{"id":909,"date":"2016-11-30T10:42:20","date_gmt":"2016-11-30T10:42:20","guid":{"rendered":"http:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/?p=909"},"modified":"2017-02-23T09:21:56","modified_gmt":"2017-02-23T09:21:56","slug":"la-muerte-de-fidel-y-la-novela-las-palabras-y-los-muertos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/de-literatura\/la-muerte-de-fidel-y-la-novela-las-palabras-y-los-muertos\/","title":{"rendered":"La muerte de Fidel y la novela Las palabras y los muertos"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/files\/2016\/11\/Banner-Palabras-Muertos-Amir_Valle-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-910\" src=\"http:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/files\/2016\/11\/Banner-Palabras-Muertos-Amir_Valle-2.jpg\" alt=\"banner-palabras-muertos-amir_valle-2\" width=\"640\" height=\"323\" srcset=\"https:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/files\/2016\/11\/Banner-Palabras-Muertos-Amir_Valle-2.jpg 640w, https:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/files\/2016\/11\/Banner-Palabras-Muertos-Amir_Valle-2-300x151.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Acaba de morir Fidel Castro y realmente lo \u00fanico que he sentido es una especie de&nbsp;<i><b>D\u00e9j\u00e0 vu<\/b><\/i>, porque justo estas circunstancias y lo que est\u00e1 pasando yo lo escrib\u00ed en mi novela Las palabras y los muertos, en 2005 y que se public\u00f3 en 2006 poco antes de que Fidel cediera el poder a Ra\u00fal. La novela, publicada este a\u00f1o por la editorial espa\u00f1ola Almuzara, est\u00e1 en venta en las librer\u00edas de Espa\u00f1a y aqu\u00ed, en <a href=\"https:\/\/www.amazon.com\/PALABRAS-Y-LOS-MUERTOS-LAS\/dp\/8416392293\/ref=sr_1_2?ie=UTF8&amp;qid=1480502142&amp;sr=8-2&amp;keywords=Amir+Valle\" target=\"_blank\">Amazon<\/a>. Los dejo aqu\u00ed con el primer cap\u00edtulo:<\/p>\n<p><em><strong>Las palabras y los muertos<\/strong><\/em><br \/>\n<em>Editorial Almuzara<\/em><br \/>\nEspa\u00f1a, 2016<!--more--><\/p>\n<h4>&nbsp;<\/h4>\n<p><strong><a href=\"http:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/files\/2016\/11\/Las-palabras-y-los-muertos-Almuzara-2015.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-911 size-medium\" src=\"http:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/files\/2016\/11\/Las-palabras-y-los-muertos-Almuzara-2015-195x300.jpg\" alt=\"las-palabras-y-los-muertos-almuzara-2015\" width=\"195\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/files\/2016\/11\/Las-palabras-y-los-muertos-Almuzara-2015-195x300.jpg 195w, https:\/\/amirvalle.com\/a-titulo-personal\/files\/2016\/11\/Las-palabras-y-los-muertos-Almuzara-2015.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 195px) 100vw, 195px\" \/><\/a>FIDEL HA MUERTO<\/strong>, dice la hoja impresa que ha dejado uno de los asesores sobre uno de los bur\u00f3s de la oficina. Afuera, la ciudad parece mirar al Cristo que, desde el otro lado de la bah\u00eda, la bendice, y por la Plaza de la Revoluci\u00f3n comienzan a transitar autos ma\u00f1aneros, todav\u00eda con los faros encendidos y el cuidado de quien maneja entre las brumas de la noche, que ya se esfuma bajo los primeros fulgores del sol.