{"id":45,"date":"2010-06-12T17:29:02","date_gmt":"2010-06-12T16:29:02","guid":{"rendered":"http:\/\/amirvalle.com\/wordpress\/?p=45"},"modified":"2013-02-18T19:09:25","modified_gmt":"2013-02-18T19:09:25","slug":"las-esquinas-del-papel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/publicados-anteriormente-en-amirvalle-com\/las-esquinas-del-papel\/","title":{"rendered":"Las esquinas del papel"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Heinrich B\u00f6ll apareci\u00f3 a eso de las siete. Nevaba sobre Langenbroich. Una nieve fina, regada sobre las casas y los \u00e1rboles y los cercados por las rachas de viento helado. Extra\u00f1amente no hac\u00eda fr\u00edo. O al menos no ese fr\u00edo que alguien como yo, reci\u00e9n llegado del c\u00e1lido Caribe, pens\u00e9 encontrar en un sitio donde el blanco de la nieve lo cubr\u00eda todo. Y quiz\u00e1s por la luminosidad de tanta blancura, o por la luz de las bombillas exteriores de la baranda de la casa, o porque mis ojos ya se hab\u00edan acostumbrado a buscar cada noche en la semioscuridad el breve camino que me llevaba desde mi flat a la baranda, pude ver al hombre acercarse, subir los tres escalones de viejas tablas y abrir la puerta de madera y cristal.<\/p>\n<p>Tra\u00eda un libro en la mano y vino a sentarse en una de las sillas de mimbre, frente a m\u00ed.<\/p>\n<p>\u2015 Este ha sido un invierno raro \u2015dijo, y se puso a hojear el libro, imbuido en la contemplaci\u00f3n de sus p\u00e1ginas, con ese placer que un escritor siente ante cada nueva obra publicada.<\/p>\n<p>Pude observar, sin apuro, cada detalle de su testa: el pelo ya gris, escaso, abundante a los lados de la cabeza y sobre sus grandes orejas, escaso en el medio del cr\u00e1neo y con un mech\u00f3n tambi\u00e9n gris justo en el centro, que se peinaba, graciosamente, hacia un lado; sus cejas tupidas, revueltas; las profundas arrugas de la frente&#8230; tal como lo reflejaban esas fotos que colgaban en algunas partes de aquella casa, o que hab\u00eda podido ver en los libros y la Internet.<\/p>\n<p>\u2015 Es un gran libro \u00e9ste \u2015dijo, levantando la cabeza para mirarme\u2015. \u00bfLo han publicado en Cuba?<!--more--><\/p>\n<p>Prefer\u00ed mentir. Bast\u00f3 un segundo para que mi cerebro dijera: \u201emiente, Amir, no vale la pena entristecer a este hombre con la verg\u00fcenza de que ese cl\u00e1sico no se haya publicado en Cuba\u201c, y dije que s\u00ed con un leve movimiento de cabeza.<\/p>\n<p>\u2015 Todos los escritores cubanos admiramos a Solzhenitzyn \u2015dije.<\/p>\n<p>Y eso era cierto. En Cuba se hab\u00edan publicado un par de novelas de aquel hombre que ten\u00eda sentado frente a m\u00ed, ahora silencioso, mir\u00e1ndome con curiosidad y cierto aire raro en la mirada, como si supiera que yo ment\u00eda, y cuando Nikita Jruschov hizo pedazos p\u00fablicamente el culto de Stalin, se hab\u00eda publicado incluso <em>Un d\u00eda en la vida de Ivan Denisovich<\/em>, de Alexander Solzhenitzyn, el mismo autor de ese libro que B\u00f6ll ten\u00eda en sus huesudas y flacas manos: <em>Archipi\u00e9lago Gulag<\/em>.