Un tal por cual llamado Guillermo Vidal
Publicado por tonimedina | Publicado en Publicados anteriormente en amirvalle.com | Publicado el 12-06-2010
Artículo en español e inglés (a continuación del original en español), gracias a la traducción de la escritora y periodista Regina M. Anavy.
Empezar la primera entrega de una columna personal de un escritor hablando de otro escritor, es decir, de un supuesto rival (si seguimos esa absurda tendencia de entender la literatura como un «quítate tú, pa’ponerme yo»), es algo que, quienes así conciban el acto de escribir, pueden entender como un suicidio.
Pero sucede que Guillermo Vidal fue una de esas personas que pasan por el mundo sin creer que ha dejado enemigos, aunque los haya, pues no hay ser humano tocado por la genialidad que no haga sombra como para que siempre algunas almas mediocres se sientan agredidas. Así de miserable y de sucia es la condición humana.
Guillermo Vidal, en mi opinión y en la de muchos otros, uno de los más grandes novelistas que han existido en las letras cubanas de todos los tiempos, fue además un ser inolvidable, de esos para los cuales la muerte debía estar vedada, prohibida. Humilde, honesto, sencillo, hermano mayor y padre de sus amigos, fiel a ellos sin mirar las consecuencias, confesor de muchísimos que lo conocieron, desapegado totalmente de su gloria y de cualquier bien material que pudiera poseer, en fin de cuentas: sabio, consideraba que su mayor riqueza era haber conocido a Cristo y por ello, al sentido máximo del verdadero amor, que se encargó de regar como una semilla fertilísima entre su familia, sus amigos, e incluso entre esos seres sin nombre que día a día encontraba en su camino corto por la vida. La magnitud de su entierro en el pueblo de Las Tunas, su queridísima ciudad que jamás quiso abandonar como otros escritores que saltan a La Habana buscando mejores posibilidades, gravitará sobre la memoria colectiva durante muchos años: las calles estaban llenas de tuneros, el dolor se desprendía de todos los rostros que vieron pasar el cortejo fúnebre camino al cementerio, y las lágrimas no estaban solo en los ojos de los familiares y sus amigos y conocidos. «Las Tunas estará llorando a este hombre por muchos años», dijo un hermano en Cristo a la salida de la necrópolis. Leer el resto de esta entrada »