<\/p>\n<p>\u201cFidel ha muerto\u201d lee y se lo repite: \u201cFidel ha muerto\u201d, y de pronto es como si todo en la oficina se detuviera, flotando, envuelto en una neblinosa frialdad que le clava un vac\u00edo raro en la piel y lo hace estremecerse. Se frota los antebrazos como para intentar insuflarles un calor que, lo sabe, no lograr\u00e1 por el nivel en que los conserjes han encendido el acondicionador central de aire. Por eso se pone de pie y camina hasta uno de los ventanales, justo el que apunta hacia la imagen del Ch\u00e9, al otro extremo de la Plaza, carga sus pulmones con todo el aire que puede y lo va liberando muy lentamente, con toda la conciencia puesta en ese escurrir sigiloso del aire desde sus pulmones, buscando una calma que, tambi\u00e9n lo sabe, no encontrar\u00e1.<\/p>\n<p>En los pasillos, m\u00e1s all\u00e1 de esa puerta que ahora contempla como una muralla salvadora de las preguntas inquietas, temerosas, de quienes aun nada saben aunque seguro hayan escuchado los rumores, comidilla natural, dir\u00eda que rito cotidiano en aquel sitio, pudo respirar un aire enrarecido, como de ci\u00e9naga p\u00fatrida, jura incluso que oscuro, pues a estas alturas de su vida sabe que la oscuridad puede olerse: humedad, polvo mojado, yerba seca, a eso huele. Y quiz\u00e1s esa raz\u00f3n: descubrir en ese olor el leve atisbo de los malos presagios, lo oblig\u00f3 a imponer a sus pasos un ritmo fuera de lo normal, nervioso evidentemente para quienes lo vieron entrar casi a las cuatro de la ma\u00f1ana, apenas media hora despu\u00e9s de que el tel\u00e9fono junto a su cama sonara y una voz temblorosa, agitada, susurrantele asegurara \u201cFacundo, el hombre se muri\u00f3\u201d. \u201c\u00bfEl hombre?\u201d, alcanz\u00f3 a preguntar, aunque en las brumas del sue\u00f1o que aun se agazapaba en su cerebro una luz le iluminaba cierta sospecha sobre la identidad del muerto, que la propia voz, esta vez como molesta, pero todav\u00eda agitada y m\u00e1s chillona y punzante, le confirm\u00f3: \u201cFidel, compadre, se muri\u00f3 Fidel\u201d.<\/p>\n<p>Se hab\u00eda acostumbrado a llegar temprano en la madrugada, siempre sobre las cinco y media, seguro de que ya Fidel estar\u00eda cumpliendo con las indicaciones de los m\u00e9dicos: \u201calguna vez tiene que pensar que el cuerpo necesita que usted se encargue de \u00e9l, Comandante\u201d, tras unas indigestiones insoportables que lo obligaran a mantenerse cerca de alg\u00fan ba\u00f1o, defecando un l\u00edquido inodoro y amarillento y con una ventera en el vientre que le clavaba fuertes retortijones, especialmente cuando trabajaba sentado. \u201cYa no tiene veinte a\u00f1os, Jefe\u201d, le hab\u00eda dicho \u00e9l mismo, y recordaba claramente haberlo visto sonre\u00edr detr\u00e1s de su barba canosa, amarillenta y sucia en apariencias a esa hora de la ma\u00f1ana. \u201cPero debo creer que tengo esos veinte a\u00f1os que dices, Facundo\u201d, respondi\u00f3, apret\u00e1ndose el cintur\u00f3n, \u201cpor el bien de todos, debo creerlo\u201d.<\/p>\n<p>Y de pronto, as\u00ed, all\u00ed estaba, convertida en hecho, la posibilidad jam\u00e1s asimilada de aquella muerte. A veces lo pens\u00f3: \u00bfqu\u00e9 pasar\u00eda cuando \u00e9l ya no estuviera? Y detr\u00e1s de la pregunta lo sorprend\u00eda el vac\u00edo glacial de una nada ins\u00f3lita, asfixiante. Se hab\u00eda acostumbrado a saberlo all\u00ed, aun en medio del peligro de algunos atentados donde lleg\u00f3 a verlo nervioso, inconcebiblemente desconcertado, para luego, pasado el susto, disfrutar el modo en que le daba las gracias con aquel gesto tan suyo de pasar la mano por encima de sus hombros, como un padre viejo y magn\u00e1nimo, y escuchar su voz: \u201cbicho malo no muere, Facundo, no lo olvides. Esa frase de mi madre parece que la hicieron para mi pellejo. \u00bfPor d\u00f3nde anda la cuenta?