<\/p>\n<p>Deb\u00ed decirle que, en las circunstancias de fundamentalismo ideol\u00f3gico que viv\u00eda mi pa\u00eds desde hac\u00eda ya m\u00e1s de tres d\u00e9cadas, aquel libro jam\u00e1s se publicar\u00eda. Era demasiado venenoso y atacaba la m\u00e9dula del sistema que, por elecci\u00f3n de Fidel Castro y presi\u00f3n del gobierno comunista ruso, se hab\u00eda implantado en la isla. Por esa misma raz\u00f3n, resultaba una heroicidad encontrar en Cuba alguna edici\u00f3n, siempre extranjera, semidestruida de tanta lectura clandestina, de escritores como Milan Kundera, Josef Brodsky, Mario Vargas Llosa, y un etc\u00e9tera cada vez m\u00e1s largo. Era posible que \u00e9l supiera que estaban prohibidas hasta las obras de algunos grandes escritores cubanos que hab\u00edan decidido irse al exilio, como Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Gast\u00f3n Baquero y Severo Sarduy.<\/p>\n<p>Yo hab\u00eda podido leer <em>Archipi\u00e9lago Gulag<\/em>, a escondidas, en la exclusiva biblioteca de Alejo Carpentier, en la que fuera su \u00faltima casa en La Habana Vieja. Quise dec\u00edrselo a B\u00f6ll.<\/p>\n<p>\u2015 Es uno de los libros m\u00e1s desgarradores que he le\u00eddo \u2015coment\u00e9\u2015. Es, como usted dice, un gran libro.<\/p>\n<p>La sonrisa le hizo a\u00fan m\u00e1s profundas las arrugas de la frente y de sus ojos.<\/p>\n<p>\u2015 \u00bfSab\u00edas que, cuando estuvo aqu\u00ed, por alguna extra\u00f1a raz\u00f3n eleg\u00eda esa misma silla donde siempre te sientas a leer? \u2015 dijo.<\/p>\n<p>Negu\u00e9 con un gesto. Era incre\u00edble que aquellas cosas sucedieran. O tal vez estuvieran marcadas por el destino: esa ruta invisible, siempre desconocida e inquietante, que ya est\u00e1 escrita por Dios cuando naces. No de otro modo podr\u00eda entender que, a\u00f1os atr\u00e1s, en Cuba, yo hubiera le\u00eddo <em>Billar a las nueve y media<\/em> y <em>Retrato de grupo con se\u00f1ora<\/em>, de ese viejo que ahora miraba a la noche, sin saber que llegar\u00eda a estar en aquella casona de campo donde \u00e9l vivi\u00f3 sus \u00faltimos d\u00edas y donde recibi\u00f3 a muchos de sus amigos, grandes escritores de la \u00e9poca, aunque el m\u00e1s importante para m\u00ed fuera el ruso Solzhenitzyn, \u00e9se que se hab\u00eda sentado en aquella misma silla donde yo le\u00eda cada tarde, aprovechando esa tranquilidad que se produce cuando la noche empieza a caer sobre un pueblo de campo. Ni la siempre dulce Sigrun Reckhaus, ni el atent\u00edsimo Peter Faecke, ni la amorosa Karin Clark, responsables de alg\u00fan modo de mi estancia en la Heinrich B\u00f6ll Haus, podr\u00edan imaginar nunca que ellos, seguramente, hab\u00edan cumplido los designios de mi Dios.<\/p>\n<p>\u2015 \u00bfTerminaste la novela? \u2015le o\u00ed decir.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo lo hab\u00eda sabido? Ni siquiera a mi esposa Berta, que me acompa\u00f1aba en aquel sitio, le hab\u00eda comentado que la tranquilidad aplastante de Langenbroich me estaba permitiendo emprender la reescritura final de mi novela <em>Las palabras y los muertos<\/em>. Era una rara novela hist\u00f3rica, sobre la actualidad cubana de los \u00faltimos sesenta a\u00f1os, y eso la hac\u00eda muy dif\u00edcil de trabajar. Necesitaba silencio, acceso r\u00e1pido a fuentes hist\u00f3ricas que s\u00f3lo se encontraban en internet, y una paciencia bien distinta a esa otra que me embargaba cuando escrib\u00eda mis novelas negras.<\/p>\n<p>\u2015 Fue dif\u00edcil pero s\u00ed, logr\u00e9 terminarla \u2015contest\u00e9.<\/p>\n<p>\u2015 Escribir sobre la realidad que uno vive siempre es dif\u00edcil \u2015sentenci\u00f3 mirando a las sombras que danzaban afuera, otra vez ba\u00f1adas por los torbellinos de la nevada\u2015. Eso me sucedi\u00f3 mientras escrib\u00eda <em>Opiniones de un payaso<\/em>. Es una especie de rara inseguridad, \u00bfno crees?