviembre-Diciembre 2007.<\/strong><\/h5>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre que converso con un emigrante latinoamericano sobre eso que Jos\u00e9 Mart\u00ed llam\u00f3 \u201cnuestras tierras de Am\u00e9rica\u201d, tengo la sensaci\u00f3n de estar hablando de un rar\u00edsimo animal milenario, marcado por las heridas profundas de las guerras que ha sostenido durante siglos, siempre receloso, triste, y cubierto por esa p\u00e1tina gris que s\u00f3lo deja el polvo [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[7],"tags":[],"class_list":["post-40","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-publicados-anteriormente-en-amirvalle-com"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.2 - 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