\u201d. \u201cTrescientos quince, Jefe\u201d. Y entonces lo ve\u00eda hinchar el pecho, brot\u00e1ndole el orgullo de esa mueca t\u00edpica en sus labios, de las arrugas profundas de sus ojos y de una luz extra\u00f1amente retadora all\u00e1 en el fondo del iris. La cuenta, justo en aquel a\u00f1o de su muerte, andaba ya por los seiscientos treinta y siete atentados y \u201cya ves, Facundo, fue una bomba la que lo jodi\u00f3. Esa bomba de mierda que todos llevamos a un costado del pecho y que un d\u00eda hace plaff&#8230; y adi\u00f3s mundo\u201d, pens\u00f3, y su cabeza se lanz\u00f3 en picada hacia esos meses pasados desde que Fidel le dijera, en voz baja, con esa complicidad que cruzaban s\u00f3lo en los momentos m\u00e1s dif\u00edciles: \u201ctengo que operarme, Facundo, y aunque no me gusta mucho la idea, voy a sacar de paso a unos cuantos hijoeputas que siempre han hablado mierda sobre mi apego al poder\u201d. Le hab\u00eda cedido el poder a su hermano, oficialmente, con toda la publicidad que aquello merec\u00eda, y por eso, cuando lo vio salir del sal\u00f3n de operaciones y vio que el Jefe lo saludaba apretando el pu\u00f1o y alzando el dedo pulgar, en se\u00f1al de triunfo, se sonri\u00f3 pensando en aquellos est\u00fapidos de Miami que se hab\u00edan lanzado a las calles celebrando lo que llamaban \u201cel fin de la dictadura\u201d. \u201cEl mundo est\u00e1 lleno de vainas\u201d, pens\u00f3 &nbsp;y se recost\u00f3 en la butaca, dispuesto a esperar a que lo mandaran a buscar. Algo tendr\u00edan que ordenarle, aunque ya la tarea para la que lo hab\u00edan designado desde la misma Sierra Maestra: cuidar con su vida la vida del Jefe, era asunto de un pasado que de pronto adquiri\u00f3 el peso aplastante de lo abrumador.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 deb\u00eda hacer? Nada. Ni siquiera Ra\u00fal sab\u00eda qu\u00e9 pasos dar en aquel preciso momento. O al menos esa era la impresi\u00f3n que tuvo Facundo a primera vista. Se lo hab\u00eda cruzado en el pasillo y no sabe por qu\u00e9, adem\u00e1s de la preocupaci\u00f3n natural, dir\u00edase que sangu\u00ednea por la muerte de Fidel, crey\u00f3 adivinar en el rostro del hermano esa chispa euf\u00f3rica de los que han logrado algo grande, larga y sufridamente a\u00f1orado. \u201cNo jodas, Facundo\u201d, mascull\u00f3 para convencerse con el sonido de su propia voz, \u201colvida tus rencillas, que estos m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os no han pasado por gusto\u201d. Y s\u00ed, pens\u00f3 entonces, Ra\u00fal hab\u00eda dado muestras de madurez, de que no era aquel jovencito parlanch\u00edn y prepotente con el cual \u00e9l, Facundo Ram\u00edrez, hab\u00eda tenido el primer y \u00fanico encontronazo en todo su ya largo bregar en las aguas siempre turbulentas de la revoluci\u00f3n; precisamente el encontronazo que lo llev\u00f3 a convertirse en la sombra de Fidel, a pasar, justo a los catorce a\u00f1os, a servir directamente bajo las \u00f3rdenes y a la sombra de aquel dios, al que lleg\u00f3 a deberle hasta el aire que respiraba.<\/p>\n<p>Lo hab\u00eda visto preocupado, s\u00ed, era evidente, pues por su cerebrito iluminado de militar deber\u00edan estar desfilando muchas suspicacias sobre ese futuro que incluso a \u00e9l, Facundo, un simple guardaespaldas, le tra\u00edan la cabeza convertida en una g\u00fcira cimarrona seca, llena de semillitas que sonaban y sonaban y sonaban y le met\u00edan este dolor de cabeza \u201cde mierda, co\u00f1o, que ahora es cuando tengo que andar con todas las luces claras\u201d.