<\/p>\n<p>Asent\u00ed. B\u00f6ll dej\u00f3 su mirada posada un rato sobre m\u00ed, con esa profundidad fr\u00eda con la que miran quienes han vivido mucho tiempo las desgracias y las luces del mundo. Tuve que bajar la cabeza.<\/p>\n<p>\u2015 Lo que importa es ser fiel a lo que uno piensa \u2015dijo entonces y sent\u00ed alivio, como si ya no tuviera el peso de su mirada sobre m\u00ed. Cuando alc\u00e9 los ojos, otra vez B\u00f6ll hablaba, mirando al manzano plantado al centro del patio, cerca de la peque\u00f1a fuente que yo hab\u00eda limpiado de los yerbajos y plantas espinosas que la ocultaban apenas unos d\u00edas atr\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2015 Debo darte las gracias \u2015murmur\u00f3, la mirada fija en el agua congelada de la fuente, que lanzaba t\u00edmidos destellos bajo la poca luz que le llegaba desde la bombilla del exterior de la baranda.<\/p>\n<p>\u2015 \u00bfDarme las gracias? \u2015quise saber.<\/p>\n<p>\u2015 Anne Marie adoraba esa fuente \u2015sigui\u00f3 diciendo, como si hablara con su propio recuerdo\u2015. Ella misma seleccionaba los peces que iban a vivir ah\u00ed. A veces la vi cuidarlos con el mismo cari\u00f1o con el que cuid\u00f3 a Ren\u00e9 y a Vincent. Pero algunos tenemos esa mala suerte: uno se muere y muy poca gente recuerda que esas peque\u00f1as cosas tambi\u00e9n fueron esenciales, digamos, parte de la vida que tuvimos.<\/p>\n<p>La casa se estaba destruyendo. Poco a poco, con esa lentitud sigilosa con la que el tiempo va destruyendo lo que se usa y no se restaura. Y eso dol\u00eda. Yo llegaba de un pa\u00eds donde se manten\u00eda un culto por conservar la memoria de los grandes hombres de la naci\u00f3n. La isla estaba llena de museos. Y la gente se conmov\u00eda incluso ante la bacinilla en la que hab\u00eda orinado un pr\u00f3cer, ante la cuchara en la que le dieron sus medicinas antes de morir a un pintor enfermo de tuberculosis, o ante la ya arcaica m\u00e1quina de escribir Underwood, de hierro negro, con la que un novelista hab\u00eda escrito la m\u00e1s universal de sus obras.<\/p>\n<p>Pero no ten\u00edamos ning\u00fan Premio Nobel, excepto Hemingway, que no era cubano, pero vivi\u00f3 en esa otra casa de campo, tambi\u00e9n convertida en el Museo Finca Vig\u00eda. Y el que pudo ser nominado al Nobel, por lo monumental de su obra, Alejo Carpentier, se hab\u00eda tenido que conformar con ser uno de los tres Premios Cervantes, otorgados a cubanos por la Academia de la Lengua Espa\u00f1ola. Los otros dos eran Dulce Mar\u00eda Loynaz y Guillermo Cabrera Infante. Y la primera ten\u00eda tambi\u00e9n su museo. Cabrera Infante no; a \u00e9se el gobierno de la isla no quer\u00eda verlo ni en pintura.<\/p>\n<p>Eso le hab\u00eda comentado a varios de los amigos escritores alemanes, funcionarios de la Fundaci\u00f3n Heinrich B\u00f6ll y algunos visitantes que llegaron hasta Langenbroich pensando que all\u00ed encontrar\u00edan el Museo: \u00bfc\u00f3mo un pa\u00eds con tanta historia cultural pod\u00eda permitirse el lujo de que un grande como aquel hombre que ten\u00eda sentado enfrente no tuviera un museo donde conservar su memoria, sus pertenencias, su obra y su presencia?<\/p>\n<p>\u2015 \u00bfSentiste esos pasos? \u2015me hab\u00eda dicho mi esposa en nuestra primera semana en aquel lugar.<\/p>\n<p>\u2015 Deben ser las ratas \u2015dije.<\/p>\n<p>Y la vi negar con un brusco movimiento de su cabeza.<\/p>\n<p>\u2015 Son pasos de un ser humano \u2015dijo.