El imperio del cinismo

Publicado por tonimedina | Publicado en Política cubana | Publicado el 09-11-2010

O las mentirillas estúpidas de un señor llamado Miguel Barnet.

 

Miguel Barnet Raul Castro Abel PrietoVII Congreso UNEAC

Miguel Barnet, Raul Castro y Abel Prieto en la clausura del VII Congreso de la UNEAC

Aquella noche del año 2008 en que un exiliado cubano se paró frente a Miguel Barnet en el Instituto Cervantes de Berlín, enseñó al público una fotocopia de un documento donde aparecía la firma del actual presidente de la Unión de Escritores de Cuba apoyando el fusilamiento de tres jóvenes cubanos que habían querido escapar de la isla y luego gritó: ¡Asesino!, sufrí eso que llaman “vergüenza ajena” porque la ofensa se lanzaba contra otro cubano, contra otro escritor. Sé bien (lo vi reflejado en sus caras) que algo parecido les sucedió al cineasta Fernando Pérez y al escritor Eliseo Alberto Diego (Lichy), que compartían con Barnet aquella mesa sobre cultura en Cuba. Ellos, Fernando y Lichy, se habían expresado como intelectuales de respeto, valorando mucho de lo blanco y negro y muchos de los otros matices de una nación convulsa, en crisis; pero Barnet había descendido, otra vez para vergüenza de muchos cubanos que estábamos allí, y había levantado una trinchera de consignas y eslóganes políticos vacíos que a la mayoría, como se oyó comentar, les pareció obsoleta y ridícula.

Meses después volví a encontrarme a aquel exiliado y lo vi venir hacia mí con la cabeza baja. “Disculpa aquello, compadre”, me dijo, “tú sabes que yo no soy así, pero no pude soportar tanto cinismo”. Le contesté esa vez algo que justo hasta ese instante yo no había descubierto: “es que yo también soy del gremio, compadre, y los escritores que se quedaron en Cuba después del 80, o los que nos hicimos escritores después de ese año, tuvimos que vivir en el imperio del cinismo, así que de muchos modos ya somos inmunes a todas las estupideces que dicen todos esos Barneses que existen en Cuba”.

Vi sonreír al exiliado cuando le dije que podía demostrarle que escritores de generaciones tan distintas como Barnet, Abel Prieto y Eliades Acosta Matos, a quienes yo conocí y sabía bien cómo pensaban en la realidad, parecían una misma persona hablando en tres entrevistas que les había hecho la prensa extranjera en los últimos tiempos. Y lo oí decir: “es triste, ¿no crees?”, porque él no concebía cómo gente de talento podía asumir discursos obsoletos, cargados de mentiras y recitar manipulaciones creadas por los políticos sin darse cuenta de que, al repetir como loros, perdían su credibilidad como intelectuales, como creadores y como seres humanos.

Tiempo después miles de cubanos en el exilio escuchamos asombrados una nueva epopeya del cinismo: Barnet aseguraba que en Cuba todo el mundo podía viajar, excepto los presos. Y nótese que hago hincapié en “cubanos en el exilio” porque en Cuba esas declaraciones apenas se conocieron y, cuando fueron atisbadas a hurtadillas en la internet por unos pocos, según cuentan amigos escritores en la isla, se le reclamó por tal disparate, dicho justamente en momentos en que dentro de la intelectualidad de la isla se luchaba por llevar a discusión a los altos niveles la eliminación del bochornoso permiso que estamos obligados a solicitar los cubanos para entrar o salir de nuestra propia tierra.

Pero Barnet, que ya el 28 de enero del 2011 cumplirá 71 añitos, quiere emular a su ídolo, el señor Fidel Castro (lo dice él mismo, no yo, que conste) y para ello echa mano a cierta dosis de chochera que resulta, además, conveniente para el mantenimiento de su status como representante de la cultura oficial cubana. Además del cinismo que ya en los tempranos años 70 despertó la atención de Reinaldo Arenas de modo suficiente como para endilgarle el mote de “Miguel Barniz”, no puede olvidar nadie que en la historia de los últimos cincuenta años de Cultura cubana, este señor, cuyo único libro aportativo es la transcripción de una entrevista a un negro esclavo (Cimarrón, 1966) es considerado, por todos sus colegas generacionales y por la mayoría de los escritores de las generaciones siguientes, el mayor oportunista de eso que llaman “política cultural de la Revolución”.

“Podría escribirse un libro de quinientas páginas con las historias que conocemos de las trastadas (usemos un eufemismo fino) que ha perpetrado Miguelito Barniz contra casi todos nosotros”, me dijo en su casa de La Habana el único escritor de la generación de Barnet que lo consideraba un infeliz digno de lástima. Pero a mí no se me olvidaba entonces, como no se me olvida hoy, que el único objetivo que Barnet tenía para cometer aquellas “trastadas” era ascender en la escala del poder cultural. Y he aquí otra marca personal de su cinismo: esas jugarretas sucias fueron cometidas contra muchos que forman parte de eso que hoy él llama “riqueza intrínseca e intelectual de la que nos sentimos orgullosos”, tal cual dijo en una reciente entrevista que concedió en Roma a la agencia EFE.