<\/p>\n<p>Ra\u00fal era muy perspicaz, de eso ten\u00eda pruebas, m\u00e1s que sobradas, inolvidables, y seguro andaba ya intentando adivinar lo que estar\u00edan pensando muchos que hab\u00edan robustecido su vida y anclado ra\u00edces en torno a Fidel y a todo el poder que representaba, como aquellos arbustos par\u00e1sitos que crec\u00edan imponentes en el regio tronco de los baobabs gigantes, en \u00c1frica. Un tal vez malsano pensamiento le hac\u00eda intuir que ya Ra\u00fal hab\u00eda preparado paso a paso la sucesi\u00f3n y se erizaba de s\u00f3lo imaginarse las estrategias que utilizar\u00eda para cortarle las alas a quienes se les atravesaran en su camino hacia el poder. Una dictadura, eso implantar\u00eda. Y ojal\u00e1 lo hiciera para defender el proyecto socialista que su hermano deja interrumpido, \u00e9l, que siempre se ha jactado de ser \u201cel primer bolchevique de Am\u00e9rica\u201d, por eso de que cre\u00eda en el socialismo cuando el Jefe ni siquiera le daba importancia a esa palabra. Esos comemierdas de los grup\u00fasculos gusanos de los Derechos Humanos y los partiditos independientes que el propio Fidel hab\u00eda ordenado ningunear pero mantener a raya, invisiblemente vigilados, medida que a \u00e9l personalmente le hab\u00eda parecido una muestra de la flojera que los a\u00f1os hab\u00edan metido en la cabeza del Jefe (aunque despu\u00e9s se dijera que sus razones bien pensadas tendr\u00eda, que para eso era un genio en esas cosas de la t\u00e1ctica y la estrategia pol\u00edticas); esos guanajos de basura sabr\u00edan qu\u00e9 cosa era una dictadura real, efectiva, con todos sus pelos y se\u00f1ales, sus palos y sus gritos, si Ra\u00fal asum\u00eda el poder.<\/p>\n<p>Ten\u00eda sus dudas sobre aquella sucesi\u00f3n. En los \u00faltimos tiempos, especialmente desde los fusilamientos del vaina de Ochoa y de los otros idiotas, la divisi\u00f3n y las rencillas dentro del cuerpo armado eran tan perceptibles que el mismo Ra\u00fal hab\u00eda tenido que empezar a sacar del medio a un grupo de altos oficiales, bajo el pretexto de la necesidad de fortalecer algunos ministerios. Desde su oficina en el cuarto piso del edificio en ese Ministerio del que Facundo logra ver un pedazo, entre la floresta que rodea a Palacio, con la misma frialdad mortuoria que se desprende de todos esos retratos que cuelgan en la paredes, donde aparecen todos los mariscales y altos oficiales sovi\u00e9ticos que ha tenido como asesores, ha planificado su estrategia.&nbsp; A los viejos militares les hab\u00eda garantizado un retiro que los convert\u00eda casi en millonarios y que, de alg\u00fan modo, los obligaba a callarse la boca, c\u00f3mplices mudos de aquella estrategia, justo cuando consideraba indispensable tenerlos de su lado para mantenerse al amparo de la aureola de gloria de hombres que, como le dijo a Facundo su padre antes de morir, \u201cse han comido un le\u00f3n cruzado con puerco esp\u00edn, sin quitarle las espinas y de marcha atr\u00e1s, mi\u2019jo, y eso es lo que les falta a muchos de esos que t\u00fa mismo dices llegaron ahoritica, le hicieron unas muequitas graciosas a Fidel, le cayeron en gracia y ahora quieren hacerse los h\u00e9roes, sin haberle tirado ni un huevo a un gusano en un acto de repudio\u201d.