<\/p>\n<p>Pude sentirlos. En las noches calmadas del invierno, cuando solamente se escuchaban los silbidos de la brisa batiendo contra el tejado y los \u00e1rboles afuera, o el relincho caprichoso de los caballos del se\u00f1or Peppin, en el establo cercano, aquellos pasos resultaban demasiado audibles como para negarlos.<\/p>\n<p>\u2015 S\u00ed, son de un ser humano \u2015le contest\u00e9 a mi esposa una noche\u2015. Y vienen de la casa de al lado.<\/p>\n<p>Nos hab\u00eda dicho la se\u00f1ora Ludwig, vecina de Langenbroich y amiga de la familia B\u00f6ll, que en aquel flat contiguo al nuestro hab\u00eda muerto Heinrich B\u00f6ll un 16 de julio de 1985.<\/p>\n<p>\u2015 Pero se sienten pasos en las noches \u2015le dijimos.<\/p>\n<p>La vimos sonre\u00edr.<\/p>\n<p>\u2015 \u00a1Ah! \u2015dijo\u2015. Entonces ya conocen al esp\u00edritu del se\u00f1or B\u00f6ll.<\/p>\n<p>\u2015 A veces salgo a caminar bajo la nieve \u2015me dijo B\u00f6ll, poni\u00e9ndose de pie\u2015. Pero no puedo alejarme mucho de la casa. No por el fr\u00edo. Tengo miedo.<\/p>\n<p>\u2015 \u00bfMiedo? \u2015quise saber, asombrado. \u00bfPod\u00eda un hombre de su temple sentir miedo ahora que estaba libre de los peligros del mundo?<\/p>\n<p>\u2015 Miedo, muchacho \u2015y su voz reson\u00f3 como salida de ultratumba, de ese otro mundo donde habitaba\u2015. Tengo miedo de que si me alejo de esta casa, se pierda lo poco que queda de m\u00ed en este lugar.<\/p>\n<p>\u2015 Alguna vez se har\u00e1 aqu\u00ed un museo, ah\u00ed donde usted vive \u2015le dije, a modo de consuelo\u2015. Y en el resto de las casas seguir\u00e1 habiendo becarios que honren su casa, maestro.<\/p>\n<p>Lo vi sonre\u00edr, y sus ojos se iluminaron con esa limpieza con la que miran los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2015 Ojal\u00e1, muchacho, ojal\u00e1 \u2015dijo, y camin\u00f3 hasta la puerta.<\/p>\n<p>Cuando la abri\u00f3, el fr\u00edo de la noche invadi\u00f3 la baranda. Se dispon\u00eda a bajar las escaleras cuando algo lo detuvo. Se vir\u00f3 a mirarme.<\/p>\n<p>\u2015 Lo olvidaba \u2015dijo\u2015. Suerte con esa novela.<\/p>\n<p>Fui yo quien sonre\u00ed. En aquellas palabras descubr\u00ed algo ins\u00f3lito: quiz\u00e1s Heinrich B\u00f6ll hab\u00eda aprovechado sus noches de insomnio en la casa contigua para leer el manuscrito que imprim\u00ed de mi novela <em>Las palabras y los muertos<\/em>. S\u00f3lo entonces pude explicarme que durante varios d\u00edas el manuscrito apareciera en lugares distintos: yo juraba haberlo dejado en otro sitio. S\u00f3lo de aquel modo tendr\u00edan sentido aquellas peque\u00f1as marcas que alguien dejaba en las esquinas del papel impreso.<\/p>\n<p>Lo vi bajar los peque\u00f1os escalones, rodear con cuidado la parte exterior de la baranda, mirando al suelo como para no resbalar con la nieve, y desaparecer en el patio, camino a ese flat donde cada noche yo sent\u00eda sus pasos. Iba acompa\u00f1ado de la m\u00e1gica luminosidad de los iluminados, o de los fantasmas, no s\u00e9 decir.<\/p>\n<p>Cuando me dispuse a dormir y sal\u00ed de la baranda, todav\u00eda aturdido por aquella presencia y con el eco de sus palabras en mi cabeza, sobre la nieve a\u00fan fresca, claras, visibles, pude ver las huellas de sus pantuflas.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Heinrich B\u00f6ll apareci\u00f3 a eso de las siete. Nevaba sobre Langenbroich. Una nieve fina, regada sobre las casas y los \u00e1rboles y los cercados por las rachas de viento helado. Extra\u00f1amente no hac\u00eda fr\u00edo. 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