Allí le escuchamos decir también lindezas como que “en Cuba existe la libertad de expresión”. Con lo cual resulta que la huída de la isla de cientos de escritores cubanos desde 1960 hasta hoy es un cuento del enemigo y que escritores como Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Eugenio Florit, Severo Sarduy, Gastón Baquero, Lorenzo García Vega, Carlos Victoria (para citar a algunos de los clásicos), Abilio Estevez, Daína Chaviano, Rolando Sánchez Mejías, Antonio Orlando Rodríguez, Antonio José Ponte (para hablar de unos pocos de las generaciones solidificadas en los años 80) o los más jóvenes Michael Hernández Miranda, Osmany Oduardo (salidos de las más recientes promociones) se han ido de la isla porque, ya que pueden viajar cuando les venga en gana (otra vez según Barnet) tal vez han querido probar suerte en el mundo cultural de otras latitudes y no porque sus obras sufrieran censura o esas muchas otras maneras creadas por el gobierno cubano para coartar la libertad de expresión. El simple hecho de que en mi promoción éramos 52 escritores en los años 80 y hoy apenas quedan 7 en la isla, no significa nada para Barnet. Como tampoco significa nada que de la promoción que vino después de nosotros más de 30 vivan hoy en Miami, sin contar a los que se han exiliado en otros países.

En un acto de prestidigitación, Barnet grita que “Yo nunca he sido maniatado”. Y es risible sobre todo para aquellos que muchas veces, siempre en voz baja y donde no lo oyeran “orejas chismosas” (el adjetivo es suyo), lo escuchamos quejarse de esos años horrendos en que estuvo silenciado por su doble condición de homosexual y de escritor (portador, por ello, del pecado original de ser contrarrevolucionario según Ché Guevara).

Por si fuera poco, en sus palabras a EFE aseguró que Cuba “no es pobre, hay más pobreza en otros países de América Latina”. Y además de una ofensa al más mínimo sentido común (es decir, otra vez el cinismo puesto en marcha) eso nos obliga a pensar en si realmente cuando se sienta en su silla de delegado al Poder Popular o se reúne con las más altas instancias políticas del país en su condición de Presidente de la Unión de Escritores de Cuba, Miguel Barnet está poniendo atención a lo que se dice en esos lugares o si anda por el limbo de su propio ego, haciéndose estatuas y esculturas como Dios Superior de las Letras Cubanas (algo más que posible porque recuérdese que en Cuba le llaman “Mimí Yoyó” por su egocentrismo exacerbado). Y es que basta leer el último informe de la Asamblea Nacional del Poder Popular para darse cuenta de que, al fin y al menos, hasta los gobernantes reconocen la profunda crisis económica que vive Cuba comparada sólo con las crisis de Bolivia y Haití, los dos países más pobres de América en estos momentos (otra vez citando estadísticas “oficiales” que el “oficialista” Barnet debería conocer).

Prefiero callar cuando le escucho decir que todos los presos políticos que existen en Cuba “reciben beneficios de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos”, o que “muchos de ellos han continuado llevando a cabo acciones de agresión y sabotaje a la economía del país”. Si nos fijamos, son consignas lo que habla, frases creadas por el Gran Manipulador que rige los destinos de Barnet y sus seguidores. Más de lo mismo: denigrar del enemigo promoviendo la mentira que los descalifique.

Pero… y es bueno aclararlo, Barnet no representa nada en la Cultura cubana aunque tenga un rimbombante cargo. Y es que nadie cree en él desde hace mucho tiempo. Fueron muchos los mensajes que nos llegaron desde la isla a algunos escritores exiliados cuando un supuesto Congreso lo elegía Presidente: “No hay nada que hacer, querido Amir. Lo han puesto ahí porque necesitan una persona cuyo desprestigio moral e intelectual lo convierta en una pieza manipulable, fácilmente chantajeable, del juego que traman”, decía uno de aquellos mensajes enviado a mi correo personal por uno de esos escritores que ganó hace unos años el Premio Nacional de Literatura, es decir, un colega generacional de Barnet.

A nadie representa Barnet, repito. Lo digo para defender a una buena parte de la intelectualidad cubana de la isla, que ha protestado, que sigue protestando, que se resiste a seguir viviendo bajo la bota del imperio del cinismo, pero no encuentran modos de que sus voces se oigan y sus reclamos son acallados en la nada mediante esas muchas tácticas de silenciamiento que han perfeccionado tras cinco décadas de represión quienes detentan el poder político. En Cuba se sabe bien quién ha bajado la cabeza, como Barnet, y quién mantiene su frente alta, su conciencia limpia, aunque, por desgracia, fuera de la isla eso no se sepa y casi todos queden como cómplices de ese cinismo que Barnet defiende.

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