<\/p>\n<p>Esa disputa por el poder, con matices de pelea entre jaur\u00edas sobre todo en los m\u00e1s j\u00f3venes, iba ocurriendo desde hac\u00eda muchos a\u00f1os en el mismo seno de los amigos del Jefe, de aquellos que ven\u00edan con \u00e9l desde el asalto al Moncada, o incluso desde m\u00e1s atr\u00e1s: las pandillas de matones en la universidad, a las que, y el propio Fidel se lo hab\u00eda confesado: \u201cera necesario encaminar por un pensamiento progresista y menos anarquista, Facundo, pues aunque me acusen de haber estado en esas pandillas, no se ponen a pensar en cu\u00e1nta gente de valor salv\u00e9 y atraje hacia la \u00fanica posibilidad de esos a\u00f1os: la revoluci\u00f3n con las armas\u201d. Claro, y lo ha pensado tantas veces que ya no sabe cu\u00e1ndo se le ocurri\u00f3 por primera vez, tambi\u00e9n su padre dec\u00eda que \u00e1rbol que nace torcido&#8230;; sabia filosof\u00eda de vida que hac\u00eda comprensible que muchos de aquellos gamberros salvados por el Jefe de su triste destino de matones an\u00f3nimos, carne para el m\u00e1s burdo olvido hist\u00f3rico, cuando triunf\u00f3 la revoluci\u00f3n, se hab\u00edan adue\u00f1ado, sin m\u00e1s ni m\u00e1s, de las casonas m\u00e1s ricas de La Habana y comenzaron a practicar las mismas costumbres de esos ricachos sinverg\u00fcenzas contra los que ellos se hab\u00edan alzado en armas. Eso piensa ahora, las piernas estiradas y las botas subidas en la silla cercana, adonde ha ido a sentarse, luego de contemplar esas primeras luces que ya comienzan a iluminar la plaza.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 har\u00edan ahora, una vez muerto el Jefe, aquellos pandilleros reciclados en se\u00f1orones, a los cuales ni \u00e9l mismo hab\u00eda podido soportar por su tonta prepotencia, su rid\u00edcula arrogancia, durante todos aquellos a\u00f1os? No sabe. Por eso el futuro le parece, m\u00e1s que algo incierto, una marea neblinosa, brumosa, que se abre ante sus ojos y que ni siquiera ese sol triste que asoma sobre La Habana se atreve a descorrer. \u201cPor eso ha tardado tanto en amanecer hoy\u201d, dice, y vuelve a leer el papel: <em>Fidel ha muerto<\/em>, en voz alta, y de pronto, como en un viejo filme de aquellos que \u00e9l mismo ayud\u00f3 a grabar a principios de la revoluci\u00f3n, documentales que todav\u00eda se guardan en los archivos hist\u00f3ricos bajo la f\u00e9rrea mirada del eficiente de Tab\u00edo y donde aparecen Fidel y las multitudes, Fidel y miles de manos con fusiles alzados, Fidel y las plazas llenas de gente y algarab\u00eda y v\u00edtores y consignas FIDEL, APRIETA, QUE A CUBA SE RESPETA, FIDEL, SEGURO, A LOS YANQUIS DALE DURO, se le aparecen, en esa pantalla en que a veces se convierte su memoria, las im\u00e1genes de lo que ser\u00e1 el velorio.<\/p>\n<p>Cierra los ojos. No quiere pensar en eso. No quiere dejarse llevar por la corriente de esas im\u00e1genes que se agolpan y forcejean en la oscura madeja de sus pensamientos y abre los ojos y mira la luz afuera y siente el ruido de los carros en el aparcamiento y algunas palabras aisladas, ininteligibles, que llegan desde alg\u00fan sitio que no precisa. Y la m\u00fasica. De golpe, acompa\u00f1ada por el rugido creciente de los autos rompiendo la paz nocturnal de la plaza, le llegan acordes de una melod\u00eda que sabe conocida e intenta borrar los sonidos abriendo los ojos, pero descubre que de ning\u00fan modo podr\u00e1 quitar ese bullicio f\u00fanebre de su cabeza y otra vez aprieta los p\u00e1rpados, casi hasta el dolor, y se resigna a dejar que comience ese acto tan temido: el f\u00e9retro rodeado de los cojines cargados de medallas, distinciones, \u00f3rdenes, cruces y bandas, que resumen la gloria de ese hombre que parece dormido m\u00e1s all\u00e1 del cristal, siempre con una sonrisa de tranquila grandeza, siempre con su barba canosa bien peinada, siempre con sus espesas cejas tambi\u00e9n alisadas por las artes del maquillista que retoc\u00f3 el cad\u00e1ver, ya blancuzco, con cierto color rosado imitaci\u00f3n de la vida eterna que tendr\u00e1 despu\u00e9s de los funerales, cuando ese mismo cuerpo se embalsame y se coloque en la base del monumento, donde ahora mismo luce toda su marm\u00f3rea blancura un busto de Mart\u00ed.<\/p>\n<p>El sopor lo envuelve. Llena los pulmones del aire que de pronto le parece caliente y cargado de la oficina, como intentando escapar de las brumas que lo rodean, que lo transportan de golpe a un futuro que sabe ah\u00ed, esperando, agazapado detr\u00e1s de las horas que ya se le vuelcan encima, pero s\u00f3lo consigue que la garganta se le reseque y la piel se le erice, estremeci\u00e9ndolo de pies a cabeza en un rotundo y prolongado escalofr\u00edo. Sabe que la m\u00fasica no lo dejar\u00e1. Por eso odia los velorios. Por eso ni siquiera quiere saber de esos muchos muertos que vio en las monta\u00f1as de la Sierra, ni de aquellos de las tierras del \u00c1frica, ni de esos otros que ha visto cabeceando con el pecho destrozado por las r\u00e1fagas de los pelotones de fusilamientos en los muros de alguna prisi\u00f3n militar, en las depuraciones de los \u00faltimos a\u00f1os. Una m\u00fasica que lo envuelve y lo eleva y lo eleva y en segundos puede ver la plaza desde lo alto y las mujeres rompi\u00e9ndose las ropas y los himnos patri\u00f3ticos trepidando: \u201cMarchando, vamos hacia un ideal, sabiendo que hemos de triunfar\u201d y los ni\u00f1os uniformados llorando casi a gritos y los negros pidiendo a sus santos y sus muertos por primera vez en ritos p\u00fablicos en medio de la avenida que cruza frente al Mausoleo y bajando los esp\u00edritus a las cabezas de esas muchachas y esos j\u00f3venes y esos ni\u00f1os y esas viejas vestidas de blanco que se retuercen y gritan y hablan en lengua y gritan y caen al piso con los ojos en blanco, los brazos torcidos, la cara hecha un asco de babas y mocos y espuma y las trompetas llamando desde alg\u00fan sitio al silencio para los cambios de guardia junto al f\u00e9retro: soldados de plomo que se acercan, marciales, los pasos como de robot, marcando la marcha lenta, cadenciosamente, y los militares, con la gorra agarrada en mitad del pecho, mascullando algo bajito, lastimoso, alguna vez lacrimoso, ante el cristal que muestra la cara del Gran L\u00edder y las coronas en forma de bandera y las hermosas cintas de esas otras ofrendas florales enviadas por las embajadas de los pa\u00edses hermanos, entrando por un costado de la procesi\u00f3n en tanto avanza la ma\u00f1ana y van a cubrir toda una pared con el colorido l\u00fagubre y abigarrado de sus flores y la banda que mantiene esa letan\u00eda mortuoria que se esparce como una neblina h\u00fameda y pegajosa sobre la enorme fila de pueblo que espera por pasar ante el rostro del hombre al cual ha estado atada su vida por m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os y que duerme ah\u00ed, en ese blanqu\u00edsimo coj\u00edn, como de espuma, donde apoya la cabeza y parece sonre\u00edr, y esos altavoces repicando, como campanas, \u201cHa muerto Fidel ha muerto nuestro l\u00edder el pueblo debe estar hoy m\u00e1s unido que nunca el dolor nos embarga nuestro l\u00edder ha muerto como los grandes hombres\u201d y los gritos que llegan desde afuera \u00a1Ay, Fidel, ay, Fidel! \u00a1No nos dejes, Fidel! y los tambores sonando a duelo y las sirenas de las ambulancias abri\u00e9ndose paso entre la multitud agolpada frente a la inmensa estatua del Mart\u00ed pensativo que observa alg\u00fan rinc\u00f3n de la plaza, y los enfermeros \u201c\u00a1paso, paso!\u201d, con las camillas plegables hundiendo sus uniformes blanqu\u00edsimos en ese rinc\u00f3n del magma humano donde algunos viejos han decidido suicidarse a puro tiro de sus viejas pistolas ganadas por sus m\u00e9ritos en la lucha de la Sierra, los charcos de sangre que los m\u00e1s cercanos pisan y riegan sobre el polvo seco de la avenida, y la fila que crece y crece y se pierde en miles de cabecitas gachas por la esquina de Palacio hacia Boyeros y las oraciones del grupo de cristianos que han preferido arrodillarse frente a la escalinata del Teatro Nacional para pedir al Cristo Jes\u00fas Salvador por el alma de Fidel Castro Ruz, un enviado de Dios, un profeta, el \u00faltimo santo, y las sirenas de las f\u00e1bricas, de todas las f\u00e1bricas, cargando el aire de una estridencia sucia, sofocante, enfebrecida y un grupo de mujeres hal\u00e1ndose los pelos y gritando, posesas: \u201cAy, Dios, por qu\u00e9 el castigo\u201d, las ropas ra\u00eddas, hechas jirones de tela sucia de tanto revolcarse en el cemento seco, y el locutor de esa radio que vocifera por las bocinas del edificio inmenso del Ministerio de las Fuerzas Armadas, protegido de la turba llorosa por una doble cadena de soldados y carros de artiller\u00eda ligera: \u201cCuando se muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisi\u00f3n se rompe, empieza al fin, con el morir, la vida\u201d, y los vaticinios cantados del fin del mundo: \u201cEl Armaged\u00f3n, hermanos, pida perd\u00f3n a Jehov\u00e1, la tierra se abrir\u00e1, los fornicarios, los id\u00f3latras, los mentirosos, los infieles, los malditos, los que lamen las botas de Sat\u00e1n ser\u00e1n lanzados al fuego eterno del infierno, pero los puros, los limpios, los que han entregado sus vidas a Jehov\u00e1 ya est\u00e1n salvos y se sentar\u00e1n a su diestra en el goce eterno de la paz celestial. Entrega tu alma a Jehov\u00e1, hermano, hazte salvo. Ha muerto Fidel, el Mes\u00edas, la \u00faltima esperanza\u201d.<\/p>\n<p>La luz. Abre los ojos buscando la luz y siente que en el pecho el coraz\u00f3n quisiera reventarle las costillas, el pellejo y dispararse m\u00e1s all\u00e1 del verdeolivo de esa camisa que siempre ha lucido impecablemente limpia y planchada. \u201cVoy a tener que hablar con tu mujer, Facundo. Ni una arruguita en el uniforme. Ni yo puedo decir que me visten con tanta dedicaci\u00f3n\u201d, dec\u00eda Fidel y se dedicaba a observar la tela con detenimiento nada fingido, como buscando alg\u00fan perdido y rebelde pliegue, mir\u00e1ndose de cuando en cuando su propio uniforme, compar\u00e1ndolo, marcado en realidad con algunas arrugas que s\u00f3lo en aquellos momentos Facundo hab\u00eda notado: \u201cs\u00ed\u201d, pensaba, \u201cno hay mujer que planche mejor que mi Nora\u201d, y, para desviar la atenci\u00f3n a otro asunto, respond\u00eda: \u201cEs verdad, Jefe, pero con esta barriga que tengo no hay uniforme que me siente tan bien como a usted\u201d, y lo ve\u00eda sonre\u00edr, erguir el busto y mover la cabeza, como diciendo \u201cay, Facundo, ay, Facundo, no cambias\u201d.<\/p>\n<p>Eso desea. Hab\u00eda intentado creer que hay cosas imposibles, la muerte de Fidel entre ellas, y que quiz\u00e1s todo era una pesadilla, una broma pesad\u00edsima de alg\u00fan jodedor, una teatrada del Jefe para saber qu\u00e9 har\u00edan sus seguidores a su muerte, del mismo modo en que se hab\u00eda comentado que Ch\u00e1vez, ese jodedor venezolano del que conservaba una estilogr\u00e1fica que el mismo Hugo le regalara en su \u00faltima visita a Cuba, se hab\u00eda preparado el golpe para descubrir a sus verdaderos enemigos y arrasarlos. Lleg\u00f3 a pensar \u2015mientras romp\u00eda la oscuridad de las avenidas y las calles con los faros delanteros del auto, mientras la brisa fr\u00eda de la madrugada al salir del Lada y atravesar el aparcamiento rumbo a Palacio parec\u00eda cortarle la cara con cuchillas diminutas, microsc\u00f3picas\u2015 que cuando entrara a su oficina a preparar el d\u00eda: la rutina siempre distinta de proteger a alguien tan caprichoso, lo sentir\u00eda empujar la puerta y asomar la cabeza, a esa hora sin su inseparable gorra, \u201c\u00bfy c\u00f3mo amanecimos hoy, Facundo? \u00bfNo hay nada para m\u00ed?\u201d, para responderle, aliviado, casi euf\u00f3rico de que la muerte no fuera cierta, que s\u00ed, \u201choy Nora se esmer\u00f3, Jefe; me dijo que se lo hizo con un grano que ayer le mand\u00f3 su hermana de Oriente\u201d; y que disfrutar\u00eda vi\u00e9ndolo saborear el caf\u00e9, con ese olor a tierra mojada y hojas verdes, a viento serrano, que s\u00f3lo encontraba en el grano que bajaba de la mism\u00edsima Sierra Maestra, de all\u00ed, en la misma casa donde a los quince a\u00f1os se hab\u00eda robado a Nora para llevarla hasta el campamento militar, donde ofici\u00f3 de enfermera hasta el triunfo. \u201cSuerte que tu cu\u00f1ada prefiri\u00f3 quedarse all\u00e1 arriba, Facundo, se parece al que nos hac\u00eda la vieja en Bir\u00e1n cuando \u00e9ramos muchachos\u201d, dir\u00eda Fidel, igual que otras veces.<\/p>\n<p>Pero cuando Antonio coloc\u00f3 el papel sobre la mesa, ya redactado por el encargado de prensa; cuando ley\u00f3 <em>Fidel ha muerto<\/em> con toda la carga desoladora de aquellas palabras, supo que la pesadilla no era tal, que flotaba sobre todas las cosas, manch\u00e1ndolas, aneg\u00e1ndolas con la marisma pestilente de la inseguridad, y algo lo hizo caer en la butaca, relajar los m\u00fasculos del cuerpo y hasta la sangre, y sentir que deb\u00eda esperar, s\u00f3lo esperar, seguro de que ser\u00eda \u00e9sa la instrucci\u00f3n del Jefe si es que pudiera hablarle. No deb\u00eda fallar: era un soldado y esperar con calma, tener calma, respirar la calma para que otros puedan hacer normalmente sus vidas ha sido siempre su misi\u00f3n m\u00e1s heroica. Por eso cierra los ojos, respira hondamente el aire que otra vez siente fr\u00edo en la habitaci\u00f3n y se dispone a esperar. <em>Fidel ha muerto<\/em>, brinca la frase en su cerebro, inquieta, molest\u00edsima, disparada a los bordes del torbellino aciclonado en que se ha convertido su cabeza. <em>Fidel ha muerto<\/em>, repite en voz alta, como intentando liberarse de la carga que lo aturde, de tres palabras que lo aplastan, cuando siente que tocan a la puerta, tres golpes, secos pero bajos, tres golpes otra vez, urgidos golpes. \u201cAdelante\u201d, ordena. Y la puerta se abre.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Acaba de morir Fidel Castro y realmente lo \u00fanico que he sentido es una especie de&nbsp;D\u00e9j\u00e0 vu, porque justo estas circunstancias y lo que est\u00e1 pasando yo lo escrib\u00ed en mi novela Las palabras y los muertos, en 2005 y que se public\u00f3 en 2006 poco antes de que Fidel cediera el poder a Ra\u00fal. 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